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[Opinión] Diálogos en medio de la guerra para construir la paz

17 abr. CI. – La apertura oficial de los diálogos de paz entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional ELN, deja una gran expectativa en un momento en el que los negociadores resaltaron que este sería un proceso diferente al de La Habana con las FARC-EP porque contará con la participación activa de la sociedad. La agenda trazada da un papel preponderante y determinante a la sociedad colombiana y a las víctimas de la guerra de clases sostenida por más de 50 años.

La orientación que se le ha dado a este nuevo proceso deja en evidencia que el problema en Colombia no es entre la insurgencia y el gobierno, este no es solo un conflicto armado, es un conflicto derivado de la lucha de clases, producto de una burguesía despótica que ha excluido, explotado, criminalizado y perseguido a la clase popular. La barbarie ha sido tal que la misma burguesía ha eliminado de sus camino a burgueses que quisieron abrirse paso con propuestas no oficiales como el hijo del expresidente Laureano Gómez, y candidato presidencial, Álvaro Gómez Hurtado asesinado el 2 de noviembre de 1995 en Bogotá, así como Luís Carlos Galán Sarmiento, asesinado el 18 de agosto de 1989 en plena campaña por la presidencia.

También fueron eliminados los candidatos presidenciales de la izquierda, por el Partido Unión Patriótica, Bernardo Jaramillo Ossa (22 de marzo de 1990) y Jaime Pardo Leal (11 de octubre de 1987). La metodología expuesta en la presentación oficial del proceso de diálogo el día 30 de marzo, en Caracas, hace pensar que los errores cometidos en otros procesos, gracias a las traiciones de la derecha y los gobiernos de turno, no se repetirán esta vez.

Valga la pena recordar la traición a los acuerdos con el Movimiento Comunero en 1871 en el que después de la negociación fue asesinado el Líder Comunero José Antonio Galán. Los diálogos con las guerrillas liberales en 1954 también tuvieron el mismo fin, sus voceros fueron exterminados y Guadalupe Salcedo, líder de estas guerrillas, fue masacrado en Bogotá en 1957.

Así mismo, la masacre de más de 3 mil militantes de la Unión Patriótica, partido surgido de los diálogos y acuerdos de paz de 1986. El M-19 corrió la misma suerte, se reinsertó y su máximo dirigente Carlos Pizarro Leongómez fue asesinado el 26 abril de 1990 en pleno Aeropuerto Internacional el Dorado, cuando era candidato presidencial.

Es por esto que el Gobierno, la Insurgencia y el Pueblo, deben construir confianza y un fuerte marco ético que evite que los hechos pasados fomenten el escepticismo. La decisión política del pueblo y la insurgencia de asumir los retos de los diálogos son muestras de que ya no se le teme a nada. El pueblo colombiano ha sido históricamente masacrado y sabe que hay que hacer todos los esfuerzos y sacrificios por generar cambios favorables para las mayorías. Al ELN, por su parte, le corresponde demostrar un alto valor revolucionario y un amor muy profundo por el pueblo; salir de las montañas y de la clandestinidad para continuar al lado del pueblo buscando transformaciones para el conjunto de la sociedad.

Acuerdos para todos

Si el ELN firma con el Gobierno unos acuerdos que solo beneficien a la insurgencia este proceso tendrán el final que tuvieron los anteriores. Por esta razón, se está asegurando que este es un proceso del pueblo y seguramente serán las organizaciones sociales, políticas y el movimiento de víctimas quienes vayan firmando, paso a paso, la paz.

Este proceso se inicia en un momento signado por el fin de los diálogos de La Habana, la alta intervención imperial en América latina y el Caribe, el alto flujo criminal del paramilitarismo, la arremetida del Gobierno de Juan Manuel Santos y un alto auge del movimiento de masas colombiano dinamizado por la defensa de los Derechos Humanos, defensa del ambiente y los recursos naturales, luchas por la reforma agraria, contra las privatizaciones y un grande Movimiento Nacional por la Paz.

En este contexto, estos diálogos representarían un importante aporte a la solución del conflicto económico, social y político si logra incluir, involucrar y empoderar en el proceso a todo este movimiento de masas que no se sintió reflejado en los diálogos de La Habana. Importante, también, que se impacte en los procesos de unidad del movimiento popular, social y político para así llamar la atención de los que el Sacerdote Camilo Torres Restrepo llamó los no alineados, para construir un Consenso Nacional por la Paz que por su robustez sea irreversible e invulnerable por los grandes enemigos de la paz.

Solo así será posible un salto en la correlación de fuerzas y en la lucha de clases por la vida y la paz, que facilite ir construyendo una nueva cultura ciudadana que dignifique la acción política. Que permita poner en el accionar del conjunto del movimiento revolucionario las tareas y la agenda para verdadera democracia incluyente y participativa en Colombia. Otra consecuencia es que se afianza la voluntad política de consolidar a América Latina y el Caribe como territorio de paz, lo que debe frenar las iniciativas desestabilizadoras y belicosas del gobierno estadounidense y las derechas fascistas que él conduce en la región.

La sociedad colombiana, su movimiento revolucionario, social y político tienen un cuarto de hora histórico para hacer suyo este proceso de paz, llevándolo a todos los rincones para que no quede un solo ciudadano excluido e indiferente a esta causa. Que el ELN, y la insurgencia en general, sea garante del ejercicio político de participación popular en su tarea de construir una sociedad justa y fraterna.

Además, es conveniente que este proceso se realice en países fronterizos puesto que la guerra en Colombia ha logrado permear a los países vecinos , a los pueblos y ciudadanos de frontera. En este sentido, las organizaciones sociales de los países vecinos a Colombia, proponen que se abran espacios de participación a los pueblos fronterizos afectados por esta guerra, de modo que se construyan muros fronterizos infranqueables, que blinden el proceso y lo hagan propio.

Igualmente, le corresponde también a las entidades territoriales, instituciones oficiales, al movimiento popular, social y político construir un Gran movimiento por la Paz en Frontera para construir en los países y corredores fronterizos bases de paz, una iniciativa que fue desarrollada por el expresidente Hugo Rafael Chávez Frías.

CI RR/DM/17/04/16/13:35

Equipo de Redacción y corresponsalías de Colombia Informa en Norte de Santander.
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