Medio Oriente

¿Turquía o Erdoganistán?

17 abr. CI.- Turquía votó Sí al referendo que busca, por primera vez en la historia de la república, reformar la Constitución nacional para cambiar el actual sistema parlamentario por uno presidencial y personalista, el cual le concede a Recep Tayyip Erdogan un poder absoluto sobre la rama ejecutiva.

El presidente turco asumirá por completo el poder ejecutivo, así que el país ya no contará con la figura del Primer Ministro. Además, “Baba Erdogan” o “Papá Erdogan”, como lo llaman sus simpatizantes, tendrá la posibilidad de gobernar a base de decretos; elegirá a un tercio de los miembros de la rama Judicial, lo que daría lugar a nepotismos y clientelismos; podrá suspender en cualquier momento la legislatura y esto se traduce en más obstáculos para el ejercicio de los partidos opositores.

El AKP – Partido de la Justicia y el Desarrollo, por sus siglas en turco- de una base islámica en un país laico, al cual pertenece Erdogan, ha gobernado en Turquía desde el 2002 y se ha fortalecido gracias a una política asistencialista y clientelar en la que las poblaciones más pobres han conseguido mejores condiciones de vida a cambio de una fidelidad de voto al partido so pena de perder los derechos que un gobierno conservador, paternal y autoritario asume como favores.

Ciudades como Esmirna, al occidente y de mayoría opositora, ha dejado de recibir, en los últimos 15 años, buena parte de los recursos públicos destinados al mejoramiento de la infraestructura vial del país, lo que evidencia una política de “estás conmigo o contra mí”. No obstante, estos años de gobierno islamista han impulsado la economía de Turquía como nunca antes y el papel del país en la esfera internacional ha pasado de la pasividad del que pide reconocimiento, en esencia europeo, a la fama del que negocia, impone, azuza y arenga al resto del mundo. Un Sí que también le permitirá a Erdogan mantenerse en el poder hasta el 2029.

Erdogan y su intención de ser el nuevo Atatürk

Mustafá Kemal Atatürk fue el fundador y primer presidente de la República de Turquía. Desde 1923 no hay otro culto a la personalidad en el país que la de Atatürk, el Padre de los turcos. Bajo el lema “Una sola patria, una sola nación, una sola bandera, un solo estado”, el nacionalismo turco nació al mismo tiempo que la república laica y esto ha conllevado que un lugar históricamente multiétnico se haya transformado, en menos de cien años, en un Estado opresor de las minorías, la diferencia y la libre expresión.

Erdogan, un líder de marcado acento islamista, que pasó de Primer Ministro a Presidente en el 2014, cuenta con una férrea oposición tanto en la población como en el gobierno, y ya se cuenta entre sus triunfos el fallido golpe de Estado en su contra en el 2016, el cual aprovechó para recrudecer la persecución política contra líderes sociales, opositores, periodistas, no turcos y defensores de los Derechos Humanos. No obstante, Erdogan cuenta también con un amplio apoyo popular, especialmente de las poblaciones más pobres y olvidadas del oriente del país. Además, se ha esforzado por hacer visible a Turquía como una potencia económica y militar, fundamental en la relación entre Oriente y Occidente.

Una posible república islámica

Con un 70% de musulmanes, Turquía se ha dedicado en los últimos cien años a superar la decadencia del Imperio Otomano, soportar la animadversión de todos sus vecinos, y apostarle a la industrialización y occidentalización del país. Además ha insistido en ser miembro de la Unión Europea pero sus constantes ataques a los derechos humanos de las minorías étnicas, la no aceptación de crímenes históricos de lesa humanidad como el Genocidio Armenio, la persecución al pueblo kurdo, la criminalización de la protesta, el asedio político a la libre expresión y el fortalecimiento del islam como parte de una política estatal, hacen de Tuquía un lugar contradictorio, peligroso para el primer mundo y decisivo en una zona de guerras e intervenciones.

Que Erdogan tenga más poder en un lugar de Bajás y Sultanes no sorprende, porque en Oriente el poder se hereda de familias y alianzas entre familias, se alarga durante años con el apoyo de las mayorías, y ha sido un sistema funcional durante siglos que solo se ha cuestionado a partir de las recurrentes e interesadas intervenciones de la democracia occidental. Pero una parte de la población turca está realmente preocupada por una posible islamización que tire por la borda casi un siglo de principios laicos y termine enredando al país en conflictos religiosos. Ahora Erdogan tiene el poder de hacer de Turquía una patria islámica.

Como dijo Orhan Pamuk, el Premio Nobel de Literatura de 2006, que fue llevado a juicio en diciembre de 2004 por “insultar y debilitar la identidad turca”, al criticar y denunciar en sus obras la persecución de las minorías étnicas en su país: “Mi miedo no era temor de Dios, sino, como el de toda la burguesía laica turca, temor a la ira de los que creen demasiado en Dios”. En este sentido, la irrupción de la doctrina neotomana del AKP, que ha tenido frente al conflicto en Medio Oriente un tono bastante guerrerista, pretende que Erdogan, el ejemplo del padre severo y religioso, se transforme en el nuevo Atatürk y sepa castigar a sus detractores, incluso con el retorno de la pena de muerte, y premiar a sus hijos partidarios.

La oposición denunció irregularidades en el referendo

Ante las acusaciones de fraude en el referendo, Erdogan arremetió contra los opositores y manifestó que no hubo irregularidades en el resultado de la votación. En su discurso de victoria Erdogan advirtió a los opositores que no se molestaran en “cuestionar la legitimidad de su victoria, y mejor se prepararan para la revisión más importante del sistema de gobierno de Turquía […] Ya han visto cómo ha atacado Occidente. Pero a pesar de esto, la nación se mantuvo firme, no se dividió”.

“La campaña del referendo estuvo dominada por una retórica fuertemente antioccidental y por repetidas promesas de volver a introducir la pena de muerte […] Cabría esperar que esta retórica se modere ahora que la votación ha terminado, pero no son buenos presagios para la moderación esperada en las relaciones internacionales”, declaró Inan Demir, economista de Nomura Holdings Inc para el el portal La Vanguardia. Así mismo, el líder opositor Kemal Kiliçdaroglu,del Partido Republicano del Pueblo -CHP- advirtió que el conteo de votos no se ajustó a la normativa vigente y se contaron a favor votos que no tenían el sello de la mesa electoral. “Nadie puede estar por encima del parlamento ni cambiar las reglas electorales”, afirmó Kiliçdaroglu en un comunicado público.

Al respecto, la Comisión Europea declaró que “las enmiendas constitucionales y, en especial, su aplicación práctica, serán evaluadas a la luz de las obligaciones de Turquía como país candidato a la Unión Europea y como miembro del Consejo de Europa. Teniendo en cuenta el resultado del referéndum y las implicaciones de gran alcance de las enmiendas constitucionales, también pedimos a las autoridades turcas que busquen el mayor consenso nacional posible en su aplicación”.

CI DM/DM/17/4/17/14:10

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