Cultura

[Sobre Cine] Boogie Nights: un homenaje al cine de los Setenta

15 abr. CI.- Paul Thomas Anderson ha demostrado que no es un director de cine cualquiera. Plasma una enorme versatilidad y una personalidad desbordadora a la hora de construir guiones impresionantes y originales. Boogie Nights (1997) -Juegos de Placer- es el resumen de esto.

Retratando el ambiente de la industria del cine porno en la década de 1970, esta comedia dramática nos muestra en pantalla grande cómo es la vida de los actores y actrices de la industria, la forma en la que cambia su vida con el paso de los años y el frenesí de los acalorados Ochenta.

El director nos presenta a sus personajes de la manera más satisfactoria: Eddie (Mark Wahlberg) es el joven protagonista que sin aspiraciones y sin un aparente futuro es contratado por Jack Horner (Burt Reynolds), un director de cine erótico, para que este viva de su indiscutible “gran talento” y le da un nuevo rumbo a su vida.

Eddie decide cambiarse el nombre a “Dirk Digler” (nombre real de un famoso actor porno) y en el trayecto irá conociendo el lujo, el éxito y las adicciones en las que sus compañeras de set “Rollergirl” (Heather Graham) y “Amber Waves” (Julianne Moore) están sumergidas.

El director nos narra de una manera cronológica cada fragmento de la película y de esta manera nos abre paso a su punto de quiebre: la llegada de los fogosos Ochenta y la comercialización del formato video. Este hecho tecnológico supondría el fin para las producciones de este tipo. Y es entonces cuando lo que hasta la fecha percibimos cómo un filme placentero y cargado de humor se va desvaneciendo y nos deja el sinsabor de recorrer con los protagonistas un camino lleno de excesos y malas decisiones.

Con una musicalización al estilo de la época que acompaña de manera perfecta la pícara narración de cada parte de la película, nos acercamos cada vez más a los personajes y sus vidas. Paul Thomas Anderson logra hacer que cada minuto que pasamos conectados al guión sea increíble.

La fotografía retrata estas dos décadas inolvidables para el cine a través de las luces de neón y un colorido vestuario. Además, esta elección de gamas constituye un claro homenaje al cine pornográfico de la época.

Para los amantes del Séptimo Arte que sostienen que el cine murió en los años Setenta, aquí está una película de 1997 que, sin duda, les volará la mente y a la que, lamentablemente, no se le ha hecho el reconocimiento que se debe.

Si les gusta el trabajo de este director, no dejen de ver Magnolia (1999), There Will Be Blood (2007) y The Master (2012).

CI JV/PC/15/04/18/10:30

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