Indígenas

“La idea es proponerle a la sociedad mexicana que hay otra forma de gobernarnos” [Parte II]

21 jun. México – En un contexto de guerra y despojo contra los pueblos indígenas, en octubre de 2016 el Congreso Nacional Indígena -CNI- y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional -EZLN- celebraron el 20 aniversario del CNI proponiendo la conformación de un Consejo Indígena de Gobierno -CIG- y el nombramiento de una vocera indígena, María de Jesús Patricio Martínez, para ser postulada como candidata independiente en las elecciones presidenciales de junio de 2018. Segunda parte.

¿Cómo se presenta una candidata? Si esta candidata llegara a gobernar, ¿cómo va a ser ese proceso? ¿está ahí para gobernar, está ahí para presionar al gobierno sin que llegue a gobernar o cuál es el objetivo a largo plazo?

Por Sonia Håkansson, Gisela Delgadillo, Jacobo del Castillo, Timo Dorsch y Heriberto Paredes. La propuesta inicial es que gobierne un Concejo Indígena. La Ley Electoral y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos impide que un concejo o que un órgano colegiado y colectivo sea candidato, y mucho menos que sea presidente. Entonces, vamos a proponer a la vocera representante para acomodarnos a la Ley Electoral, pero quien va por delante es el Concejo, no la vocera.

Y sí, puede haber una confusión porque el proceso es nuevo. Muchas comunidades vienen de una historia partidista y de participación en los procesos electorales en sus pueblos y pues tal vez lleguen atraídos por la idea de que ahora sea una presidenta indígena y no llegan conocedores de cuál es el contenido de la propuesta. Hay un proceso todavía no uniforme de entender la propuesta y creo que sí debe haber comprensiones diferentes; desde los zapatistas, que ya tienen su propio gobierno y sus propias leyes y ya tienen una claridad de la propuesta. Ellos saben que no ocupan una presidencia de la República, ni una Cámara de Diputados, ni una Cámara de Senadores, ellos no lo ocupan. Ellos ya tienen sus gobiernos y sus territorios, no dependen de las leyes. Todos los demás pueblos indígenas, sin excepción, estamos a medias en la legalidad y en las instituciones que nos imponen.

La idea es impulsar este planteamiento y proponerle a la sociedad mexicana que hay otra forma de gobernarnos, que los pueblos indígenas están basados en una relación armónica entre sus integrantes y en el respeto a la naturaleza, que los principios comunitarios pueden ser la base para gobernarnos de una forma distinta a la que propone el capitalismo; que no ocupamos de pinches elecciones, que no ocupamos de estos zánganos de los partidos políticos, que no necesitamos que una bola de corruptos gobernadores priístas se roben miles y miles de millones de pesos porque vamos y votamos. Pero además, es necesario que lo hagamos para parar esta guerra y para frenar esta agudización del despojo capitalista que está articulado con esta guerra de terror que han desatado.

Me preguntaban por qué si del año 96 al 2001 hubo un apoyo entusiasta de la sociedad civil a la exigencia del CNI y del zapatismo de que los Acuerdos de San Andrés se incorporarán a la Constitución, por qué ya no lo hubo. Pues porque a esta sociedad la han devastado, la han despedazado, la han hecho pedazos.

¿Cuántas familias no tienen un desaparecido, una persona, un familiar muerto? entonces tenemos que entender la intensidad de la guerra, es una guerra con más de 100 mil muertos, con más de 40 mil desaparecidos. ¿Cuántas mujeres y niños no están siendo robados para ser esclavizados o para extraerles los riñones o cualquier otro órgano?.

Tenemos que visualizar lo que ha vivido la sociedad mexicana en los últimos 12 años para entender por qué está desorganizada, por qué está diezmada, agotada, por qué hay apatía y por qué están entrando estos proyectos tan monstruosos. Lo que están generando ahorita, parece que es el resquicio que le dejan a los pueblos: nos los vamos a chingar pero les vamos a consultar.

¿Cuál es la principal incertidumbre al interior del proceso de conformación del Consejo Indígena de Gobierno?

