Géneros

La lucha y el arte de las mujeres palestinas

22 feb. Por Brasil de Fato*. En Occidente el estereotipo de las mujeres árabes, principalmente las musulmanas, casi siempre está vinculado a la sumisión y la pasividad. La noción de superioridad de las naciones occidentales se fundamenta muchas veces en una supuesta idea de que vivimos en una sociedad más avanzada en relación a derechos e igualdad social.

Sobre la base de este estigma, hasta se justificaron las intervenciones militares en países de Oriente Medio. En la Palestina ocupada no es diferente: Israel se privilegia constantemente de una máscara ‘democrática’ en relación a las cuestiones de género para deshumanizar y oprimir a la población palestina.

Mientras tanto, desde guerrilleras como Leila Khaled hasta poetisas como Rafeef Ziadah, las mujeres palestinas vienen destruyendo ese estereotipo hace décadas. Recientemente, el poderoso discurso de la activista palestina-estadounidense Linda Sarsour en la Marcha de las Mujeres, en Washington, al día siguiente de la posesión de Trump, se viralizó en internet. “Yo me coloco aquí frente a ustedes, sin disculparme por ser musulmana-americana, sin disculparme por ser palestina-americana”.

En este reportaje, conversamos con tres mujeres palestinas que, a través de liderar proyectos sociales y culturales ejemplifican su empoderamiento y fuerza. Una actriz, una escritora, una profesora de cocina. Dos musulmanas, una agnóstica. Activistas. Una ya estuvo presa y fue torturada en dos momentos de su vida. La segunda es refugiada y desarrolla un proyecto para madres de niños con discapacidad en el Campo de Aida (Belén). La tercera ya realizó performances en diversos países, pero casi perdió su show en Jerusalén debido a las restricciones a la movilidad impuestas por Israel. Todas ellas no dudan en decir: “Las mujeres palestinas tienen mucho poder”.

Sireen Khudairi (Actriz)

 

Yo nací en el norte del Valle del Jordán (Cisjordania, pero clasificado en su mayor parte como “Área C”, lo que significa que está bajo el control militar de Israel). Hoy en día vivo en el campo de refugiados de Dheisheh, en Belén, con mi marido. Era voluntaria en la Campaña de Solidaridad con el Valle del Jordán y hacia recorridos con turistas extranjeros para que ellos sepan nuestra situación. Pero después de un tiempo, especialmente después de haber estado presa dos veces, fue difícil para mí volver a hacer las mismas cosas.

Comencé a pensar en cómo cambiar eso y conquistar mi poder nuevamente. Entonces comencé a estudiar teatro. Estudié el Teatro del Oprimido en la compañía Ashtar Theatre, en Ramallah. Cuando usted respeta su historia comienza a mirarla, percibe que es solo una historia. Yo recordé algo que mi hermano me contó luego de que estuve presa. Él dijo: “La Ocupación puede destruir tu casa y todo a tu regreso, robar tu agua, tu electricidad, tus derechos, mandarte a la cárcel. Pero ellos no pueden ocupar tu esperanza”. El momento en que ocupan tu esperanza, realmente vives bajo la ocupación.

Entonces comencé a recolectar relatos de personas del Valle del Jordán para contárselas a niños y ancianos. Cada detalle aquí, en Palestina, es una historia. Así comencé a trabajar como contadora de historias. Las personas gustan y necesitan ser oídas, especialmente las mujeres. Ellas tienen historias con detalles más profundos. Si usted va al Valle del Jordán, va a ver que en la práctica las cosas las hacen las mujeres, incluso en los lugares más simples. Ellas cuidan de los animales, venden los productos, cuando el ejército israelí realiza demoliciones, son ellas quienes comienzan la construcción de las casas. Ellas tienen mucho poder, luchan todos los días pero no saben de eso. A veces yo le preguntaba a una mujer lo que ella hacía de la vida y ella respondía ‘nada’, aunque hiciera muchas cosas. Ahora estoy comenzando a escribir un libro con esos relatos y con mi propia vida.

Me arrestaron por primera vez en 2013, en el camino de regreso de la universidad. Dos soldados me llevaron a confinamiento solitario en la prisión militar. Fui interrogada todo el tiempo, no me dejaban descansar; me quedaba sentada en la silla del detector de mentiras por 12 horas sin mover un músculo, apenas respondiendo ‘sí’ o ‘no’; hacía yoga durante los interrogatorios para aguantar… Ellos decían ‘usted fue entrenada para usar armas y está en contacto con enemigos de Israel en Gaza’. Yo tengo familiares en Gaza y ellos probablemente ya sabían eso.

Pero mi segunda prisión fue la peor. Me arrestaron en la ciudad de Nablus, me colocaron en un lugar abierto, amarraron mis pies y me vendaron. Me sacaron los zapatos y la chaqueta y me dijeron que comenzara a correr. Soltaron perros y al correr por mi vida sentí que había perdido toda mi resistencia. Hasta hoy, no consigo oír ladridos de perros sin sentirme aterrada.

Pero el teatro me devolvió mi poder. Cuando estoy en el teatro, siento que tengo el poder de todas las personas del mundo, especialmente si tengo un público. Cada vez que termino una actuación siento que nací de nuevo. Es un sentimiento extraño. Cuando el director nos pide recordar la voz de los opresores en los ensayos, es como una revolución. Tienes que pasar por eso para poder resistir.

