Opinión

[Opinión] El odio campante

1 dic. CI.- El odio que sobresale entre otras cosa como resultado del proceso y negociación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, es un escollo difícil de afrontar. Cabe observar críticamente que la estrategia de campaña del odio contra las ideas y personas de izquierda (emprendida por sucesivos Gobiernos de derecha desde la década de 1940 a la actualidad) tiene una fuerte repercusión en la sociedad colombiana.

*Por Carlos Ortiz. Esta campaña se alimentó siempre del miedo, la exclusión, el apartamiento, la estigmatización y la mentira. Supuestos de un enemigo interno, de una amenaza externa, de una serie de mitificaciones de la opinión diferente, de un actuar no parecido al comportamiento de lo “normal” son los argumentos básicos y rasos para no desear la presencia del “otro”, el “distinto”, el de “izquierda” son escenarios comunes. Al prójimo se le mira como un ser indeseable, un monstruo, alguien a quien se le despoja en palabra y hechos de su dignidad como persona.

Las recientes amenazas a reconocidas figuras políticas a quienes califican de “izquierda” o “comunistas” y la persistente renuencia a aceptar la reincorporación de exmiembros de las FARC, son muestras suficientes de que el camino hacia la Paz Estable y Duradera es más que un gesto de voluntad política.

La campaña del odio es de completa responsabilidad de las clases dominantes, quienes han posicionado discursos e iniciativas contra las personas y colectividades que opinan diferente. Su marcado sesgo excluyente los coloca como responsables directos de los más graves hechos de persecución y muerte. El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el ataque indiscriminado a las familias asentadas en zona rural de Marquetalia en la década del 60, la persecución y exterminio a la Unión Patriótica, las centenares de masacres ejecutadas a lo largo y ancho del país por el Proyecto Paramilitar, entre otros hechos; tienen como nota predominante la excusa de salvaguardar los más altos valores de la fe cristiana, los valores democráticos y la lucha contra el comunismo.

Y no puede ser más triste el panorama que cuando observamos hoy a jóvenes encerrados en campos ideológicos que promueven la exclusión, adoleciendo de una verdad completa, se entregan a intereses mezquinos y abyectos, como fieles sacerdotes imparten homilías de segregación. Las voces del Estado (impávido o cínico) hacen tristes llamados a la reconciliación y la calma, mientras desata sus pies contra la protesta social a la cual criminalizan; a su vez, ata sus manos a la protección efectiva de las y los defensores de Derechos Humanos.

Son años y años del posicionamiento ideológico y violencia política ejercida por las clases dominantes. Una anhelada reconciliación pasa por encontrar verdad y justicia ante los graves hechos violatorios de la dignidad humana. Mientras esto no se cumpla, la ola de violencia continuará. Jóvenes: La verdad os hará libre. Libres de odios infundados, libres de persecuciones y señalamientos desafortunados, libres de opiniones amañadas o cortas; en fin, libres de estupideces.

CI CO/PC/01/12/17/07:00

*Carlos Ortíz es Politólogo y candidato a Magíster en Estudios Políticos, de la Universidad Nacional de Colombia, y colaborador de Colombia Informa Medellín.

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