21 nov, CI.- Una exposición en una escuela de policía generó la destitución del director de la misma, un escándalo a nivel nacional y el pronunciamiento de dos embajadas. El asunto, lejos de ser únicamente un error y un despropósito en todo sentido, deja abiertas preguntas sobre la doctrina al interior de las fuerzas públicas y otras instituciones oficiales.

Por KDM*. De fondo suena la música tradicional de diciembre y algunas conversaciones indistinguibles. Mientras tanto, estudiantes de la Escuela de Policía “Simón Bolívar” de Tuluá (Valle del Cauca) acomodan banderas alemanas en las paredes, algunos globos y algo que más tarde llamaría la atención de todo el mundo: símbolos nazis como parte del evento.

El escenario se vuelve aún más irreal, ya que dentro de lo que después se conocería como una dinámica de la “semana de la internacionalización”, aparecen modelos replicados de tanques de guerra, misiles y aviones de combate. Y los expositores van acomodando réplicas distintivas sobre sus uniformes, que en su diseño artesanal son imitaciones distintivas de la ideología nazi alemana.

La exposición la vuelve escándalo porque resulta increíble que a las alturas del 2021 un cuerpo policial se identifique con las prácticas genocidas que caracterizaron a todo el poder nazi y en la actualidad caracterizan al neonazismo. Además, para cualquier persona es tremendamente ofensivo que, en el marco de las constantes denuncias por violaciones a Derechos Humanos que realiza la Policía colombiana, esa institución tenga el descaro de publicar realizar ese acto y publicar las imágenes del mismo como si nada.

Post borrado de la página oficial de la Policía Nacional de Colombia.

Las imágenes primero fueron publicadas en el sitio oficial de la policía y después bajadas a causa del escándalo nacional. Además, las embajadas de Alemania e Israel que rechazaron la publicación.

Pero ojo, esta actividad no debe ser mirada desde la inocencia de un simple “error”. Esta evidente declaración de principios está relacionada con otras cosas que vale la pena mencionar.

Jorge Ferney Bayona era el director de la Escuela de Policías de Tuluá hasta que fuera destituido por estos hechos. A ese cargo llegó con un doctorado en estudios políticos y un curso en mantenimiento para la paz, según información que se encuentra publicada en la página oficial de la Policía Nacional. Resulta muy curios que -a pesar de tal formación- haya aprobado, agendado, coordinado, aprobado, realizado y publicado imágenes de dicha “actividad pedagógica”, tal y como si estuviera esperando aplausos de sus superiores.

Este hecho pone sobre la mesa la cuestión sobre la formación misma de la fuerza pública, pues mientras los mandos ostentan títulos en, por ejemplo, mantenimiento de paz, en la realidad las actuaciones de la misma parecen responder más a la postura de la “revolución molecular disipada”.

No es nuevo, el propio expresidente Álvaro Uribe ha acudido a esta teoría para justificar los atropellos de la fuerza pública contra las personas que salieron a manifestarse en el Paro Nacional de este año. Para Uribe, en Colombia se estaba viviendo esa “revolución molecular” y por eso los militares debían salir a las calles.

Pero cuando Uribe lo dijo, hablaba de las personas que salieron al paro. Sin embargo, hoy sabemos que el neonazi chileno Alexis López, autor de dicha teoría, ha sido conferencista invitado en dos ocasiones a la Universidad Militar Nueva Granada para contarles a las y los estudiantes cómo es que se hace la cosa.

López defiende que las manifestaciones sociales son una suerte de estrategia para tomar el control político y que por tanto deben ser tratadas militarmente. Esto ya sucedió en Tuluá, pues un estudiante fue asesinado por agresiones policiales en el marco del Paro. Y en el Valle del Cauca, donde la policía salió a proteger a personas armadas que dispararon contra manifestantes en múltiples ocasiones y todavía hay personas desaparecidas y asesinatos, violaciones y torturas sin resolver.

La exposición de la Alemania Nazi ya fue rechazada por la Policía, sus altos mandos y hasta el mismo Iván Duque en la previsible ronda mediática para tratar de lavar su imagen. Sin embargo, el modelo de autoridad presente en la fuerza pública colombiana habla más de un modelo efectivamente nazi y fascista, que desconoce los Derechos Humanos.

Lo irracional de la música de Pastor López al fondo, los aviones en papel maché, las banderitas nazis colgadas en las paredes o los disfraces que artesanalmente imitaban a Adolf Hitler; debe ser visto desde la preocupación acerca de la fuerza pública y, sobre todo, la necesidad de una reforma integral de la Policía.

Puede leer: Reformar la Policía, ¿misión posible?

*KDM es politólogo y colaborador de Colombia Informa en Bogotá.

CI KDM/PC/21/11/2021/10:00