Pueblos

¿Qué es ser campesino y campesina?: “El sol, parece ser nuestra única compañía”

18 sep. CI.- Esta nota es resultado del trabajo colectivo realizado en la escuela de comunicación para liderazgos sociales que se llevó a cabo en Medellín, el pasado 6 y 7 de septiembre, gracias a la Asociación Campesina de Antioquia -ACA-. Jóvenes de municipios como San Francisco hicieron entrevistas en la calle, fotos, e incluso grabaron audios para radio, indagando en el cómo es la vida campesina. Aquí la respuesta frente a lo que se encontraron.

Los campesinos y las campesinas somos esas personas que luchamos cada día por mantenernos y mantener a nuestra familia, producir los alimentos que más consumimos; vendemos e intercambiamos en el pueblo por otros productos de los que no tenemos semillas para cultivarlos.

El trabajar la tierra diariamente, con abonos orgánicos, nos da ese buen gusto de saber que estamos comiendo sano. El levantarnos cada día a trabajar la tierra o mantenerla bien desyerbada y los cultivos bien administrados, es un esfuerzo permanente por sembrar y abonar.

“Ser campesino es levantarse temprano, mucho antes de que salga el sol, y salir de tu trabajo con el último rayo de luz que se oculta en las montañas y llanuras. Trabajar es cuestión de esfuerzo, y mucho más si eres campesino, si a las 5:30 am no te has levantado te cogió el día […] el que madruga dios le ayuda. Trabajas arduamente para conseguir el sustento, te enfrentas a rechazos, precios bajos a tus productos, que las vacas no tengan agua, cambiarlas de potrero, que las gallinas pusieron huevos, hay que recogerlos; que esto, que lo otro, en fin. El trabajo de un campesino nunca termina”, afirma Robinson.

Los campesinos y las campesinas somos grandes productores de los alimentos que consumen las grandes ciudades, pero están acabando con nuestra economía en el campo los monocultivos y el alto costo de los insumos, y tampoco nos dan un reconocimiento por el trabajo que hacemos de defender las fuentes hídricas y los bosques.

Nuestras problemáticas históricas 

Es muy duro estar en el campo y producir para, a la hora de comercializar, tener que regalar nuestros productos a los intermediarios, quienes son los que se lucran de nuestro trabajo vendiendo hasta por el triple lo que nos compran. En ocasiones ni siquiera nos compran el producto. Además, cuando llevamos nuestros productos directamente a los consumidores, ellos nos piden rebaja; lo que no hacen con los tenderos y los supermercados, a quienes les pagan lo que se les cobre sin reprochar.

Por lo anterior, se ha arraigado en la cultura el subvalorar y no reconocer realmente nuestro trabajo campesino y con ello, las dificultades que enfrentamos diariamente para comercializar nuestros productos.

Los pueblos campesinos hemos sido saqueados, despojados y violentados por un Estado que se hace a oídos sordos sobre nuestra situación. En este país ser campesino ya genera estigmatización porque somos tildados de guerrilleros, por oponernos al supuesto ‘Desarrollo‘. Nos hacemos la pregunta: ¿Cuál desarrollo? ¿Para quién el desarrollo? Lo único que están haciendo es explotar los bienes naturales, acabando con la flora y la fauna, con tal de beneficiar a unos cuantos.

Antioquia, por ejemplo, ha sido uno de los departamentos donde el conflicto armado nos atacó y violentó más fuerte. Generó nuestro desplazamiento, hizo que las empresas, los paramilitares, los terratenientes y los sectores privados se aprovecharan de los territorios despojados para cambiar la vocación agrícola del departamento; de cultivos de pancoger a monocultivos y megaproyectos, de intercambio y trueque campesino a desconfianza entre pobladores de un mismo territorio. La pérdida de nuestra cultura campesina y de las relaciones características del campo como la solidaridad, amabilidad y confianza, fue el resultado de los vejámenes de la guerra.

Campesinos y campesinas, en pie de lucha

A pesar de estos problemas los y las campesinas colombianas, desde todos los rincones del país hemos sabido luchar por nuestra vida y nuestro territorio, que se convierte en nuestro arraigo y nuestro sustento. Esta lucha es una acción colectiva que viene ejerciendo el campesinado colombiano por el acceso a la tierra, y recientemente por la permanencia en el territorio.

