20 sep. CI.- La insólita historia de diplomáticos estadounidenses que habrían sufrido pérdidas auditivas y otros daños a la salud durante su trabajo en Cuba ronda los medios de comunicación hace semanas. El primero de los supuestos incidentes se remonta a noviembre del 2016 y el último a hace apenas unas semanas. Las autoridades cubanas iniciaron su propia investigación en cuanto recibieron las primeras notificaciones de la Embajada de Estados Unidos y del Departamento de Estado el 17 de febrero del presente año.
La complejidad de la investigación y el desconcierto de los especialistas no han sido limitantes para que algunos intenten señalar a Cuba como responsable y traten de desmontar los avances en las relaciones con los Estados Unidos, que se iniciaron después del 17 de diciembre del 2014.
Todo parece confirmar que la Guerra Fría aún continúa, reavivada por la Administración de Donald Trump, y que ahora toma forma de serie gringa en la que “los héroes salvadores del mundo” libran intensas batallas contra enemigos tan poderosos que pueden manejar las ondas sonoras para interferir su misión de defensa de los derechos humanos a nivel universal.
A continuación reproducimos un texto que el Ministerio de Relaciones Exteriores de esa isla caribeña circuló por los medios alternativos pidiendo poner su voz en nuestros espacios:
¿Se desinfla la “Operación Tímpano”?
Un comando integrado por expertos en ataques acústicos se desplaza por la noche en varios vehículos por la 5ta Avenida de Miramar, La Habana, con toneladas de voluminosos equipos a bordo que instalarán en los alrededores de las residencias de diplomáticos estadounidenses para hacerles imposible una vida normal tras los mareos y desarreglos neurológicos que provocan las ondas de baja frecuencia acústica que reciben.
El grupo puede estar formado por norcoreanos, rusos y cubanos miembros de una célula extremista que tomó forma en los órganos de inteligencia de sus respectivos países y actúan por cuenta propia para hostigar a los estadounidenses en cualquier parte del mundo.
Esta narración parece la inspiración de un guión clase D, de la peor propaganda anticomunista de la Guerra Fría, pero desgraciadamente no es así. Es una de las matrices que estimula la actual campaña mediática llevada por los principales órganos de Estados Unidos sobre los daños auditivos y neurológicos que han sufrido más de 20 diplomáticos estadounidenses de su Embajada en La Habana, al parecer desde noviembre de 2016.
Además, alrededor de cinco diplomáticos canadienses y familiares (según declara su Gobierno) han sufrido parecidos síntomas. Aunque también declaran que los funcionarios cubanos no son sospechosos por estos ataques y que han estado cooperando en la investigación.
Cuba desde el inicio colaboró y dio todas las facilidades por la vía diplomática a la investigación del Departamento de Estado y el Buró Federal de Investigaciones -FBI, por sus siglas en inglés- sobre la problemática. Mientras en ese contexto, el 23 de mayo el Departamento de Estado tomó la decisión de que dos diplomáticos cubanos abandonaran el territorio de los Estados Unidos. Ello motivó una protesta del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano por la injustificada e infundada decisión.
En relación a este incidente, senadores de extrema derecha cubano-americana exigen el cierre de la sede estadounidense en La Habana y la expulsión de los diplomáticos cubanos radicados en Estados Unidos. Esta es una vieja aspiración de ese sector desde el arribo del Presidente Donald Trump a la Casa Blanca: demoler todos los procesos de normalización entre los dos países iniciados por la anterior Administración de Barack Obama.
Al parecer sus intenciones avanzan. El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Rex Tillerson, en declaraciones a la cadena de televisión CBS este domingo 17 de septiembre, dijo que la Casa Blanca está sopesando cerrar su Embajada en La Habana después de una serie de inexplicables incidentes que han dañado la salud de los funcionarios norteamericanos. Agregó que “el tema está en evaluación” y que el cierre de la sede diplomática “está bajo revisión”.
Esta noticias y otras alimentan el huracán de mentiras contra Cuba. El pasado 15 de septiembre se divulgó un cable de la agencia de noticias Associated Press –AP– que afirmaba:
Penetración del mar afecta equipos LRAD existentes en la Embajada de Estados Unidos en La Habana
Un funcionario de la NASA [Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio], que pidió no ser identificado, informó que la agencia estaba preparando una demanda contra la American Technology Corporation, fabricante de los equipos LRAD-RX que utilizan en la Habana para comunicarse con sus agentes.
La demanda está fundamentada principalmente en la afectación auditiva que dichos equipos han causado a un grupo de funcionarios y familiares de los mismos. Según el funcionario de la NASA, los equipos fueron adquiridos hace menos de un año, los funcionarios de la American Technology Corporation entrenaron a los que se encargarían de utilizar estos, pero en momento alguno dijeron que dichos equipos podrían causar problemas auditivos.
La demanda incluye la compensación económica por los daños recibidos a los que operaron los equipos y los familiares afectados y los perjuicios operativos sufridos debido a no poder operar los mismos, a pesar de la garantías ofrecidas por el fabricante.
En cuanto se conocieron de los problemas auditivos de los operadores, la NASA ordenó no continuar utilizando el LRAD-RX pero esto implicó un cambio inmediato en los medios de comunicación con la agentura, lo cual requirió el gasto de dinero en la utilización de otras vías, que no estaba en su presupuesto.
El problema se ha complicado por la penetración del mar en la Embajada estadounidense en la Habana, debido al Huracán Irma, ya que una parte del equipamiento quedó bajo las aguas del mar y aunque se había planificado el viaje a Cuba de un número de técnicos y especialistas para verificar las condiciones de los equipos, ahora se considera el viaje no tiene sentido.
En estos momentos se limitó el acceso del público a la Embajada para desmontar los equipos y enviarlos a Estados Unidos para que, si es posible, sean revisados.
De paso el despacho evidencia que la sede estadounidense fue preparada con tecnología de punta para las comunicaciones con sus presuntos espías en la Isla, al parecer con la misma tecnología LRAD.
No sería la primera vez de que en su moderno edificio de Malecón la CIA actualice su fisgoneo electrónico y comunicaciones de espionaje en la Isla. En el proceso de reacondicionamiento del inmueble para la apertura de la Oficina de Intereses en 1977, abierta de acuerdo a los acuerdos entre ambos países, instalaron novísimas tecnologías para la época que recibía el tiro directo de las comunicaciones de sus espías provistos de plantas ultra secretas, solo que los supuestos informantes eran en realidad dobles agentes de la contrainteligencia cubana.
De seguir la senda que revela el despacho probablemente entonces, la CIA tendría que desembolsar el pago por daños profesionales a buena parte de los funcionarios afectados revelados indirectamente como espías.
Tampoco se descarta que esta “denuncia” se parte de una operación llamada Tercera Bandera y realizada por los propios servicios estadounidenses para provocar el deterioro de las relaciones entre ambos países.
De cualquier forma, hay que esperar el resultado final de esta historia. En tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba -Minrex- afirma que “Cuba jamás ha permitido ni permitirá que el territorio cubano sea utilizado para cualquier acción en contra de funcionarios diplomáticos acreditados ni sus familiares, sin excepción. Asimismo, reitera la disposición a cooperar para lograr el esclarecimiento de esta situación”.
*Jorge Wejebe Cobo
CI PC/MP/20/09/17/16:40

