Opinión

[Opinión] ¿Un diálogo a tres voces?

20 feb. CI. – El nuevo escenario de diálogo entre el Gobierno Nacional y el Ejército de Liberación Nacional –ELN–, en su fase pública desde el pasado 7 de febrero, nos da señales esperanzadoras para que una Paz completa sea posible. Sin embrago, esto no puede ocultar algunos elementos de análisis que se constituyen en retos para este nuevo intento de conversaciones con los “elenos”, séptimo desde la administración del expresidente César Gaviria Trujillo (1990-1994) al presente gobierno de Juan Manuel Santos (2014-2018).

Por Carlos Alfonso Ortíz*. El primero es que a diferencia de las FARC, en el plano político militar el ELN no ha sufrido sustanciales bajas estratégicas en su línea de mando, por ejemplo el COCE, cuerpo de dirección de esa guerrilla, se mantiene intacto y ha ampliado su número. Por otro lado, esta guerrilla se ha caracterizado por su obstinación a la hora de dialogar con los distintos gobiernos, donde ha puesto temas inamovibles a la hora de sentarse en una mesa de conversaciones. No obstante, surgen algunas dudas, según su último Congreso  –máxima instancia de participación– lo que se haya votado positivamente es por una “exploración que permita dilucidar verdadera voluntad de diálogo del gobierno”.

Por su parte, el gobierno de Juan Manuel Santos no busca algo diferente a lo alcanzado y conseguido con la primera guerrilla colombiana, las FARC. De forma que, si en el diálogo con las FARC no se puso en discusión el neoliberalismo como modelo de desarrollo, mucho menos espera hacerlo con el ELN. Por otro lado, espera que el ELN, al igual que las FARC, de muestras de voluntad de Paz con gestos unilaterales, que serán bien vistos por el establecimiento, quien a discreción tendrá a corresponder o no dichos gestos.

De lo anterior, recordemos que el modelo de desarrollo es un tema recurrente en las negociaciones con el ELN, especialmente lo Minero-Energético; a su vez abre la posibilidad para que la Sociedad Civil entre a participar con carácter vinculante, situación en la que sin duda se provocará a tratar contenidos que necesariamente pasarán por evaluar la forma y modo de desarrollo imperante. También, es propio de esta guerrilla exigir gestos recíprocos del establecimiento para el desescalamiento del conflicto, recuérdese las exigencias hechas por el ELN para el desminado en el Oriente Antioqueño, en el fracaso proceso de diálogo que se abrió con el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez.

Por último, la insistencia de esta guerrilla de abrir el proceso de diálogo a la Sociedad Civil es el tema que más preocupa. Como se ha dicho, el gobierno no concederá más de lo que ya cedió a las FARC, de modo que no tendrá problema en conceder espacios de Foros en la ciudad capital para que la sociedad participe, sin carácter vinculante, y así lleguen sus propuestas a los lugares de diálogos y conversaciones Gobierno-Insurgencia;  que para el caso de los diálogos con las FARC no fueron tenidas en cuenta y ni siquiera leídas, como bien lo revelaron los negociadores de esa guerrilla. Lo que nos hace pensar que con una guerrilla como el ELN, históricamente lenta en sus procesos decisorios, acepte y se ponga de acuerdo en el tipo de mecanismos de participación de la sociedad, lo que pondría una traba importante al proceso.

También cabe de señalar que lo que se denomina Sociedad Civil es tan amplio como amplias son sus formas y contenidos, de manera que en un país donde imperan las figuras representativas, es incierto que la sociedad en su conjunto encuentre verdaderos mecanismo de participación para que su voz sea tenida en cuenta.

CI CO/DM/20/2/17/13:30

*Carlos Alfonso Ortíz es Politólogo y candidato a Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia y colaborador de Colombia Informa Medellín.

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