Opinión

[Opinión] Mi camino por Brecht

12 feb. CI.- Bertolt Brecht (Augsburgo, 10 de febrero de 1898-Berlín Este, 14 de agosto de 1956) fue un dramaturgo y poeta alemán, que transformó para siempre nuestra concepción del arte y el teatro. Exponente de un teatro comprometido, supo colocar su obra al servicio de los oprimidos.

Por Juan Carlos Pérez*. Conocí a Brecht en un auditorio de la Universidad Cenda, en Bogotá. Era 1998 y se celebraban los 100 años de su nacimiento. El grupo de teatro popular El Ciruelo montó entonces La resolución de los comuneros, una obra que recopila algunos de sus poemas. Era la representación de la dialéctica del oprimido y el opresor: el campesino, el obrero, el explotado, se enfrentaba al capitalista, al comerciante, y a través de la rebelión, lograba liberarse.

Considerando que ustedes no consiguen

brindarnos un buen salario,

nos hacemos cargo de las fábricas

Considerando que sin ustedes podemos bastarnos

Considerando que ustedes entonces

Nos amenazan con fusiles y cañones,

Hemos acordado temerle, más que a la muerte

A ésta vida amarga que llevamos

Me enamoré entonces del teatro y de Brecht. Dejé la universidad y me puse a trabajar con El Ciruelo. Aprendí a montar zancos para hacer el papel del capitalista. Aún recuerdo los textos:

Río abajo hay arroz,

río arriba la gente necesita el arroz.

Si lo guardamos en los almacenes,

más caro les saldrá luego el arroz.

Los que arrastran las barcas recibirán aún menos.

Y tanto más barato será para mí.

Pero ¿qué es el arroz realmente?

¡Yo qué sé lo que es el arroz!

¡Yo qué sé quién lo sabrá!

Yo no sé lo que es el arroz.

Solo se cuánto vale.

Nos presentábamos en los sindicatos, en las marchas estudiantiles, en los barrios del Sur de la ciudad. Éramos jóvenes, idealistas y queríamos llevar un mensaje claro, contundente. Fue mi escuela, la escuela del teatro popular, un teatro un poco tosco, voluntarioso e impaciente, pero lleno de ideas y de fuerza.

Años después, con otro grupo y otra gente, decidimos montar la vida de Galileo Galilei, esa obra que reflexiona sobre el papel de la ciencia y la verdad en la historia.  La obra original está pensada para unos 20 actores y más de dos horas de duración. Nosotros éramos apenas cinco y no nos daba para las dos horas, así que hicimos nuestra propia adaptación: un juego de teatro dentro del teatro, mostrando las dificultades de un grupo de actores y actrices noveles que quieren montar la vida de Galileo.

Conocí entonces a otro Brecht, irónico, buena vida, amante de las mujeres y los placeres, que no está dispuesto a hacerse cortar el cuello por ninguna verdad, pero busca la manera de decirlas todas. Galileo cede ante las presiones de la inquisición y decide abjurar de la verdad, sus discípulos se sienten decepcionados:

Andrea: pobre del país que no tiene héroes.

Galileo: Oh no, más bien pobre del país que necesita héroes.

Estudiando a este Brecht entendí cómo funcionaba la sabiduría popular y el sentido común de los oprimidos, como se va desarrollando esa conciencia de clase a través de procesos dialécticos, contradictorios y ambiguos.  Aprendí a ser paciente y a esperar, pero sin perder la fe en el ser humano y en su razón. En un momento de la obra, Galileo dice:

No hablo de su astucia. Sé que llaman al asno caballo cuando lo venden y al caballo asno cuando lo quieren comprar. Esa es su astucia. La vieja, que la noche antes del viaje le da con su mano seca un haz de heno más al mulo, el navegante que, al comprar provisiones, piensa en la tormenta y en la calma chicha, el niño, que se pone la gorra cuando se le demuestra que puede llover, todos ellos son mi esperanza, todos atienden a razones. Sí, tengo fe en la suave violencia de la razón sobre los hombres. A la larga no pueden resistírsele. La seducción que se desprende de una prueba es demasiado grande. La mayoría se rinde a ella, y a la larga todos. Pensar es uno de los mayores placeres del ser humano.

Estas palabras dicen mucho de un escritor perseguido por los nazis en Europa y por los anticomunistas en Estados Unidos. Después me enteré que Brecht estaba en la base de mucho de lo que me gustaba en el teatro: de las obras del Teatro la Candelaria, de las investigaciones sobre los juglares medievales de Darío Fo, de los textos delirantes de Heiner Müller. Y descubrí que todos los que nos dedicamos a las tablas, sobre todo en países tan convulsionados como el nuestro, somos de alguna manera u otra brechtianos.

Entonces Brecht siempre ha estado hay, en mi vida en el teatro, en la política, en las contradicciones del día a día.  A veces -cuando me siento muy comprometido en una situación- recuerdo el consejo que le daba sus actores y actrices: mirar la escena como si le estuviera sucediendo a otra persona, para tomar una distancia crítica y reflexionar. Pensar hoy es más necesario que nunca, y Brecht es uno de esos autores que nos ayudan a pensar.

CI JP/PC/12/02/18/10:12

* Juan Carlos Pérez. Dedicado al Periodismo y al Teatro. Ha publicado artículos y reseñas en diferentes revistas y periódicos colombianos. Es colaborador de Colombia Informa-Bogotá.

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