#ContarParaSanar

Nosotras no somos juguetes de nadie

3 oct. CI.- En las universidades, públicas o privadas, pocos estudiantes niegan haber sido víctimas de acoso sexual. Casi siempre estos actos ocurren contra las mujeres.

*Escrito por Angie Jimena Nieto Alonso. Frases como “ella se lo buscó”, “¿para qué vienen con esos vestidos tan cortos?”, “es la única forma de que pase la materia” son comunes en estos casos.

Los comentarios obscenos sobre el cuerpo de las estudiantes son comunes en los salones de clases. Ninguna mujer hace una exageración a la hora de revelar que es víctima de acoso sexual por parte de algún docente, recibir invitaciones, mensajes fuera de hora, comentarios subidos de tono o incluso amenazas como perder la asignatura si no acceden por lo menos a “un vinito”.

En diversos lugares de Colombia hay casos de acoso sexual por parte de los educadores, bien sea en colegios o en centros de educación superior.  Desafortunadamente, me ha tocado ser testigo de las miradas, comentarios y demás, de algunos de los profesores a mis compañeras de clase. Más que intimidante, es indignante ver este tipo de actuaciones hacia nosotras. Me pregunto: ¿seremos para esos docentes un simple pedazo de carne?, ¿merecemos perder la materia por no acceder a sus fetiches o peticiones?

Uno de los casos que conozco no tuvo mayor trascendencia, por fortuna, cuando el “distinguido” docente se enteró de que la alumna a la que hacía miradas, comentarios e intimidaciones es la hija de uno de sus amigos.

Pero hay otros que van más allá: un “honorable” profesor de planta (del que no revelaremos su identidad por petición de la afectada) hizo tantos comentarios sexuales y amenazas de que perdería la materia, que la estudiante tuvo que retirarse de la carrera para no tener que verlo de nuevo. Esto después de que el mismo profesor hiciera que ella repitiera la materia dos veces.

Las probabilidades de que las estudiantes denuncien son muy pocas ya que la mayoría de docentes son “amiguísimos” y entre ellos se arropan con la misma ruana. Tener que vivir y estudiar en un ambiente como estos es triste y decepcionante. ¿Sabrán esos docentes que existen leyes que los pueden llevar a la inhabilitación y hasta pagar cárcel por este tipo de actos?

La Ley 18.651, que consta de 17 artículos, establece todas las protecciones a las afectadas por acoso sexual en el ámbito educativo y laboral. Sin embargo, en Colombia solo 10 procesos de acoso sexual llegan a un proceso penal. ¿No es indignante?

Las mujeres no somos el pasatiempo de los docentes. No nos sentimos cómodas si recibimos un piropo por parte de ellos. Si creen que nos gusta, la respuesta es: ¡NO! Al contrario, nos hacen sentir sucias e imposibilitadas a la hora de desarrollarnos totalmente en el aula de clase.

Muchas veces preferimos no hacer preguntas y no acércanos al profesor para evitar comentarios inadecuados. Y esta no debe ser nuestra actitud. Todas merecemos respeto. ¡Denunciemos!

CI PC/03/10/17/10:20

*Angie Jimena Nieto Alonso es estudiante de la Universidad Francisco de Paula Santander, Sede Ocaña, y colaboradora de Colombia Informa.

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