Territorios

Pianguar: entre las raíces tejidas

17 may. CI.- Mete las manos en el lodo sin pensarlo; primero una con la que agarra el nido y la sigue la otra que comienza a escarbar. Se va dando un movimiento sincronizado, como en forma circular, como se bate una melcocha, como si se tratara de una masa para hacer blanquiao; se mueven ágilmente, la una sobre la otra, abriendo un agujero en medio del pantano.

-Patricia, ¡Encontré una!

María extiende la mano a su compañera y le muestra la concha; es parecida a una almeja, se abre por el medio y es dura. Es macho porque su color es parecido al ocre y por eso mismo de ser macho, se vende a menor precio en el mercado. Las hembras que son de color negro y parece como si tuvieran pelos, por el contrario, al ser más escasas, son más codiciadas y costosas.

Todos los días, desde temprano, María y Patricia salen de sus casas palafíticas, ubicadas en el casco urbano de Tumaco, para llegar al manglar -un ecosistema común en la región- a las cinco o seis de la mañana. “Una tiene que llegar temprano pa’ que le rinda y pueda cumplir al menos con el jornal”. Se ponen las botas y se adentran en el manglar que cada vez se va haciendo más profundo, húmedo, más espeso; las botas se comienzan a hundir casi hasta la rodilla, pero ellas ya saben hacer equilibrio y caminar sin apoyar por completo, así como en el aire, para hundirse lo menos posible.

Los nidos de la piangua son parecidos a los de los cangrejos. Se pueden ver montañitas agujereadas en el lodo que están agujereadas. Por esos agujeros entran las pianguas, moluscos que son un plato tradicional en la cocina tumaqueña y también son el principal sustento de gran parte de la población del lugar, especialmente de las madres cabeza de familia.

Un trabajo de mujeres

Este es un trabajo duro; a los hombres no les gusta casi esto. Nunca vuelven, entonces todas somos mujeres compañeras. Nos hemos preguntado varias veces por qué será, pero debe ser porque son más debiluchos, nosotras aguantamos más, persistimos. Yo tengo dos hijos, una niña y un niño; la niña se viene a ayudarme de vez en cuando, cuando no tiene que ir al colegio, menos mal tengo para darle estudio. Aquí no es mucho lo que una se hace pero sirve; una no se va hasta que tenga listo, al menos, el jornal que se hace con cien pianguas y son, más o menos, 15 o 17 mil pesos. Nosotras somos mujeres piangueras porque nos criamos entre los manglares, desde chiquitas veníamos aquí a conchar con las mamás luego del colegio y hasta guerra de pantano hacíamos. Crecimos y encontramos aquí una manera de sobrevivir, como mucha otra gente que vive de lo que da el manglar, que aunque no sea mucho una siempre sabe que al menos tiene 4 mil pesos seguros. De igual forma, aquí pasamos bueno con las compañeras, mientras conchamos vamos cantando: “El manglar se está secando, vamos todos a pianguar”.

Y cuando no, nos contamos las historias de los maridos,  de la casa, de la vecina, entonces a una se le va pasando el tiempo. A mí, por ejemplo, me gusta ir porque me desestresa, no me gusta quedarme en la casa sin hacer nada y, además, cuando se puede, me encanta comer piangua en cocadas o en ceviche. Lo que si es maluco es que el sol siempre aporrea bastante y que cuando llego a la casa me duele todo, aunque más la espalda de estar agachada todo el día en ese calor.

A veces, nos metemos descalzas y sentimos los caparazones con los pies y de una los sacamos. Una brega a meterse por la parte en que las raíces están así como todas entrelazadas, todas tejidas, cansa más pero por allá normalmente hay más pianguas. Hay que tener también cuidado porque hay unos animales que pican duro y le quedan a una hinchadas las manos por el resto del día. Pero bueno, ese es el concheo y es lo que a una le ha tocado pa’ llevar la comida a la casa y el estudio a los hijos, ¿o no?

Los manglares están en peligro

El manglar es un ecosistema que está en peligro de extinción debido precisamente a que gran parte de la población vive de lo que saca del manglar. Ya sea conchando, pescando, sacando madera para las marimbas o el carbón, entonces los tumaqueños establecen una relación, no solo económica sino también cultural, con el manglar. Siendo conscientes de esto, la gente ha comenzado a sembrar mangle y a buscar las maneras de mantener el ecosistema en buen estado.

A pesar de que la recolección de piangua es una actividad económica que representa la mayor parte de los ingresos de muchas mujeres en Tumaco, es una labor ardua y peligrosa, debido al desgaste físico que acarrea, a la poca remuneración económica y a la cantidad de animales que hay en el pantano. Para comercializar las pianguas, una mujer puede conchar desde las 5 de la mañana hasta las 5 de la tarde y obtener apenas 20 mil pesos.

Fotografías: Katherine Bustamante

CI ND/DM/17/5/17/10:00

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