CI.- Edwin Antonio Vélez, presidente de la Corporación Rural y estudiante de sociología, es oriundo de El Águila, un municipio enclavado en el norte del Valle del Cauca. Desde allí, atendió a Colombia Informa para relatar la crítica situación que atraviesa su comunidad tras el terremoto del pasado 10 de agosto.

Esta localidad figura entre las más golpeadas por el sismo de magnitud 7,4 que sacudió el occidente colombiano, pues se ubica a solo 27 kilómetros de San José del Palmar (Chocó), el principal epicentro. El movimiento telúrico afectó gravemente a miles de personas en los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Risaralda y Caldas.

El Águila y San José del Palmar no solo comparten una vecindad geográfica en la cordillera Occidental. La única carretera que los conecta, además de estar en pésimo estado, es un lazo vital: el municipio vallecaucano se ha convertido en el principal centro de abastecimiento y nexo para su vecino chocoano. La tragedia, por tanto, los une más allá del mapa; los hermana una relación histórica y afectiva.

Vélez explica que, junto a otros jóvenes de la región, logró consolidar el proceso organizativo de la Corporación Rural. En esta agrupación confluyen diversas lideresas y líderes de territorios campesinos, cuyas formas de vida y cosmovisión rural dependen de dinámicas propias y ancestrales.

El dirigente social narra que El Águila es un pueblo joven, cuya expansión agraria fue fruto de las oleadas migratorias antioqueñas de finales del siglo XIX y principios del XX. “En él se encuentran los sueños y las aspiraciones de muchos antioqueños que huían de la violencia, la pobreza y los estragos de la Guerra de los Mil Días. Llegaron a colonizar estas tierras del norte del Valle”, rememora.

Una de las particularidades culturales de la zona es su acento y sus costumbres, que contrastan con el resto del departamento. Mientras el Valle del Cauca goza de un clima cálido, esta región es montañosa y escarpada, lo que añade una capa más de diversidad a su territorio.

“Como proceso de jóvenes, hemos sentido la vocación y la necesidad de aportar a nuestras comunidades. Más que imponer pedagogías o reformar sus lógicas de vida, nos preguntamos cómo acompañarlas y cómo reexistir en la historia”, afirma.

Colombia Informa: ¿Qué impacto tuvo este terremoto en la población de El Águila?

Edwin Antonio Vélez: El movimiento nos sacudió con fuerza y nos puso en estado de alarma. También desencadenó fenómenos sociales ligados al pánico colectivo y al inconsciente, al ver cómo se resquebraja esa proyección de futuro que teníamos como comunidad. La crisis ha sido intensa: desordena la vida social, paraliza la economía, detiene el aprendizaje y afecta profundamente la salud psicológica de la gente.

La capacidad institucional es muy limitada. Nuestro municipio es de sexta categoría, por lo que los recursos estatales son mínimos frente a las enormes necesidades de este territorio de montaña, ubicado en la falda de la cordillera Occidental, cerca del Parque Nacional Natural Tatamá.

Somos casi 10 mil habitantes. Las mayores afectaciones estructurales se concentraron en los cascos urbanos, pero también hay dos corregimientos –Villanueva y La María– y más de 32 veredas en una zona rural extensa y dispersa.

CI: ¿Cómo se organizaron para enfrentar esta tragedia y distribuir las ayudas?

Edwin Antonio Vélez: Gracias a los distintos liderazgos y a la coordinación que logramos, pudimos articular un ejercicio logístico para canalizar toda la ayuda humanitaria. Lo venimos haciendo desde la Corporación, con nuestro equipo, nuestra red de apoyo y con los líderes y lideresas del territorio, para direccionar los recursos y suplir, en parte, las carencias de las instituciones.

Reconocemos que el hospital, la alcaldía, las empresas de aseo y los bomberos están desbordados; doblan turnos y trabajan más de doce horas para gestionar el centro de acopio y la distribución. Nosotros, desde los liderazgos, también captamos lo que nuestra red nos permite. Creo que esa es la clave para que las organizaciones territoriales perduren y no se derrumben.

