14 abr. CI.- Primera parte de la entrevista que realizó Colombia Informa a la profesora Mónica Godoy, quien junto a otras mujeres se han enfrentado a las llamadas “Vacas sagradas” en las universidades. Sus denuncias han puesto en evidencia a renombrados docentes como Fabián Sanabria, Gerardo Ardila, Hans-Peter Knudsen Quevedo, Oswaldo Ordóñez o a periodistas como Hollman Morris.

Mónica Godoy es antropóloga con maestría en estudios de género y desde hace varios años trabaja en defensa de los derechos humanos de las mujeres, además realiza el acompañamiento a las víctimas de acoso sexual en las instituciones de educación superior.

Colombia Informa: ¿Usted cómo analiza todo este movimiento de las mujeres contra el acoso que existe en la actualidad?

Mónica Godoy: El acoso es solamente la parte más visible de una lucha por la distribución del poder. No es solamente una lucha para que las niñas y mujeres puedan habitar espacios libres de violencia sexual, sino para que la desigualdad que sufrimos las mujeres se termine.

No solo es la lucha contra el acoso, sino que es una lucha por la equidad de género y por la reivindicación de las mujeres como seres humanos.

CI: ¿Por qué es tan importante esa lucha en las universidades?

MG: Allí se forman los jueces, las juezas, los médicos, las médicas, la gente que va a operar las instituciones del Estado. Dentro de la universidad debe haber un cambio profundo de los grupos patriarcales que hay para formar a la gente. Hay carreras en que no se leen la producción artística, académica, literaria de las mujeres.

La sociología, la antropología, todo se enseña desde una perspectiva androcéntrica, es decir, centrada en lo que los hombres han pensado, en la filosofía de los hombres. Creo que es momento que eso cambie, precisamente porque la violencia de género está basada en un desconocimiento del valor del pensamiento y de la vida de las mujeres.

Si queremos transformar eso, tenemos que transformar la escuela. Hay que transformar los currículos, la forma como enseñamos, la exclusión de las mujeres de los puestos de poder. Tiene que haber una redistribución del poder, del prestigio y de los recursos donde haya una participación plena de las mujeres.

Los medios de comunicación son muy importantes para no reproducir estereotipos sexistas que aún lo hacen. El cubrimiento de las noticias frente a la violencia contra las mujeres tiene que hacerse de mejor manera, porque lo que están haciendo es fomentando un cubrimiento desde el espectáculo como si fuera una novela y esto lo que hace es desinformar a la gente. No le dan herramientas para entender por qué suceden estás violencias.

Hay que cambiarlo todo y un buen lugar para empezar es la escuela y los medios de comunicación porque producen cultura y reproducen desigualdades de género, estereotipos sexistas y misóginos. Un ejemplo de esto fue el cubrimiento del feminicidio de Valentina Trespalacios, que termino siendo cubierto como si fuera un espectáculo, donde el juicio moral hacia la vida sexual de Valentina, fue usado como un justificante para su asesinato.

CI: ¿Cuáles son sus visiones para superar esas formas de violencia, de acoso, de feminicidio y demás contra las mujeres?

MG: No creo que tenga una sola visión frente a la transformación social. Siento que es un problema que no es fácil de resolver, sino contamos con mujeres en cargos de poder que estén jalando políticas públicas de inclusión, sin embargo, eso no es suficiente.

Podemos tener ley de cuotas, pero vemos que esa ley es utilizada para colocar mujeres como títeres de los hombres poderosos dentro de los partidos. Entonces, no son mujeres autónomas que puedan ejercer una visión y una participación política independiente.

Pienso que se necesita que haya mujeres en todos los frentes, escenarios, instituciones, cargos, pero que tengan una visión feminista, no solo de romper el techo de cristal.  Es decir, que lleguen mujeres a cargos de poder que trabajen por una agenda de igualdad y de equidad para las mujeres y las niñas, en colectivo.

Es cierto que tenemos leyes, políticas, sentencias de la corte constitucional que protegen los derechos de las mujeres y las niñas, pero esas leyes no son convertidas en una realidad en el sentido de poder disfrutar de derechos económicos, sociales y culturales para las mujeres y las niñas en zonas rurales. En lugares donde no hay presencia social del Estado.

Tenemos todavía mucho que hacer allí. No solamente políticas públicas, sino frente a la inclusión de las niñas y de las mujeres. A escuchar lo que ellas necesitan, a trabajar por sus necesidades y allí hay todavía un camino pendiente.

