Música de los Pueblos

Hay que reír como lloraba Chavela

6 ago. CI.- Doña Chavela Vargas, o Isabel Vargas Lizano, fue -según ella misma- “una cantante mexicana que nació en Costa Rica”. ¿Por qué? En ese país desarrolló su propia lucha por cantar, vivir y amar diferente a lo establecido. Sin embargo, su relación con México fue agridulce. Trató de abrirse camino de una manera propia en un país profundamente patriarcal y machista, justo donde se funda la idiosincrasia mexicana: la canción ranchera. Hoy se le considera una de las figuras principales y peculiares del género. Este 5 de agosto hicieron 5 años de su desaparición física.

Desde muy joven vestía como un hombre, fumaba tabaco, bebía mucho, llevaba pistola y era reconocida por siempre andar con un poncho rojo, tal cual un “charro mexicano”. Con este mismo afán incursionó en la canción ranchera, más específicamente en la representada por José Alfredo Jiménez, un tipo de ranchera emotiva.

Chavela cantaba con apenas una guitarra y su voz, emulando la forma de cantar de un hombre ebrio, para lo cual bajaba el ritmo de las melodías. De este modo, teñía de desgarro las canciones tanto que Joaquín Sabina en una de sus letras más famosas (“Por el boulevard de los sueños rotos”) declara que “las amarguras no son amargas/ cuando las canta Chavela Vargas/ y las escribe un tal José Alfredo”.

No solo fue grande en escenarios mexicanos sino que actuó a lo largo y ancho de todo el mundo, en bares, teatros, películas y el corazón de quien la escucha. A una de sus presentaciones en el Teatro Olympia, de París, acudieron a verla el cineasta español Pedro Almodóvar (de quien fuera su musa de bandas sonoras) y la actriz francesa Jeanne Moreau, quien no entendía nuestro idioma. Cuenta Almodóvar que en algún momento de la noche, la francesa le dijo “no hace falta que me traduzcas, porque la entiendo perfectamente”.

La Dama del Poncho Rojo -como también se le conocía- hoy es recordada no solo por sus famosas interpretaciones de “Macorina”, “Un mundo raro”, “Paloma negra” y “La llorona”; sino por ser un símbolo lucha y resistencia en las disidencia de las identidades de género. A los 81 años, en una entrevista para la televisión colombiana en el 2000, expresó abiertamente y por primera vez que era lesbiana.

CI PC/MP/06/08/17/10:04

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