CI: ¿Qué desafíos han enfrentado en ese proceso organizativo?

Edwin Antonio Vélez: El ejercicio organizativo es complejo en lo burocrático y jurídico, sobre todo en materia tributaria y ante la DIAN. Hace falta analizar los factores que enfrentan las comunidades campesinas, donde el analfabetismo es alto. Muchas personas que integran las juntas de acción comunal no cuentan con los conocimientos necesarios para los trámites, lo que ha impedido la creación de otras asociaciones.

CI: ¿Cómo califica la respuesta del Estado colombiano, en medio de la desidia e incapacidad que se perciben?

Edwin Antonio Vélez: En mi opinión, esto evidencia la falta de preparación de las instituciones. Nadie estaba listo para una crisis de esta magnitud. Faltan gestiones previas de las alcaldías y del gobierno, y eso ha llevado a una situación donde parece normal que nadie sepa cómo reaccionar. Además, proliferan los egos políticos, los intereses y las disputas de poder, en medio del agotamiento y la incertidumbre.

No obstante, en El Águila han surgido relaciones de solidaridad que dejan de lado las divisiones, porque cada minuto cuenta. A corto plazo, mitigamos la crisis, pero la recuperación tomará años. Se necesitan muchas gestiones y recursos para que este municipio no caiga en el olvido. Hoy, más del 90 % de la población vive en pobreza, la riqueza está concentrada en unas pocas manos y el conflicto armado agrava la situación. Lo que intentamos es que el pueblo pueda salvarse.

CI: ¿Por qué cree que las organizaciones sociales y los liderazgos lograron responder tan rápido y de manera eficaz?

Edwin Antonio Vélez: Porque conocemos el territorio y a la comunidad; hemos caminado con la gente. Eso permitió que la ayuda fluyera con efectividad. En nuestro caso, el respaldo de la Corporación Casa Latente ha sido fundamental, y la gente nos conoce de toda la vida.

Además, no somos una organización funcionalista, sino que construimos amistades y lazos profundos. Eso genera asertividad y el valor humano de saber que uno está bien cuando el otro también lo está. Ese sentido de solidaridad guía nuestra acción, pero también sabemos articularnos con las instituciones para evitar duplicar esfuerzos y llegar a las zonas más olvidadas, incluso aquellas donde la violencia y el conflicto armado dificultan el acceso.

CI: ¿Qué podría ocurrir si no se hace lo que se debe hacer?

Edwin Antonio Vélez: El peor escenario es la pérdida de la comunidad, de sus condiciones materiales de existencia, y la emigración forzada de su población. Le tememos a eso. Las representaciones políticas son difusas y todo se politiza con fines particulares. Persisten las relaciones de dominación y lucha de clases. Me pregunto qué pasará con los recursos internacionales, créditos y donaciones; el fatalismo es que no lleguen a su destino.

En lo departamental, la política vallecaucana es compleja con la gobernadora actual. En lo local, hay disputas por el poder, aunque también veo a funcionarios trabajando día y noche, lo que empieza a difuminar esas diferencias.

CI: ¿Cómo analiza la respuesta de la comunidad y de la población en general para ayudar y apoyar?

Edwin Antonio Vélez: Siento mucha esperanza. La gente me da esperanza: mis amigos, mi familia, y todos los que voy conociendo. Se habla de que no hay conciencia de clase, pero ver a la gente llegar a zonas peligrosas, a la ruralidad, y darle un juguete o un mercado a un niño, es conmovedor. Los niños entienden la gravedad de la situación y valoran cualquier ayuda como un gran regalo. Eso genera esperanza y me hace creer que sí es posible transformar las dinámicas locales, nacionales y hasta mundiales. Nos lleva a repensar cómo estamos escribiendo la historia y qué debemos hacer para cambiarla.

CI FC/24/08/2026/12:00