Hay un riesgo en esa propuesta. Decimos nosotros que vamos a entrar a la fiesta de los ricos, a la fiesta de los de arriba que son las elecciones. Es una fiesta en muchos sentidos para los que tienen el poder. Primero, porque es una orgía donde hacen sus componendas, sus acuerdos, sus arreglos. Segundo, porque sin las elecciones no pueden generar el consenso democrático, es una fiesta formidable para los de arriba. Queremos colarnos en esta fiesta para echarla a perder. No para emborracharnos y estar crudos al día siguiente.

Y el riesgo es ese: que muchos de nuestros hermanos, de nuestras hermanas, de nuestras compañeras, se pierden y pierden la visión de cuál son nuestros objetivos de lucha. Desde que se hizo la propuesta, hubo quienes dijeron que también hay que lanzar candidatas independientes a diputados, a la presidencia municipal de no sé dónde, como si la propuesta de nosotros fuera tratar de administrar este poder corrompido que ya no sirve. No queremos administrar lo que ya no sirve, algo que se va a voltear en contra de nosotros mismos. Y existe ese riesgo de que muchos compañeros y compañeras de lucha se pierdan, pues, en este laberinto.

¿En dónde está la claridad del mensaje de jugar diferente en relación con los que sí creen en esta fiesta? no los poderosos, pero sí la gente común… Queremos un candidato, que es el Concejo Indígena de Gobierno. Queremos que vaya, por ejemplo a Hermosillo, y que no les diga que les va a construir canchas techadas si votan por él o la vocera, que va a haber modo de que todas tengan aire condicionado porque el calor está cabrón o que les va a dar el salario rosa (esta pendejada que solo se le puede ocurrir a del Mazo).

La idea es que este concejo y la vocera vayan a Hermosillo y platique con los papás de los niños quemados en la guardería ABC, con la gente que no tiene agua, con los jornaleros que están en los campos de uva, con los pueblos indígenas y les diga: va a ser un concejo representativo del país. Que vaya Carlos González y les diga lo que está pasando en Jalisco —como un cártel nos tiene totalmente secuestrados— y que ellos te platiquen lo que está pasando. Es decir, que vayamos dialogando sobre cómo podemos construir algo distinto.

Va a ser algo muy incipiente porque se va a dar en el marco de una campaña electoral que dura semanas y es un proceso que va a tener miles de distractores. Pero insisto, en este momento de guerra a nosotros nos da la posibilidad de ganar el espacio que no tenemos. No lo tenemos y estamos en una situación grave. Nuestros pueblos están contra la pared y defendiéndose como pueden. Tal vez la mayor parte de la gente no nos escuche, tal vez no. Pero buscaremos caminar con quien nos escuche.

¿Cuáles eran sus esperanzas hace 21 años? cuando se formó el Congreso Nacional Indígena.

Apostábamos a que el Estado mexicano reconociera los derechos indígenas y las posibilidades del ejercicio de la autonomía en la Constitución y que se hiciera una reforma del Estado para reconocer los derechos de nuestros pueblos. Del año 1996 al año 2001 le apostamos a eso.

El Ejército Zapatista surge en 1994 y a los 12 días de iniciar la guerra declarada por el EZLN, el Gobierno mexicano declara una tregua y se inicia un proceso muy tortuoso, complicado y contradictorio de negociación que va a desembocar en la firma de los Acuerdos de San Andrés, el 16 de febrero de 1996, entre el Ejército Zapatista y representantes del Ejecutivo federal, del poder legislativo de la Cámara de Diputados y de Senadores. El EZLN, al negociar su propuesta, invitó a pueblos indígenas del país y a intelectuales y académicos preocupados por la situación indígena de todo el país. Entonces, no era la voz del zapatismo nada más, era la voz del movimiento indígena la que negoció con el Estado mexicano.

Se suscribieron una serie de acuerdos para generar una reforma del Estado mexicano, iniciando con una reforma profunda de la Constitución. Esto implicaba cuestiones fundamentales como el reconocimiento de los territorios de los pueblos indígenas o el ejercicio de la autonomía a través de mecanismos jurídicos perfectamente analizados. ¿Cuáles eran estos mecanismos jurídicos para hacer viable el ejercicio de la autonomía? Las comunidades iban a ser consideradas como entidades de derecho público y partes del Estado mexicano, lo que implicaba el reconocimiento de sus gobiernos, de las atribuciones de sus gobiernos propios y la capacidad para ejercitar presupuesto fiscal.

