Juliana Rivera Vera*.- ¿Para quién es el espacio público en el «Distrito Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación»? ¿Qué está pasando con las economías populares en Medellín?

El despojo en Medellín no puede entenderse como algo emergente, novedoso o atípico. Es la estrategia de consolidación de un modelo de ciudad que prioriza la acumulación para unos pocos por encima del bienestar social.

Promueve la especulación inmobiliaria en lugar de pensar y ejecutar soluciones reales a la crisis urbana, y que funciona bajo las lógicas de la rentabilidad desde las cuales el espacio público se desesencializa y se vende al mejor postor.

La zona de Carabobo Norte, en la ciudad de Medellín, ubicada entre el Centro Comercial Bosque Plaza y el Jardín Botánico, ha sido durante años habitada por las y los trabajadores de Asocarabobo.

Además, se encuentra cerca de reconocidos lugares en el norte del hoy, «Distrito Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación» como Ruta N, el Parque Explora, el Planetario, la Universidad de Antioquia y el Parque de la Resistencia.

Este espacio público de la ciudad fue, hasta 2022, señalado como peligroso, sucio, casi inhabitable y poco transitado, pues generaba una profunda sensación de inseguridad a todo aquel o aquella que pasara por esas calles en horas de la tarde y la noche.

Incluso habitantes del sector señalan que preferían optar por otras rutas, por caminos alternos o caminatas más largas para evitar el paso por aquel lugar.

Economías populares y recuperación popular del espacio público

Desde la llegada de Asocarabobo, una asociación de trabajadores y trabajadoras de las economías populares, particularmente artesanas, artesanos, productores, productoras, venteros y venteras, tuvo lugar una evidente transformación en esta zona, un claro ejemplo de lo que algunas estudiosas y estudiosos del tema denominan “Institucionalidad Popular”.

Este término se refiere a formas de organización popular que, en ejercicio del derecho a la ciudad, construyen dinámicas territoriales autónomas, ya que generan procesos de legitimidad de manera sostenida y con ello, transformaciones en un sector que parecía impenetrable y no visto por la institucionalidad local.

Lo anterior incluye figuras de liderazgo legitimadas por la comunidad, acuerdos y normas propias, como reglas de convivencia y mecanismos de resolución de conflictos, formas intencionadas de interlocución y ejercicios de acción colectiva, desde la capacidad de movilizarse para defender el territorio y gestionarlo colectivamente.

Asocarabobo, a su vez, entabló espacios de interlocución con la Alcaldía de Medellín y siempre ha estado en total disposición de diálogo.

Este es un hecho reconocido por vecinos, vecinas y habitantes del sector, estudiantes, investigadores, investigadoras, organizaciones sociales, visitantes e incluso por la institucionalidad distrital.

Trabajadores y trabajadoras ambulantes en protesta en junio de 2025 en Medellín

Economía popular

Se trata de una experiencia significativa de recuperación del espacio público y de dignificación de la vida de las y los trabajadores de las economías populares allí asentados.

Estos, además, reconocen en la colectividad y en los procesos de organización dentro de este sector un potencial transformador, pues el sector del denominado “trabajo informal” representó en Colombia un 55,0% de la población ocupada para el trimestre entre abril y junio de 2025, según el DANE. — Sin tener en cuenta los subregistros que existen en un sector cuya caracterización es tan incipiente —.

Por ello asociaciones como Asocarabobo se refieren a su trabajo no como “trabajo informal”, sino como economía popular, pues no se trata de un trabajo de tránsito, de emergencia o de un quehacer para la subsistencia.

A partir de este se fraguan procesos de dignificación de la vida y de organización popular que no se encuentran exentos de contradicciones y complejidades; pese a haber estado históricamente desprovistos de garantías sociales, emergen frente a la desestructuración neoliberal del mundo laboral asalariado como modelo capaz de incluir a las masas en su mayoría urbanas y suburbanas.

El Metro de Medellín calla y desaloja

A pesar de estas cifras y de los avances en materia de política social como la política pública de venteros informales adoptada mediante el Acuerdo 42 de 2014 y reglamentada en el Decreto 202 de 2022, hoy en distintas zonas de Medellín se vive un agudo proceso de estigmatización y criminalización del trabajo de las economías populares.

Esto va desde incautaciones reiteradas e injustificadas de mercancía, la consideración de que su presencia “afea” y/o hace peligroso un lugar, múltiples abusos de autoridad por parte de la fuerza pública y la Secretaría de Seguridad y Convivencia hasta procesos de desalojo, y con ello la vulneración de su derecho fundamental al mínimo vital.

Este último puede ser el caso de Asocarabobo, cuya continuidad en la zona hoy se pone en duda por el Proyecto de Gestión Urbana promovido por el Metro de Medellín. Un proyecto que no contempla a Asocarabobo como actor colectivo en el territorio y que pretende, en beneficio de actores privados, apoderarse de un espacio que, como se señaló antes, fue recuperado popularmente.

Inicialmente, en agosto de 2024 el Metro de Medellín planteó a Asocarabobo la posibilidad de construir cubículos de trabajo tras la realización de una caracterización socioeconómica; meses después negó lo dicho en mesas de diálogo.

