Cultura

[Sobre Cine] La existencia como eje narrativo del ser

10 mar. CI.- “No hay nada que impida a las simples formas de las historias ser insertadas en un ordenador, tienen formas preciosas”, afirmó el escritor de ciencia ficción Kurt Vonnegut en 2005. El estilo narrativo de La grande belleza (Paolo Sorrentino, 2013) cruza de por sí el hilo argumentativo de cualquier historia.

Si tomamos como perspectiva una realidad metódica en la que la buena y mala fortuna son ejes extremos, tenemos que el filme juega con esos extremos de manera impetuosa reformando una historia de cuerdas atadas al azar.
Paolo Sorrentino con este filme da lugar a una de las obras maestras del siglo XXI, ganadora en el año 2013 del Premio a Mejor Película Extranjera de la academia de cine estadounidense.

Jep Gambardella, protagonista de 65 años, se muestra en la película de manera imperante. La historia, a su vez, plantea al espectador de manera directa la odisea psicológica para intentar entender por qué Jep no escribe siendo este un escritor.

Desde su juventud tras la publicación de su primer y única novela (el aparato humano) siendo aclamado por la crítica y el público, decide no escribir más novelas, se dedica a escribir reseñas y artículos en revistas y a vivir de la comodidad que esto le da.

La gran belleza nos plantea de manera creativa la causa del bloqueo de escritura de Jep, todo se encausa a una perdida muy temprana en su vida lo que arremete en su existencia, como el vacío experimental y la caída al vórtice de la mundanidad.

Jep juega dos roles fundamentales en la historia: es participe de ella, de la vida superficial, banal; sin embargo, también es crítico, la observa por completo y observa a los demás, sintiéndose fuera de aquella superflua estación metódica que es la existencia misma.

Pero su problema radica en que, a pesar del cinismo y de la ironía continua de aquella escena, no se aparta de aquel círculo vicioso en que se encapsula el todo.

De por sí el cinismo o la ironía no son un arma, al desarticular la esquemática realidad a la que estamos atados, nos ponen en evidencia y entendemos que así somos todos nosotros, cáscaras sin trasfondo o máscaras con mucho por esconder.

En la película Jep se muestra como un intelectual que cree que tiene el control de su vida, cuando no es verdad. Es un hombre nacido para la sensibilidad. Disfruta curiosamente observando momentos íntimos de la vida cotidiana pero su vida lo ha llevado a percibirlos como un ser aparte como un turista, alguien alienado, y que, a pesar de observar la belleza en ello, no acaba por entenderla.

Muchos de los personajes de la película son de un modo u otros impostores, manipuladores artífices del mundo superficial; sin embargo, tenemos a los marginados quienes no forman parte de la sociedad o estándares que se imponen mediante conceptos perpetuadores de estereotipos. Ellos no necesitan ser impostores o pretender encajar ya que no lo hacen, pero están y ese es el hecho.

Aquellas imposturas son solo máscaras, un modelo inerte de supervivencia ante la propia sociedad y su máximo esplendor se retrata en las fiestas donde los matices solo tienden hacia la felicidad: todos sonríen, todos bailan, todos están alegres.

Se preocupan de la imagen y es de esa nada de la que habla Jep durante ciertos pasajes de la película, la nada vulgar del pretender ser. El filme nos ofrece la vida como una actuación constante frente a la realidad que nos imbuye a cada uno; por lo tanto, actuar es proponer un sentido falso de la persona, sin sustancia, sin historia porque no viene de ninguna parte. Como narrar algo que no tiene historia, sería incoherente.

Jep recurre a la espiritualidad no como religión si no como búsqueda de sentido, por que al final la religión no es más que eso: darles orden a unos hechos que en su momento eran incomprensibles causados por una cantidad incalculable de variables y qué mejor manera que acotarlo a una historia algo fácil de recordar, algo que permite el entendimiento y por tanto la reflexión. Sin embargo, no logra conseguirlo pues la religión ha caído en la misma condición que él y la de sus amigos la mercantilización de las ideas.

El truco que realiza un escritor, es el de modificar lo que percibimos como real, crear un engaño que a pesar de que el lector o espectador sabe que existe, es invisible para aquel que lo observa.

No es que por arte de magia Jep retome su novela, sino la realidad que lo engloba ya no es algo únicamente externo se convierte en un objeto manipulable un objeto que percibe por medio de los sentidos. El truco de la grande belleza yace en que esa gran belleza no es algo que se encuentra ahí en la mente individual, en una pintura en una acción en una escena, sino mas bien se haya en la manera de observar ese elemento y proporcionarle un sentido para una historia.

CI SC/PC/10/03/18/18:00

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