Islam Jameel Abu Auda (Cocinera tradicional)

Nosotros comenzamos el proyecto Noor Women’s Empowerment Group -Luz: Grupo de Empoderamiento de Mujeres- en 2010, cuando una chef brasileña llamada Sandra vino aquí al campo de refugiados de Aida (Belén) con una amiga belga. En ese momento había muchos niños con discapacidad motriz e intelectual en el campo y la dinámica de la guerra no nos permitía darles algún tipo de atención.

Uno de mis hijos tiene parálisis y epilepsia y ellas trataron de ayudarlo, pero yo no quería dinero como caridad, eso no solucionaba nada. Había que hacer algo de más impacto. Sandra tuvo la idea de que las mujeres hiciéramos un curso de cocina para recaudar fondos para la rehabilitación de los discapacitados y comenzamos en mi cocina.

La iniciativa creció y mi marido me ayudó a montar los ambientes y, después de dos años y medio, salimos de mi casa. Cocinar nos ha permitido mostrar nuestra cultura, conservarla, aunque hacemos otras actividades como tejer, buscar ayuda sicológica y enseñar a las madres y a los niños el significado de la palabra ’empoderamiento’.

Nosotras las mujeres hemos cambiado mucho, ahora nosotras nos sentimos fuertes, tal vez ya éramos fuertes antes, pero ahora lo somos más. Antes las personas no querían hablar acerca de que tenían niños con discapacidad, ahora vienen aquí y preguntan si las podemos ayudar. Yo me siento muy orgullosa. La UNRWA -Agencia de las Naciones Unidas de Asistencia a los Refugiados de Palestina- no hace nada sobre esto. Si trabajamos juntas,con la gracia de Dios, en el futuro conseguiremos algo para las madres y para los niños. Las personas están tan preocupadas con la ocupación que se olvidan de los niños con discapacidad y de sus madres.

Riham Isaac (Clown)

Yo vengo de una familia cristiana, de la ciudad de Beit Sahour. Las personas no saben pero ni todos los palestinos son musulmanes, ni todas las musulmanas escogen usar el hijab. Pero yo no soy religiosa, mi religión es el arte. Ser mujer aquí y hacer arte fue complicado porque no es algo que se espera de una mujer. Ellos esperan que nosotras nos graduemos de la escuela, nos casemos o vayamos a la universidad para conseguir marido. Son las expectativas para las mujeres en muchos lugares del mundo y aquí no es diferente. Fue una sorpresa para las personas cuando comencé a hacer teatro. Soy graduada en fisioterapia y eso era respetado porque podía trabajar en un hospital y ganar dinero, aunque mi familia me apoyó mucho cuando decidí hacer teatro.

En mi opinión, las mujeres palestinas son muy fuertes, aún cuando no estén alzando sus voces en una asociación. Ellas mandan en los pueblos pero el estereotipo que sale al mundo es que somos vulnerables, débiles. Ya encontré muchas mujeres inspiradoras en Palestina. Ellas trabajan en el campo, recogen uvas, atraviesan checkpoints diariamente, se levantan temprano y trabajan duro. Palestina está, de cierta forma, basada en muchas tradiciones que nos impiden obtener derechos y justicia. Pero también tenemos mucha fuerza. Las cosas están cambiando, estamos estudiando más, trabajando más. Pero, como en el resto del mundo, aun tenemos una larga jornada por nuestros derechos.

Hice “I Am You”, una performance clown que junta música, danza, identidad y conexiones. La performance cuestiona el hecho de ser un ser sufriente que se siente solo en este mundo caótico. Mi payaso es bastante normal, honesto y vulnerable: es un viajante del mundo que trata de descubrir lo que estamos haciendo aquí.

No obstante, hacer arte es difícil porque mucha presión para que los artistas palestinos hagan arte político. Las personas tienen expectativas y nos colocan en posición de víctimas necesariamente. Ya hice otras presentaciones más politizadas; una vez me vestí con la ropa de una palestina de Belén que fue fotografiada tirando piedras en la Primera Intifada, y empujaba una piedra enorme por las calles de Ramallah. Ella se tenía un vestido negro, un velo y zapatos amarillos. La foto es bastante famosa y yo me siento muy orgullosa de esa mujer porque ella parecía muy elegante, común, como si hubiese salido de misa y se hubiera detenido para participar un poco de la Intifada.

No estoy en contra de hacer política porque vivir en Palestina hace que yo esté muy conectada con este lugar. Pero el arte no necesita ser hecho de esa forma, y yo no debo hacer algo sobre el muro o sobre los checkpoints solo porque soy artista. Me sentí muy libre cuando salí de ese ciclo y pude escoger como expresarme sobre la humanidad.

Es muy importante para mí hacer arte en un lugar como este. A nivel personal, cuando se vive en un espacio limitado, sin poder moverse libremente, el arte da espacio para soñar y crear cosas nuevas. Para mí lo más crítico es no poder moverme; es más fácil para mí conseguir un visado que presentar mi arte en Jerusalén, que queda a 15 minutos de aquí. Mi último desafío fue conseguir presentarme allá en una galería, en enero. Estuve esperando mucho tempo por la autorización de Israel, en cierto punto creí que no la conseguiría porque todo depende de la voluntad de las Fuerzas Armadas, pero me la concedieron tres días antes del show.

BdF DM/22/02/17/11:55

*Brasil de Fato -BdF- es un portal de noticias orientado a cubrir procesos políticos, sociales, económicos y culturales, a partir de una visión popular de Brasil y del mundo. Nota original: https://www.brasildefato.com.br/2017/02/20/lucha-y-arte-de-mujeres-palestinas/

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