Yéndonos a la parte medular, la propuesta de los acuerdos de San Andrés se tradujo jurídicamente en una propuesta legislativa que hizo una comisión de diputados y senadores. Eso lo defendimos del año 1996, cuando surge el Congreso Nacional Indígena, al año de 2001, y ese mismo año desarrollamos una caravana que nació aquí en Chiapas encabezada por comandantes zapatistas. Llegó hasta Nurío, (Michoacán) en marzo de 2001 para realizar el tercer Congreso Nacional Indígena y concluyó en la Cámara de Diputados con la representación de tres integrantes de la comandancia zapatista y tres integrantes del CNI para defender esa propuesta. Ese mismo año, los partidos votaron una propuesta absolutamente distinta que no reconoce los territorios ni las comunidades como entidades de derecho público y que, por tanto, les desconoce la capacidad para asociarse libremente entre ellas y con municipios de mayoría indígena. Es decir, anula la posibilidad de construir la autonomía.

A partir de ese momento cambia el rumbo del CNI. En la Octava Asamblea del CNI que se realiza en noviembre del año 2001 se plantea que hay que avanzar en la construcción de la autonomía en los hechos y hay que hacer de los Acuerdos de San Andrés una ley de los pueblos con o sin reconocimiento. Era un candado vigoroso y fuerte para impedir las concesiones mineras, las concesiones de aguas y las actuales concesiones en materia petrolera. Es decir, si se hubieran reconocido los derechos territoriales de nuestros pueblos como lo marca, por lo menos el Convenio 169 [de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), convenio ratificado por México], hubiera sido imposible que una persona ajena a una comunidad obtuviera una concesión para explotar recursos en los territorios de esa comunidad.

Entonces, entendemos que, mientras la clase política de este país sea mera administradora de esta clase empresarial, no va a haber ningún reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. Antes van a desaparecer, como está ocurriendo ahorita.


 Tras este largo caminar ¿cómo se imaginan que resultará este proceso de aquí a cinco años?

El CNI no es una organización, es un espacio muy descentralizado donde no hay dirigentes, no hay una instancia ejecutiva que dirija. Hasta ahorita ha habido una coordinación provisional de trabajo únicamente y eso hace que nuestra áreas sean un tanto limitadas, pero también ha permitido que por años se haya impedido la cooptación del CNI. Muchos de nuestros compañeros significativos de lucha acabaron en el Gobierno, acabaron con cargos importantes dentro del Gobiernos federal y de los Estados, pero como tal el CNI pervivió. con muchas dificultades, pero pervivió.

Si la mayoría de la sociedad se va de nuevo con la finta y cambian votos por tortas, pues ni modo, pero esperamos que una parte de la sociedad nos escuche, se interese y tome conciencia de la grave situación en la que estamos. Queremos generar una fuerza política indígena que sea capaz de disputarle al Estado para proteger nuestros territorios, para reconstruirlos y no desaparecer.

Del 2006, cuando se da la represión en Atenco, al 2011, cuando viene la represión atroz en Ostula, casi se acaba el CNI. La situación que vivió Ostula casi marca la desaparición del Congreso Nacional Indígena. Ya no se volvió a reunir 2013, cuando la comandancia del Ejército Zapatista se preocupa por volver a enlazar a los pueblos y a las comunidades que habían participado en el CNI. Ahí es cuando nos contactan y empezamos a hacer ese trabajo de enlazar. Yo creo que ha sido exitoso, que ha habido un fortalecimiento destacado del Congreso Nacional Indígena en los últimos años.

El objetivo de nosotros, insisto, es ir a decir a los pueblos indígenas de todo el país y a la sociedad entera que hay otra forma de gobernarnos. ¿Y cuál es la otra forma de gobernarnos? Pues que nos gobernemos nosotros mismos. Es un propósito central.

Autores varios DM/21/6/17/6:30

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