Conflicto y Paz

Los avatares del Magdalena en medio del paramilitarismo [Parte III]

4 feb. CI.-  En la época de 1999 otro de la línea de sucesión dinástica de los Vives: Juan Carlos Vives Menotti, era el Gobernador de Magdalena, el mismo que cuando se desempeñaba como Director de Estupefacientes, el gobierno panameño lo investigó debido a fuertes sospechas que lo relacionaban con el presunto delito de lavado de dinero, que estuvo relacionado con el caso de su medio hermano Patricio Vives, condenado en EEUU por tráfico de drogas.

Por Víctor Garavito. En 1999 los nombres de Pepe Vives, Edgardo Vives, Nacho Vives, Juan Carlos Vives, Luis Eduardo Vives y Joaquín José Vives, seguían presentes en la escena regional; mientras la clase política del Magdalena sufría un devastador proceso de descomposición de la que jamás se ha logrado recuperar, hasta el punto que el departamento llegó a tener tan solo un parlamentario, dado que sus más destacados dirigentes fueron condenados por parapolítica, como le sucedió a Fuad Emilio Rapag Matar, quien fue la fórmula que acompañaba al hoy representante Eduardo Agatón Diazgranados Abadía en las elecciones del 2010.

Rapar y Diazgranados fueron acompañados por la mayoría de los Concejales de Ariguaní, en un gran evento proselitista organizado en El Difícil por el grupo político del actual alcalde, Rivelino de Jesús Mendoza Ballestas, a mediados de octubre del 2010. Los dos candidatos lograron obtener una cuantiosa votación de parte de los ariguanenses, lo que fortaleció la primera Administración Municipal de Mendoza Ballestas.

En otros hechos, en septiembre de 1999, se reportaba que una buseta de servicio intermunicipal, adscrita a la Empresa Brasilia, era incinerada por un “reducto guerrillero” sobre las 4:30 de la madrugada, en el puente sobre el río Ariguaní en inmediaciones del corregimiento de la Loma del Bálsamo del municipio de Algarrobo.

Sin embargo, la nota de prensa no precisa a qué agrupación pertenecía ese “reducto”, como lo describe el periódico El Informador; lo que da cuenta del pésimo ejercicio periodístico que se hacía en la región, limitado exclusivamente a transcribir los comunicados de prensa de la Policía o el Ejército, sin indagar, confirmar o ampliar las noticias, ni mucho menos a contextualizar las múltiples realidades por la que a travesaba el departamento. Era una prensa que no hacía reportería y se limitaba a cubrir  los hechos desde las sala de redacción de los periódicos.

Así mismo, los municipios de Zona Bananera, Aracata, Fundación y Ciénaga, así como el distrito de Santa Marta, sufrieron las consecuencias de un atentado contra dos torres de energía eléctrica de Traselca. De este hecho, la prensa tampoco precisó los detalles ni señaló a los responsables.

Por su parte, la clase política del departamento se preparaba para el evento del año: el homenaje que le brindarían el 24 de septiembre a los más destacado dirigentes regionales del momento, Jesús Armando Pomarico Ramos y Miguel Pinedo Vidal.

En los pasillos de la Gobernación, la Alcaldía, el Concejo o la Asamblea no se hablaba de otra cosa. Al evento asistió lo más granado y excelso del Magdalena; este acto que se realizó en la Quinta de San Pedro Alejandrino, contó con organizadores, que después serían noticia nacional como la concejala Uldis Pérez Maestre y el exdirector del DAS, Jorge Noguera, quien fue condenado en octubre de 2016 por la Corte Suprema de Justicia y en esa época le hacía el trabajo sucio a la Presidencia de la República mientras Álvaro Uribe Vélez lo llamaba “el buen muchacho”.

Hoy la Gobernación del Magdalena fue heredada y sigue la línea de sucesión que le impone la familia Cotes. El primero fue el anterior mandatario departamental Luis Miguel Cotes Haybech; ahora su tía, Rosa Cotes Vives, esposa del exalcalde de Santa Marta, Francisco ‘Chico’ Zúñiga, condenado por parapolítica.

Los que olvidaron a Palmera

En toda la historia política de Ariguaní nadie ha logrado superar el carisma y la proyección nacional que tenía Andrés Alfonso Palmera Anaya, aún hoy los sectores populares lo recuerdan, al tiempo que su ideario está anidado en el corazón de muchos ariguanenses. No obstante, la actual dirigencia prefiere dejarlo en el olvido. Quizás, porque su ejemplo sigue siendo peligroso para la clase política de la región, frente a las intestinas disputas políticas que se mantienen por el poder y el manejo de los presupuestos municipales, de cara a las próximas elecciones.

A pesar de ello, el ejemplo de Andrés Alfonso Palmera Anaya cobra hoy más vigencia que nunca, porque él jamás claudicó ante los narcoparamilitares, como sí lo hizo la mayor parte de la clase política magdalenense, que vive una paulatina degradación de la controversia política e impide la construcción de verdaderos espacios de participación y fortalecimiento de la democracia local de todos los municipios del departamento.

Así mismo, la crisis ética y moral que se vive, derivaba del hecho de tener tanto dirigente condenado por la parapolítica, dejó al descubierto la incapacidad de sus líderes y la aparición de nuevos nombre que surgen en la escena regional, además de esas familias que aún insisten en perpetuarse en el poder y que siguen enredadas y emparentadas con los paras, el despojo de tierras y la corrupción. Esas familias seguramente lanzarán a sus hijos o familiares en los próximas comicios electorales.

Es más, para Palmera Anaya sería impresentable que algunos de sus familiares, discípulos o quienes intenten servirse de su legado, hoy estuvieran militando o haciendo parte de grupos políticos cuestionados o que sus máximas figuras fueran condenadas por la parapolítica, como es el caso del exsenador Luis Albero Gil Castilla y el exgobernador de Santander, Hugo Heliodoro Aguilar Naranjo. A pesar de ello, su hermano Aníbal Palmera hace parte de Opción Ciudadana; aunque, toda argumentación y enmendadura es posible porque los profesionales de oficio político siempre manifiestan que: “La política es dinámica”, con el fin de acomodarse con el mejor postor.

Por eso ante la nueva arremetida del narcoparmilitarismo, llámese “Clan Úsuga, Águilas Negras, Bacrim o Ejército Antirestitución de Tierras”, en el Valle del Río Ariguaní todos quieren olvidar y reacomodarse nuevamente ante las realidades de una guerra que parece estar a punto de estallar otra vez bajo la mirada cómplice del Estado.

Pero lo más grave aún se acaba de presentar. El el pasado 9 de septiembre se conmemoraron los 17 años del vil asesinato de Andrés Alfonso Palmera Anaya, y la Administración Municipal, que se encuentra en manos de quien fuera su exjefe de Planeación, el hoy alcalde Rivelino Mendoza Ballestas, ni siquiera se acordó de esta fecha que reivindica a la memoria y a las víctimas del conflicto armado del Valle del Río Ariguaní.

Estas realidades y hechos demuestran que una figura como la del exalcalde Andrés Palmera sigue siendo una amenaza para muchos y seguramente hoy haría una férrea campaña contra quienes claudicaron frente a los narcoparamilitares. Por eso, sigue siendo peligroso hablar de él en Ariguaní.

Entre la complicidad del Estado y la impunidad: el caso del municipio de Ariguaní [Parte I]

Colombia, septiembre de 1999: entre el paramilitarismo y la crisis económica [Parte II]

CI VG/DM/4/2/17/11:15

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