Denuncias contra acosadores en las universidades

MG: Es un movimiento social legítimo. Causa incomodidad, miedo y rechazo en la comunidad que un hombre pueda ser expuesto públicamente como un presunto violador o acosador. Pero lo que está sucediendo es que por fin se está hablando de las violencias sexuales de las cuales antes no se hablaba.

La violencia sexual ha existido siempre, pero era un secreto dentro de la familia o dentro de la escuela, o era algo de lo que hablaban las mujeres en su círculo más cercano, y era un estigma para ellas porque se sentían culpables de esa violencia que habían sufrido. Ahora hay un cambio importante, eso dejó de ser un asunto del que se habla en secreto y se discute públicamente.

Es doloroso, es incómodo, da miedo, pero es crucial que se sepa lo que está pasando y lo que las mujeres están viviendo en la escuela, en la casa, en la iglesia, en el partido político, en la comunidad. Que no lo asumamos como un problema de la vida privada porque no lo es. Es un problema de salud pública. Tenemos unas cifras de violencia sexual contra niñas menores de 10 y 14 años que son alarmantes, porque son las principales víctimas de violencia sexual.

No es posible que haya miles de víctimas de violencia sexual y nadie conozca a un agresor sexual y que todo el mundo esté dispuesto a meter las manos al fuego por su compañero, por el profesor, por el sacerdote o por el que sea, porque son muy buenas personas y son muy buenos padres.

¿Entonces de dónde salen todas esas víctimas? Las víctimas salen de personas que pueden ser muy buenos profesionales, que pueden ser muy buenas personas, que pueden ser muy buenos esposos, muy buenos padres, pero también son agresores sexuales.

Nos toca empezar a perder la vergüenza. La Corte Constitucional ha apoyado el escrache bajo el derecho a la libertad de expresión de las víctimas de violencia sexual y de género y lo ha protegido por encima del derecho al buen nombre, a la honra. Eso es importante.

No significa que ellos no tengan derecho a su buen nombre, significa que es un problema público que hay que leer desde una perspectiva de género. Si las niñas están diciendo esto está pasando, no es una cosa que se inventen. La gente no se levanta a decir que fue violada porque sí.

Por supuesto que hay denuncias falsas, pero son un porcentaje mínimo dentro de las denuncias por violencia sexual. Pero en principio, lo que hay que hacer es creer a las víctimas y activar el mecanismo de denuncia para que ellas puedan estar seguras.

Protestas el 8 de marzo contra los feminicidios y las violencias basadas en género: «Vivas y sin miedo nos queremos»

CI: ¿Cómo analizan ustedes algunas críticas que han realizado al escrache por las afectaciones que puedan generar contra las personas que denuncian?

MG: No hay acción política sin costo, eso es cierto. Pero callarse y guardar silencio frente a una agresión sexual, también tiene costo, como es tener que vivir solas ese dolor y a veces no tener el apoyo para poder pedir justicia y durar durante muchos años calladas.

Toda acción política tiene costos, por supuesto que hablar públicamente tiene costos, puedes terminar siendo demandada –Como es mi caso-, en procesos penales o con tutelas, pero hemos ganado todas las acciones. Lo importante es que no se estés sola, que si vas a hacer una denuncia pública, te asesores jurídicamente, cuentes con el acompañamiento de una organización feminista que conozca las leyes, que pueda protegerte si hay alguna reacción adversa, pero hablar es un derecho y si decides hacerlo, pues que cuentes con el acompañamiento para hacerlo.

No es posible que las mujeres hayan callado durante siglos y ahora que están empezando a hablar, tratan de callarlas y decirles que así no, que “esas no son formas”. Y lo que no son formas es que profesores estén violando a niñas en colegios o seduciéndolas, haciéndoles pensar que tienen una relación con ellas y aprovechándose de su lugar de poder. Tenemos que hablar de eso, así sea incómodo o cause miedo.

Fabían Sanabria fue denunciado por presunto abuso sexual contra varios estudiantes Foto API

CI: ¿Cómo va el proceso contra usted, tras las denuncias que le hizo a Fabián Sanabria?

