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[Opinión] La Unidad soy Yo

2 ene. CI. – Con la reciente precandidatura presidencial por parte de un sector del progresismo moderado, representado en la hoy senadora Claudia López, del Partido Verde -que se suma a las ya anticipadas y anunciadas precandidaturas de otros personajes de las posiciones del infantil izquierdismo colombiano, como es el caso de Gustavo Petro y Jorge Robledo-, nos evidencia de forma tangible, que la nota predominante dentro de lo que pudiese llamar la oposición política de tímidos tintes de izquierda, es la desunión y el endiosamiento de los que se reclaman para sí únicos y verdaderos representantes de un interés nacional.

Reclamándose salvadores y/o salvadoras de un país en la hecatombe, estos precandidatos buscan la unión en el nombre, prestigio y dignidad. Sus análisis personalistas y amañados juega con las favorabilidad política del marketing, más que con la propuesta de unidad de la nación y propuesta de país para la vida en condiciones dignas. Se lanzan al ruedobcon una presumible ingenuidad de que la correlación de fuerzas hoy aún está a favor del bloque dominante, quien detenta el poder; así que el nombre es lo de menos.

Las distintas facciones de la clase dominante se disputan, claramente, detentar la posición del ejecutivo dentro de esta malograda monarquía constitucionalista; pero tendrán muy hábilmente la capacidad de reagruparse en torno a intereses que no le resulten negativos, o al menos que representen un mal menor. Siendo así, por ejemplo, el posible apoyo del Centro Democrático a Germán Vargas Lleras, ansioso candidato de las presidenciales de 2018.

Por el contrario, en los reclamados y vociferados representantes de la oposición, cada cual queriéndose erigir como una institución propia que parodia al monarca francés: La Unidad soy Yo, la soberbia los obliga a sentirse impedidos “ética” y “moralmente” a otras opciones de la matizada y desdibujada izquierda-centro colombiana.

Vamos a ver dentro de la proclamada y aclamada apertura democrática para los miembros de las antiguas FARC, la aceptación dentro de sus movimientos políticos y campaña proselitista de estos hombres y mujeres, y sus posibles candidaturas o apoyos electorales.

Una sencilla lección de este periodo que vive el país político es que la Unidad de los de abajo- y sus ciertos o no representantes- es el único triunfo deseable como primera escala; luego vendrán los nombres o nominaciones frutos del consenso y el diálogo. De no ser así, y proseguir en el malogrado camino de la desunión, serán bruscamente derrotadas en las urnas y en las plazas públicas.

Quienes aspiren a hacer de Colombia un país de alternativas o reformas, deben de dejar de actuar de manera conservadora y poco creativa, su gueto no es dueño de las soluciones, sus personajes, por uno u otro motivo, están desgastados y sumidos en pompas de jabón, por ello la mejor opción siempre será la unidad.

CI CO/DM/2/1/17/17:56

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