Educación

La Universidad de Antioquia y su histórica disputa por la democracia

10 abr. CI.- El anuncio de la elección de un nuevo representante estudiantil al Concejo Superior, en la Universidad de Antioquia, tiene a la comunidad estudiantil bastante consternada, en especial a las organizaciones estudiantiles y expresiones políticas en un momento en el que los escenarios de participación se han institucionalizado. Además, la Universidad, desde la entrada en vigencia de la Ley 30 de 1992, solo ha tenido dos representantes estudiantiles.

Antecedentes

Hasta ahora los representantes han sido Sergio Guzmán, de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, en el periodo de  1992 y 1993, al cual la Asamblea le pidió su renuncia por un conflicto al interior del movimiento estudiantil que incluso paralizó a la Universidad algunos días. Wilmar Mejía, en el periodo 2003 y 2004, del Instituto de Educación Física, que completó su periodo de representación, pero el movimiento estudiantil igual le cuestionó los viajes y la falta de control sobre el representante.

Otro antecedente fue cuando la Asamblea de estudiantes designó a tres observadores en el Consejo Académico en 2009, con el fin de analizar si se volvía a retomar la representación en dicho espacio, pero finalmente en ese momento se abstuvieron de volver.

El contexto

No ha sido fácil la relación entre la Universidad de Antioquia y el buen desarrollo de un esquema para la participación democrática de sus estamentos, quizá la respuesta sea tan sencilla como que el país, y concretamente el departamento de Antioquia, han sido y son enteramente antidemocráticos, pero esa respuesta puede servir como una portezuela para buscar una salida fácil al grave problema y es lo que en ocasiones se siente cuando se escuchan discusiones dentro del recinto académico sobre las diferentes posiciones a la hora de tocar el tema de la participación, los espacios de deliberación, la construcción de universidad y la democracia universitaria ¿Cuál es entonces el problema? ¿Qué ha sucedido en la historia reciente que hace que este tema sea tan dispendioso?

El pasado 20 de febrero, la rectoría emitió las Resoluciones Rectorales 42577 y  42600 que regulan y convocan la elección del representante estudiantil ante el Consejo Superior. La noticia tomó por sorpresa a la comunidad universitaria porque era un tema que se había venido conversando entre salones, pasillos, jardineras y asambleas pero que hace 13 años no se asumía como una realidad tan latente. Contra todo pronóstico el actual rector Mauricio Alviar pretendió “ampliar el esquema de participación a los estamentos”; sin embargo, la convocatoria estuvo precedida por algunos hechos relevantes para el momento político de la Universidad de Antioquia.

En 2015 la comunidad universitaria cuestionó y reaccionó frente a la acción autoritaria de Mauricio Alviar de cambiar el examen de admisión sin la concertación  previa con quienes construyen a diario la UdeA (estudiantes, profesores y trabajadores). En este sentido, los estudiantes organizados nuevamente en Asamblea iniciaron una movilización que soportó la derogación del Acuerdo 480 del 21 de agosto de 2015 que legislaba la implementación del nuevo examen pero dejaba de lado las múltiples falencias que se presentaron en su aplicación. Este hecho marcó un precedente para Alviar que, ante una acción antidemocrática, obtuvo una respuesta consciente, crítica y argumentada de la comunidad universitaria.

Otro hecho importante fue la petición de reabrir el espacio reglamentado por la Ley 30 de 1992 de un integrante del estamento estudiantil ante el Consejo Superior Universitario, por parte de dos grupos de estudiantes, cuyos argumentos se sustentaron en el derecho a la representatividad y la participación política dentro del escenario máximo institucional de la universidad (por organigrama). Los estudiantes tienen como principio defender la democracia como expresión del debate amplio y constructivo en el que las opiniones y posturas de los diferentes estamentos deben ser asumidas de una manera incluyente, no como un mero ejercicio obligatorio de consulta.