Campesinos y campesinas hemos encontrado en la organización social una posibilidad de luchar por lo que nos pertenece, allí hemos encontrado esa posibilidad de alzar nuestras voces de protesta a favor de la vida digna, la defensa del territorio y la soberanía alimentaria.

En el caso específico de las mujeres campesinas, afrodescendientes e indígenas, ellas resisten con sus comunidades a través del cuidado de la vida y el territorio. De ahí que, en el marco de proyectos extractivos, se ataca a la comunidad a través de las violencias hacia las mujeres, porque son ellas las transmisoras de lo común, son ellas quienes se oponen al extractivismo. La defensa del territorio es la lucha de las mujeres, la lucha de las mujeres en sus territorios, es una lucha campesina.

Hombres y mujeres del campo hemos vivido con rigor la confrontación armada, el desplazamiento forzado y los asesinatos selectivos y sistemáticos; lo que ha hecho que miles de personas en el país hayamos tenido que abandonar nuestras tierras para vivir en condiciones de miseria en las ciudades de Colombia. Nuestra lucha más reciente ha sido, entonces, el retorno a los territorios; nos enfrentamos a nuevas oleadas de amenazas, esta vez por el modelo de desarrollo hegemónico.

A través de proyectos hidroeléctricos, de hidrocarburos, de minería y agroindustria, que han sido impuestos a través de violaciones masivas a los derechos humanos, en Colombia el conflicto armado ha estado afianzado a la lucha de la tierra; por eso nosotros los campesinos hemos sido el epicentro de la confrontación armada. La lucha ha sido constante, nos ha costado derramamiento de sangre, asesinatos a muchos compañeros, y el encarcelamiento de otros por defender el campo y por oponerse al sistema capitalista y extractivista de las multinacionales.

La pugna también en la agenda institucional

Hoy en Colombia las y los campesinos, luchamos por sobrevivir ante el monstruo capitalista que se apodera de nuestros territorios. Todos los días levantamos nuestras voces de protesta exigiendo que se respeten nuestros derechos. El territorio, la soberanía alimentaria, la desmilitarizaron, las prácticas ancestrales, la memoria histórica y el tejido social han sido nuestras banderas como campesinado en el país.

Hemos venido dando la pelea desde el Congreso de la República por el reconocimiento al campesinado como sujeto político de derechos. Este proyecto no ha podido avanzar, por eso hemos salido a las calles, no solo para exigir este reconocimiento sino también para exigirle al Estado colombiano sobre los derechos que tenemos y reclarmarle garantías para la producción y comercialización de los productos.

Por ello, descuidarnos ante estos fenómenos sería fatal, ya que perderíamos muchas de nuestras costumbres, al tener que enfrentar otro tipo de vida en otro lugar donde quizá no podamos hacer lo que tanto nos gusta: sentirnos libres, tranquilos, trabajar y sembrar para tener soberanía alimentaria.

Una lucha que históricamente ha sido por la tierra, aquí donde unas manos han sabido labrar y abrir surcos con el sudor mojando su frente, con paso firme y azadón en mano. El sol, parece ser nuestra única compañía en esos días largos donde solo nos dedicamos a cultivar y tejer nuestra vida, padeciendo las agresiones de un sistema económico que no reconoce ni valora nuestra labor.

Necesidad de comunicación y fortalecimiento campesino

A lo largo del país hay organizaciones sociales y campesinas que defienden la vida y el territorio, sin embargo, estas organizaciones y sus luchas no han sido reconocidas por la mayoría de habitantes del campo y la ciudad. Necesitamos informar a las personas para que sepan que hay organizaciones que apoyan y defienden el trabajo campesino, y quieren que esa contienda que llevamos diariamente, algún día la ganemos.

Necesitamos que nuestras voces se escuchen porque somos vida, no solo para el campo sino también para la ciudad. Somos hombres y mujeres que trabajamos la tierra y sabemos que tenemos que madrugar a lucharla.

CI ACA/AO/18/09/18/17:31

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