MG: Yo tengo varias demandas. Tengo una demanda por injuria y calumnia del profesor Sanabria, tengo otra demanda por injuria y calumnia del profesor Gerardo Ardila que es del mismo proceso, y tengo una demanda de otra persona que fue despedida de su trabajo en un proceso en el que yo participé acompañando por acoso laboral y los jefes de ese sitio decidieron despedirlo porque tenían pruebas razonables de que el acoso laboral había sucedido. Ese señor sale y me demanda por injuria y calumnia.

Esos son tres procesos penales que tengo abiertos. Tenía abierta la tutela en mi contra que había fallado dos veces en contra mía y ganamos en la Corte Constitucional.

Esos tres procesos siguen abiertos. Pueden imputarme cargos en cualquier momento, pero yo tengo todo eso sustentado en el sentido en que yo no estoy diciendo nada que sea falso.

Lo que yo he señalado es que el profesor Sanabria ha sido denunciado por cuatro personas –hombres distintos-, que no se conocen entre sí, de haber vivido conductas de parte de él, comportamientos sexuales inapropiados presuntamente, cometidos por él y eso es un hecho.

Que lo que ellos narran sea verdadero o falso no es mi papel, yo no soy una jueza. Quien tiene que determinar eso, son los jueces. Ahora, si me preguntan que si yo les creo a ellos, pues por supuesto que yo les creo, porque con quien hablaron fue conmigo, quien los conoce soy yo, quien sabe que no se conocen entre ellos, soy yo.  Quien puede probar que ellos no se conocían entre sí soy yo, que sus relatos coinciden soy yo. Pasar eso por injuria y calumnia ¿Cómo? Si esos son hechos comprobables.

La Fiscal me cito el año antepasado a un proceso de conciliación tanto con Gerardo Ardila como con Fabián Sanabria (Es la misma Fiscal la que lleva los dos casos) y yo decidí no conciliar, sino que siguiera adelante el proceso penal. Yo no tengo nada que conciliar ¿Qué voy a decir? ¿Qué esa gente no existe? ¿Qué son mentiras? ¿Qué me las inventé? Ahí están, fueron a la veeduría y pusieron sus denuncias con nombre propio, con cédula de ciudadanía. ¿Dónde está la injuria? ¿Dónde está la calumnia?

Mónica Godoy: «No es posible que las mujeres hayan callado durante siglos y ahora que están empezando a hablar, tratan de callarlas» Imagen Banrepcultural

CI: El escrache es una sanción social debido a que no existe justicia para las víctimas. ¿Esa sanción hasta cuándo va?

MG: Yo creo que no debe ser para siempre, desde mi punto de vista. Esa sanción debe ser proporcional al tipo de falta y sobre todo al proceso que esta persona haga para aceptar su responsabilidad de los hechos.

Es decir, en el proceso de la Universidad Nacional tuvimos diferentes experiencias. Hubo un profesor que aceptó que pudo haber ofendido a esas personas, hizo una carta de disculpas. Las víctimas recibieron la disculpa, la aceptaron y eso termino allí.

¿De qué depende que la cosa no se alargue? Que una persona acusada no le siga sumando equivocación tras equivocación. Fabián Sanabria siguió sumándole equivocaciones a las acusaciones, haciendo un ejercicio de persecución, de hostigamiento judicial, de ciberacoso con este grupo de personas que pertenecen a un grupo específico de Colombia Humana, de persecución, de estigmatización, de mucha violencia en mi contra, violencia misógina para intentar acallarme y de paso acallar a las víctimas.

Si se observa, los otros profesores –incluso Gerardo Ardila-, que también me denuncio por injuria y calumnia, decidió callarse. Decidió dejarlo así y la cosa pasó. Hubo otros profesores que ni siquiera hablaron y ahí están en sus procesos disciplinarios y siguen dando clases sin problema.

¿Dónde está la diferencia? En la forma como reaccionan frente a eso. Si reaccionan con más violencia, la sanción social se les va a incrementar, porque demuestran lo violentos que son. Que es lo que termina pasando. Dicen: “Yo no soy violento”, pero persiguen, hostigan, señalan. Lo que terminan haciendo es que demuestran que son violentos y misóginos.

Ahora, si hay un proceso de reparación del daño, de aceptación de la responsabilidad, de compromiso, de no repetición, eso podría pasar. Las víctimas no quieren llevar a la gente a la cárcel. No hay una sola víctima de los procesos nuestros que quiera ver a una de estas personas en la cárcel. Ninguna. Lo que quieren es que se disculpen y paren de hacer esto.

CI FC/14/04/2023/10:00