Lo poco que se conoce del proyecto

Sobre este proyecto se sabe poco o nada, pese a los reiterados intentos de la Asociación y de organizaciones como Ciudad en Movimiento por indagar y encontrar respuestas concretas.

No se conocen fechas, fases de realización, planos o presupuesto, entre otros elementos centrales en un Proyecto de Gestión Urbana del Metro.

Pese a ello, el personal del Metro anunció fechas de inicio de tal proyecto y en múltiples ocasiones señaló que se necesita “el espacio limpio para iniciar”, aunque no cuentan con licencia de construcción aprobada, estudios previos. Menos aún contrataciones en curso.

Mientras tanto, la alternativa planteada a Asocarabobo desde la Subsecretaría de Espacio Público —adscrita a la Secretaría de Seguridad— es emprender un proceso de reubicación, sin la garantía de que esta se dé en una zona apta para la realización de su trabajo, y un tránsito de estacionaridad1 a semiestacionaridad2 que implicaría la renuncia a un puesto fijo. Es decir, cargar toda su mercancía al inicio y al final de la jornada, en detrimento de sus condiciones de trabajo.

  1. Se refiere a “aquellos que ofrecen sus bienes en espacios de uso público fijos o previamente definidos por la respectiva autoridad municipal, en el amoblamiento requerido “(Acuerdo 42 de 2014, Art. 3).

  2. Se entiende como “aquellos que realizan su labor en espacio de uso público, por horas o tiempos determinados, en lugares específicos, que son modificados a discreción de la autoridad competente” (Acuerdo 42 de 2014, Art. 3).

Todo ello, sin claridades de cómo se efectuará este proceso, con cuáles garantías contará ni consideración de las condiciones etarias y médicas que les imposibilitan la realización cotidiana de los desplazamientos que suponen las ventas semiestacionarias. Ni Asocarabobo ni la Subsecretaría antes mencionada cuentan con los detalles del proyecto anunciado.

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Metro de Medellín oculta información

Adicionalmente, funcionarios del Metro de Medellín llamaron a los números personales en busca de respuestas. Realizaron visitas sin previo aviso y sin realizar aclaraciones sobre los objetivos de tales visitas.

Aluden en estas “visitas” a la existencia de fechas del cierre para dar inicio al proyecto; primero enfatizaron que sería el 12 de septiembre y luego que sería el 28 de septiembre del año en curso. Todo ello sin ninguna formalidad de por medio.

No sería la primera vez que el Metro de Medellín oculta información y actúa como un inversor privado más. Así lo evidencia el caso de los afectados y afectadas por el Metro Ligero de la 80 o la desaparición del barrio San Luis, ubicado en el centro de la ciudad, que da cuenta de las detonaciones para la construcción del Tranvía de Ayacucho.

De modo que el despojo en Medellín no puede entenderse como algo emergente, novedoso o atípico. Es una de las estrategias de consolidación de un modelo de ciudad que prioriza la acumulación para unos pocos por encima del bienestar social.

Favorece la especulación inmobiliaria en lugar de pensar y ejecutar soluciones reales a la crisis urbana y que funciona bajo lógicas de rentabilidad desde las cuales el espacio público se desesencializa y se vende al mejor postor.

¡Articulación y lucha!

Las economías populares en Medellín se resisten a ser borradas, a no ser tenidas en cuenta en la construcción de la ciudad, a ser expulsadas de los lugares que han dignificado; se niegan a ser criminalizadas, ignoradas y tratadas como trabajadores y trabajadoras de segunda categoría.

Asocarabobo hace parte del caudal de transformaciones que, desde hace décadas, construyen las clases populares en Medellín, las mismas que han hecho con sus manos la ciudad.

Es además una de las 35 organizaciones y colectividades que hacen parte del Encuentro de Territorios de Valle de Aburrá, un ejercicio de articulación del movimiento popular que busca juntarse más allá de la denuncia. Parten de la comprensión de que las propuestas desde la administración distrital han resultado históricamente insuficientes para consolidar soluciones integrales.

Para ello se precisa la organización y el fortalecimiento de un espacio como este abanderado por un movimiento popular riguroso, que también se cualificó y tecnificó para responder a los silencios institucionales y a una crisis que tiene muchos rostros.

La Cumbre Nacional Popular

El Encuentro de Territorios de Valle de Aburrá, a su vez hace parte de la Cumbre Nacional Popular que se preguntará: ¿La ciudad para quién? Este encuentro se realizará los días 27, 28 y 29 de septiembre en la ciudad de Bogotá.

Participarán distintas expresiones del movimiento popular a nivel nacional que, como en el Valle de Aburrá, se juntaron desde inicios de 2025 en contra de las múltiples formas de despojo en las ciudades.

Buscan propuestas y respuestas concretas para la vida digna en una ciudad que desde hace décadas es mercantilizada, encarecida y genera procesos de exclusión, de acumulación por desposesión y, en suma, fue planeada para el goce de otros, de unos pocos.

La pasividad nunca ha sido la forma de estar en el mundo del movimiento popular que, ante el despojo, grita con fuerza: ¡articulación y lucha!

*Juliana Rivera Vera es politóloga, educadora popular en la Escuela de Formación Política Marta Cecilia Yepes e integrante del sector de economías populares de la organización Ciudad en Movimiento.

CI JR/FC/18/09/2025/12:00