29 jul. CI.- El fútbol femenino tiene las mismas reglas que el fútbol masculino. Se juega el mismo tiempo (90 minutos), con el mismo balón, en los mismos arcos. Sin embargo, las mujeres no cuentan con el mismo respaldo ni garantías laborales de los hombres. Las mujeres que juegan fútbol no tienen reconocimiento ni económico ni social.
Por: Gabriela Ardila*. Si ganan, se les aplaude, pero no se les entregan condiciones laborales dignas. Cuando pierden son ignoradas de forma sistemática como se ha hecho por décadas en el país. De igual forma, cuando se habla de fútbol se asume que es fútbol practicado por hombres y cuando se habla de mujeres practicando fútbol, le colocan el adjetivo femenino, como si fuera algo distinto.
De las 9 Copas América de mujeres realizadas desde 1991, Colombia empezó a participar en 1998 con su primer equipo oficial. Es decir, ha hecho parte de 7 certámenes, de los cuales en 5 ha quedado entre los 4 mejores países del continente.
Este año Colombia se inauguró como sede, algo que no había sucedido en los 30 años que lleva la Copa América Femenina. Este año, los medios de comunicación empezaron a hacerle bombo a la Selección, eso sí, cuando vieron que estaba invicta como primera de su grupo. En el 2010 y en el 2014 la selección de mujeres quedó subcampeona y es poco o nada lo que se les ha reconocido.
Cada vez que se habla de mujeres jugando fútbol aparecen los estereotipos lesbófobos y machistas donde son presentadas como niñas y no como deportistas de alto rendimiento, que es lo que son, así no se les pague dignamente.
En Colombia el fútbol practicado por mujeres es “profesional” desde el 2017. Sin embargo, las ligas son cortas, los sueldos indignantes, los clubes que durante años han entrenado a las mujeres perdieron a sus jugadoras y los clubes de hombres no les dan las condiciones adecuadas para una práctica profesional, por eso las comillas, pues lo profesional parece que se queda en el nombre.
Algunos suelen argumentar que las mujeres hasta ahora están practicando fútbol, que es algo nuevo, que no llenan estadios, que no venden mercancías. El primer argumento se cae por su peso, pues las mujeres en Colombia tienen más de 70 años practicando fútbol de manera autoorganizada, sin dinero, sin publicidad, en malas condiciones. Aun así, han llegado dos veces a ser subcampeonas de América, algo que el equipo de hombres, solo ha logrado una sola vez. Los otros dos argumentos son el resultado de un país machista que cree que las mujeres no pueden jugar fútbol, de unos medios que infantilizan a las jugadoras, de clubes que no apoyan a sus jugadoras, de directivos corruptos y acosadores que no contratan a las entrenadoras, en fin, profecías autorrealizadas.
Las jugadoras no salen de la nada. Ellas han sido entrenadas por hombres y muchísimas mujeres que han estado por décadas practicado fútbol y autoorganizándose, financiándose con rifas, juegos, ventas y el propio bolsillo. El fútbol practicado por mujeres es el resultado de la auto-organización, el compañerismo, las luchas antilesbófobas, la técnica, la táctica, la fuerza y la resistencia.
El fútbol practicado por mujeres incómoda, porque muestra las injusticias de frente, porque las mujeres no se quedan calladas y exigen lo que se merecen, porque levantan las manos exigiendo respeto. Esta Copa América de mujeres, en la cual las colombianas van nuevamente a la final contra las poderosas mujeres de Brasil ha sido la Copa más sonada y esperamos que no sea solo una moda, sino que logre abrir la discusión y construir condiciones dignas de trabajo para las jugadoras, las entrenadoras y los clubes donde han jugado.
*Gabriela Ardila es Doctora en Historia Especializada en Fútbol practicado por mujeres y colaboradora de Colombia Informa
CI/GA/FC/29/07/2022

