Un día como hoy

Karl Marx: más vivo que nunca

5 may. CI.- El escritor mexicano Octavio Paz aseguró alguna vez que “el marxismo ha penetrado tan profundamente en la historia que todos, de una manera u otra, a veces sin saberlo, somos marxistas”. Es cierto. La vida y obra de este pensador alemán, nacido hoy hace 200 años, ha transformado y sigue transformando nuestro mundo.

Inspirador de las revoluciones sociales contemporáneas; paradigma de las ciencias sociales, políticas y económicas; fundador de un proyecto histórico por el que hombres y mujeres han dado y siguen dando la vida; las ideas de este “viejito” de barba blanca y tez oscura (a quien apodaban el moro) siguen hoy más vivas que nunca.

Curiosamente, fue el propio Marx el que alguna vez dijo “todo lo que sé es que yo no soy marxista”, refiriéndose a las controversias que ya en vida generaban sus ideas. Y es que los fiscales de la historia han querido endilgarle crímenes atroces en los que nada tiene que ver: las matanzas de Polt Pot y los jemeres rojos en Cambodia, los gulags estalinistas, o la violencia sin sentido del Sendero Luminoso en Perú. La lista es inmensa, y absurda.

Pero tales planteamientos son como pretender culpar a Jesús de las Cruzadas, la Inquisición y el exterminio de la mayoría de los pueblos indígenas: todos son crímenes cometidos por cristianos en nombre de la fe.

Precisamente, fue Marx el que intentó comprender desde una perspectiva histórica la violencia estructural de las sociedades humanas; no para justificarla, sino para superarla. Si la historia de la humanidad ha sido la historia de la lucha de clases (como demostró), solo en una sociedad sin clases será posible superar esa violencia que constituye la base de nuestras relaciones. El comunismo seria la superación de la prehistoria y el inicio de una verdadera historia, una historia a escala humana.

Es evidente que los retos que nos plantean las luchas en el Siglo XXI son diferentes a los retos que enfrentó Marx en el siglo XIX. El capitalismo parece haber salido triunfante de todas las batallas, expandiendo sus límites espaciales y temporales para colonizar todas las dimensiones de la vida humana y extraer valor no solo del trabajo productivo de los obreros, sino de nuestra propia existencia.

Hoy producimos valor al comunicarnos, al descansar, al estudiar, al enfermarnos, al divertirnos, al hacer clic en una pantalla. Pero valor que enriquece solo al 0,01% de la población y empobrece al resto.

La clase obrera tradicional, inmersa en el mundo del consumo y desdibujada por los procesos de desindustrialización en el Norte y las nuevas formas de producción en el Sur (maquilas, informalidad), ha perdido identidad y capacidad de respuesta en donde la tenía. El proyecto político de un partido comunista como representante de la clase obrera y vanguardia de la lucha política -planteado por Marx y Engels en el Manifiesto- no parece estar en el horizonte. Los fantasmas que recorren el mundo son otros.

Hoy es la crisis ambiental la que pone límites a la acumulación del capital. La conciencia de que nos estamos jugando el futuro de la humanidad, genera otras dinámicas de resistencia. Los nuevos movimientos sociales (feministas, ambientalistas, indígenas) se organizan de múltiples maneras, descentralizadas, en redes, comunitarias, y plantean críticas al desarrollo y el progreso desde las cosmovisiones ancestrales, las perspectivas de género y la ecología.

Las “democracias liberales” se muestran hoy como el estandarte de las libertades políticas y los Derechos Humanos, en oposición a regímenes como la China poscomunista, la Venezuela del chavismo, la Rusia de Putin o las teocracias árabes. Paradójicamente, es en esas mismas democracias liberales occidentales en donde hoy resurgen con más fuerza los nacionalismos, los racismos, la xenofobia y la violación de los derechos humanos.

Y Marx lo advirtió todo, como en la semilla está el árbol. Porque más que una teoría para entender la realidad, más que un método para estudiarla o una ideología para justificarla, el trabajo de Karl Marx es una praxis para transformarla.

Las herramientas para realizar esa transformación tenemos que construirlas con los materiales y las tecnologías de hoy. Actualizar la crítica radical de Marx al capitalismo -como lo hicieron Gramsci o el Che en su momento- es la tarea.

En estos 200 años todo parece haber cambiado, pero para que nada cambiara en el orden mundial establecido. Por eso que Marx sigue viviendo en cada lucha de los pueblos por su emancipación.

CI JP/PC/05/05/18/16:00

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