Opinión

[Opinión] Cuando la noticia es Venezuela

30 jul. CI.- “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo’, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lucas 6, 41-42).

Por Carlos Alfonso Ortíz L*. En el esquema noticioso de las últimas semanas, en las grandes cadenas de televisión, radio e internet en Colombia, la noticia destacada, principal y de arranque en los noticieros, programas radiales matinales y portales de noticias web es el vecino país: Venezuela.

El gobierno colombiano escudado por la sobre medida de noticias que hacen de Venezuela, se jacta del hecho de poseer mejores indicadores de gobernabilidad. Sin embargo, la nula independencia de los medios de comunicación colombianos los convierte en pocos confiables y veraces -hay que ver que los principales medios que nos informan pertenecen a las grandes familias Sarmiento, Ardila y Santodomingo-, por tanto la sospecha es recurrente al pensar que el país en una verdadera crisis es el nuestro, el país del sagrado corazón de Jesús y no la nación vecina.

¿Qué pasaría si dejáramos de lado las noticias de Venezuela, pese a todo, y nos preguntáramos por qué tanto interés en este país y por qué tanto descuido de informar, investigar y reporta sobre nuestra propia realidad?

Se le ha dado una importancia sospechosa y bastante mal intencionada a lo que pasa en Venezuela y se solapa e ignora la información, al tiempo que ejercer la labor periodística no se centra en abordar temas de interés del público colombiano. Por ejemplo: ¿Quién se pregunta por las investigaciones en los casos de los asesinatos a los líderes y lideresas sociales? ¿Quién se pregunta qué está detrás de los crímenes de Estado llamados vulgarmente como “falsos positivos” como crímenes para ser juzgados por la JEP cuando estos no se hicieron en el marco del conflicto? ¿Por qué no se informa a profundidad sobre el caso del Fiscal Anticorrupción corrupto y sus padrinos políticos? ¿Por qué siguen presos los jóvenes capturados por el atentado del Andino, cuando las pruebas no son contundentes y cuando se habla de descongestionar las cárceles por delitos menores o personas sindicadas sin mayor sustento?

¿Por qué no se envía un reportero a cubrir el proceso de diálogo Gobierno-ELN? ¿Por qué no se indaga sobre las fatalidades de nuestro sistema de salud y el número de muertes que produce? ¿Por qué aquí no hay filas para comprar alimentos sino para pagar impuestos, siendo uno de los países de la región con la mayor carga tributaria e índices de corrupción? ¿Por qué no se hace una investigación periodística de fondo en el caso Odebrecht y sus consecuencias en las elecciones de 2010 y 2014? Y un largo etcétera.

No, esto no interesa a los medios de comunicación colombianos, sensacionalistas y de formato amarillista, en los que se presentan noticias con titulares llamativos, escandalosos o exagerados, en esta caso Venezuela, donde al parecer el fondo de la noticia es la piedra, el gas lacrimógeno, la muerte y las torpes intervenciones de su presidente, como si aquí gozáramos de tener un país sin inconformismo social, sin brutalidad policial, libre de violencia y de políticos profesionales en su oficio y bien preparados, descuidando informar sobre la presente movilización indígena, campesina y minera, en departamentos como Antioquia, Cauca y Meta o sobre el Alcalde de la ciudad capital colombiana que mintió sobre sus títulos académicos y se destaca por sus frases que recrean lo más ruin y lerdo de nuestra clase dirigente.

Venezuela y su fatal doctrina “CastroChavista” se ha convertido en la mejor y más acertada excusa para evadir lo que a nosotros nos pasa como país, y dentro de nuestras fronteras. Es recurrente escuchar entre propios y extraños sentirse apenados por la situación de Venezuela, como si se estuviera en un país de leche y miel, como si compadecerse del otro nos hiciera mejores, como si cerrar los ojos nos absolviera de nuestra propia crisis. Crisis que, siguiendo al filósofo italiano Antonio Gramsci, no puede ser otra cosa que lo que ha de nacer no nace y lo que ha de morir no muere.

CI CO/DM/30/7/17/12:00

*Carlos Alfonso Ortíz L. es Politólogo y candidato a Magíster en Estudios Políticos, de la Universidad Nacional de Colombia, y colaborador de Colombia Informa Medellín.

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