Bajo esta premisa los estudiantes se reunieron en Asamblea el pasado 15 de marzo para debatir sobre la posibilidad de elegir un nuevo representante estudiantil ante el Consejo Superior, pero las opiniones a favor y en contra no se hicieron esperar, muchos manifestaron un rechazo rotundo a esa figura por considerarla improcedente. Otros consideraron ese escenario como una oportunidad política para la acción, como un medio para empezar a revivir el movimiento estudiantil que ha decaído con los años, además de asumir al representante como una figura significativa para la democracia representativa.

La asamblea que se postergaría por casi 6 horas terminaría arrojando un balance positivo en términos del debate, dejando sobre la mesa propuestas que nuevamente le demostrarían a la comunidad universitaria, incluyendo los tan criticados administrativos que de un buen espacio de deliberación y concertación pueden salir grandes propuestas. Dictaminaría la asamblea entonces que se exige la realización de una consulta estudiantil donde sean los mismos estudiantes quienes determinen si se acepta o no la reapertura de este espacio para la representación estudiantil; la Asamblea nuevamente mostró su importancia y la administración central asumió la exigencia y convocó para el día jueves 6 de abril de 2017 la consulta estudiantil que definiría el rumbo de la representación estudiantil.

El análisis

La pasada Asamblea de estudiantes fue nuevamente una muestra de poder estudiantil; la exigencia a la administración para que antes de convocar elecciones se realizara una consulta al estamento podría considerarse como una pequeña victoria ante las conocidas arremetidas antidemocráticas de los gobiernos colombianos y que las administraciones universitarias expresan cotidianamente. Preguntar de manera incluyente sobre sí se reabre o no la representación es la acción más acertada ante un momento que requiere de un análisis profundo que no nos lleve a cometer errores en la acción, pero que también nos posibilite la no omisión de posibles actos que puedan ser funcionales a las propuestas históricamente construidas por el estudiantado.

Es evidente que los tiempos han cambiado en la Universidad de Antioquia y con ellos los sujetos que la habitan; las proyecciones y las perspectivas con las que se ingresa a la Universidad son diferentes hoy a cómo eran en los noventa, ochenta o en los tan añorados años setenta; esta verdad de Perogrullo es relevante cuando se asume desde una perspectiva de lectura crítica sobre el momento actual de la universidad.

Quisiera, en este punto hacer una reflexión sobre el cómo asumimos la historia, somos muy críticos con la historia tradicional que nos vende el paso del tiempo como un escenario lineal, sin variaciones y que pretende llegar a un punto más alto de la civilización; pero en ocasiones utilizamos los mismos hechos del pasado para justificar posiciones cerradas y poco críticas ante la vida, no puede creerse entonces que los hechos acaecidos anteriormente van a repetirse per se. Quienes nos consideramos de izquierda, vemos de buena manera la propuesta leninista de asumir la lucha desde diferentes perspectivas, pero esa premisa nos propone un reto mayor, el aprendizaje y fiel análisis de los entornos sociopolíticos en que nos desarrollamos para así ir definiendo cuáles son las formas más acertadas para construir nuevas sociedades.

Es un error dialéctico pretender que los hechos del pasado van a repetirse tal como sucedieron anteriormente, acá la historia debe servirnos para aprender de ella y mejorar los esquemas de acción para no cometer errores. Nunca para justificar de manera ramplona una omisión o una acción que en tal o cual caso puede ser un rotundo error.

Por último, pero más importante que los otros elementos de análisis, hay que comprender la democracia como un todo que debe de construirse desde abajo, si creemos que con el simple hecho de participar en el Consejo Superior vamos a solucionar problemas de nuestra universidad estamos completamente equivocados, cualquier escenario de participación que se asuma debe, sí o sí, estar respaldado por todo un proceso de base política consciente que pueda construir previamente las decisiones de manera democrática. En este sentido, el momento político tan crítico que sufrimos, no solo en la Universidad de Antioquia, sino en toda Colombia, debe de llevarnos a generar espacios de participación amplia, cotidiana y deliberativa; en nuestro caso, los Concejos Estudiantiles como escenario para la construcción de nuestras Facultades, Escuelas e Institutos; el impulso de más grupos de estudio críticos, de semilleros de investigación y todo lo que nos permita aportar al desarrollo de nuestros pueblos.

CI AB/DM/10/4/17/16:10

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