CI.- Flor Yolanda Moreno Díaz es poeta, tejedora y cofundadora de la Casa de Arte y Vida. En diálogo con Colombia Informa, habla sobre su vida, su arte y su visión de un mundo que considera “deshumanizado”.

Colombia Informa: Vemos que tiene muchos libros y una gran producción creativa. ¿Cómo llegó el arte a su vida, en particular la poesía?

Flor Yolanda Moreno Díaz: Lo primero con lo que me identifiqué fue con la escucha. Escuchar a mi papá leer textos era una maravilla y la narración oral de mi mamá sobre sus vivencias me hizo soñar. Desde muy pequeña escribo. Aprendí a hacer poesía antes que a sumar y restar. Escribía por todas partes; hacía letreros, palabras, rayaba donde podía.

Una persona me marcó: Me dijo que ya no escribiera en volantes, sino que comprara un cuaderno para recopilar mis pensamientos. Así lo hice, y ha salido muchísimo: tengo tres libros de poesía, más de mil poemas y tres novelas por transcribir.

CI: Pero usted no solo escribe, también teje. ¿Cómo se encontró con el tejido?

Flor Yolanda Moreno Díaz: Fue en tercero de primaria. La profesora Judith llegó con una bolita de lana y una aguja, y nos dijo: “Quiero acercarlos al arte a través de los hilos”. De todo el curso, solo tres niñas nos sentamos a tejer, y yo fui una de ellas. Me enseñó a hacer cadenetas, luego el “medio moño”, y yo en la casa practiqué hasta que hice una carpeta.

Después lo dejé, porque la lana no se veía por ninguna esquina. Retomé el tejido cuando mi hermana mayor se embarazó y quiso tejer para su bebé. Me dijo: “Usted me va a enseñar”, y así fue.

Luego, cuando tuve a mi hija, le hice toda la ropa en crochet. Después, para ayudar con los gastos de la casa, empecé a vender lo que tejía: Saquitos, gorras, capoteras… Eso me ayudó a valorar el tejido no solo como aprendizaje, sino como una forma de transformar algo y de vivir de mi trabajo.

CI: ¿Cómo nació la Casa de Arte y Vida?

Flor Yolanda Moreno Díaz: Luz Piedad y yo nos quedamos sin trabajo. La mamá de ella nos dejó unos tejidos como herencia y nos dijo: “Pongan un negocio”.

Empezamos con mostrar los sacos que hacíamos y terminamos con la creación de este espacio, que es casi una galería. Aquí la gente encuentra literatura clásica, libros al viento y puede sentarse a leer o hacer consultas. Es un espacio que nos ha ayudado a construirnos a nosotras y a construir a otros.

CI: Usted y Luz Piedad construyeron este proyecto y tienen una relación muy bonita. ¿Cómo se conocieron?

Flor Yolanda Moreno Díaz: Nos conocimos en los movimientos sociales, en las caminatas, en los plantones, yendo a la Universidad Nacional a encontrarnos con gente de pensamiento crítico.

Un día, en una de esas reuniones, leí un poema —siempre me presento con un poema— y ella se acercó y me dijo: “Quiero saber más de usted”. Así empezamos a trabajar juntas en la construcción de política pública de mujer y género. Con el tiempo, terminamos enamorándonos de la manera de ser y de pensar de cada una. Ya llevamos 18 años compartiendo la vida.

CI: Como artista con una profunda sensibilidad, ¿cómo enfrenta el mundo actual y ese auge de fascismo y violencia?

Flor Yolanda Moreno Díaz: Para mí ha sido muy difícil. Soy muy crítica y lo que sucede me afecta. Siento que la “pandemia del miedo” desató los demonios que la humanidad tenía atados. La gente se ha deshumanizado: Importa más figurar, lo que tienes, la imagen que das… pero la sensibilidad, la humanidad, la ternura quedaron de lado.

Veo un paralelo extraño: quienes aman a los animales a veces olvidan que los humanos somos también parte de esto y como que niegan lo que son. Eso me preocupa mucho. A veces pienso que nos equivocamos de época, porque la vida está muy difícil y al otro no le interesa, solo le importa lo económico.

CI: En medio de esta realidad, ¿cómo cree que podemos resistir y reorganizarnos?

Flor Yolanda Moreno Díaz: Siento que tenemos que desenredar la madeja de hilo, que está muy enredada y tiene muchas aristas. Los adultos están muy abandonados, solos, “tragando pantalla”, y han olvidado el tejido. Por eso creo que, a través del tejido, la pintura, la escritura, el arte… el arte es necesario para reiniciarnos.

Pensaba que el problema era con los jóvenes, pero me doy cuenta de que los niños y los viejos están en la misma situación. Hay que sentar a los adultos con los niños y construir un híbrido, un tejido social al que hay que meterle una filigrana para que no se vuelva a romper. Porque se rompió y por eso estamos como estamos.

CI: Para terminar, ¿puede compartirnos uno de sus poemas?

Flor Yolanda Moreno Díaz: Claro. Este es un poema para el trabajo social.

Instrumento

Algún día llegará el día en que descubran en su rostro lo que había en mi rostro.
El color de la carencia, los oídos sordos y los gritos del silencio desde donde se ve la orfandad del ser humano.
El desdén tiene derecho a darse una luz en medio de sus fauces, a temperar el poder, el poder de hurtar el bien común bajo la libertad del miedo.
Miedo.
Libertad, palabra natural, como lo dijera Copérnico y Galileo, para entender el mundo, pero hoy los derechos son letra muerta en esta tierra plagada de semilla y desconocedora de la norma.

Y tengo otro que últimamente repito por donde voy:
«Hoy decido nacer a la vida y morir al olvido».

CI FC/29/11/2025/12:00