Conflicto y Paz

Suecia, el socio del Presidente Santos para la paz armada en Colombia

17 mar CI.- Juan Manuel Santos Calderón, Presidente de Colombia en el periodo 2010-2014 y reelegido hasta el año 2018, es un negociante que da grandes sorpresas. Notable fue que en diciembre de 2016 le haya sido otorgado el premio Nobel de la Paz aun cuando nueve años antes, siendo ministro de defensa, ordenó un bombardeo sobre el suelo ecuatoriano, sin conocimiento alguno del gobierno del Ecuador, que dio como resultado la muerte de veintidos guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), incluido su segundo comandante alias “Raúl Reyes”. Pasmoso tal reconocimiento, si se tiene en cuenta que durante su jefatura en ese ministerio, entre 2006 y 2009, se asesinaron  aproximadamente 2,600 civiles contabilizados como logros de combate. Hubo 300 desapariciones forzadas; 530 torturas; 2,340 amenazas de muerte y 1,500,000 personas desplazadas. Por Carlos Murcia-Linares*

Pero, sin lugar a dudas, la mayor sorpresa se la dio al pueblo colombiano cuando anunció, en septiembre de 2012, que se daba inicio al proceso de negociación con las FARC, proceso que dio lugar a la firma del acuerdo de paz en septiembre de 2016. Ahora, se están adelantando las negociaciones con el ELN, Ejército de Liberación Nacional.

El gobierno de Suecia ha participado de manera activa en el desarme y la entrega de la guerrilla colombiana. Desde el año 2009 y hasta 2013, Suecia implementó un robusto programa de cooperación con Colombia cuyo objetivo principal fue “que los más pobres mejoren sus condiciones de vida y el país logre una paz sostenible con amplia participación social”, y más específicamente, buscó “apoyar la observación y verificación de eventuales procesos de desmovilización y de acuerdos de paz”. Lo curioso de este asunto, es que para los colombianos fue la gran sorpresa que en el año 2012 se haya pasado repentinamente de la estrategia de guerra hacia la estrategia de la negociación, mientras que el gobierno sueco ya lo había anunciado en el acuerdo de cooperación de 2009.

En septiembre de 2016, días antes de firmar el acuerdo de paz, la ministra sueca de Cooperación Internacional y de Clima, Isabella Lövin, anunció un aporte de 112 millones de dólares para apoyar el proceso de paz. Luego, en diciembre, dos días después de recibir el premio Nobel en Oslo, el presidente Juan Manuel Santos fue recibido en Estocolmo por el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia; posteriormente tuvo reuniones privadas con el presidente del Parlamento Urban Ahlin, con el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores y con el primer ministro Stefan Löfven. Hasta ese momento, no debieron existir razones para cuestionar la dadivosa ayuda sueca para nuestro país.

Sin embargo, ya en 2017, estas acciones de cooperación para la paz han tomado otro rumbo. En enero, se reunieron en Bogotá Aníbal Fernández de Soto, viceministro de Defensa para las Políticas y Asuntos Internacionales de Colombia, con el general John Georg Stjernfalk, asesor militar del Departamento de Adquisición, Investigación y Desarrollo del Ministerio de Defensa de Suecia. Esta reunión fue, ni más ni menos, la primera entre los ministerios de defensa de los dos países. En esta, se acordó redactar un memorando de entendimiento para la cooperación, intercambio de información, educación y entrenamiento militar en operaciones de paz y derechos humanos, como base de un acuerdo de cooperación que debería ser perfeccionado en el primer trimestre de 2017.

Este 13 de marzo en el Congreso de la República de Colombia se debatió y se aprobó el acto legislativo por el cual se crea la Jurisdicción Especial para la Paz, que es el sistema de justicia transicional que juzgará a guerrilleros, militares y otros terceros, en cumplimiento del acuerdo  de paz firmado con las FARC. En el centro de este sistema de justicia está la búsqueda de la verdad y la reparación a las víctimas del conflicto; así como el compromiso de no repetir hechos victimizantes, en particular por las fuerzas de seguridad del Estado. A pesar de este gran paso hacia la construcción de un Estado que garantice el respeto por los derechos humanos, un día después el ministro de Defensa de Colombia, Luis Carlos Villegas, se reunió con una delegación de Suecia, liderada por el ministro para la Empresa y la Innovación de Suecia Mikael Damberg, con el objetivo de firmar el acuerdo de colaboración en seguridad, defensa y DD.HH.

Según la ENAAT (European Network Against Arms Trade), en el ámbito de la Unión Europea, es Suecia uno de los diez principales exportadores de equipamiento militar, destacándose en el armamento pesado y de alta tecnología, con destino a más de medio centenar de países. A pesar de este gran poder de mercado, la normatividad sueca prohíbe la venta de equipos militares a países que estén en  guerra o tengan conflictos internos. Con respecto a estos últimos, la estrategia ha sido ofrecerles cooperación para terminar nominalmente los conflictos y posteriormente venderle armamento a sus gobiernos. Es sabido también que le vende armamento a gobiernos que violan los derechos humanos, entre otros: Arabia Saudita, Tailandia, Bahréin, Egipto. En esta lista ahora está Colombia.

*Analista en economía política.

carlosmurcia@tutanota.com

CI CM/JA/17/03/17/07:00

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