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Gabriela Mistral: El poder femenino en la literatura

10 ene. CI.- Considerada una de las escritoras más importantes de la literatura en el siglo XX. Gabriela Mistral es hasta ahora, la única mujer latinoamericana que ha recibido el premio nobel de literatura, el cual le fue otorgado en 1945. 

Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, también conocida artísticamente como Gabriela Mistral, adoptó  este nombre en homenaje a dos de sus poetas favoritos; el italiano Gabriele D’Annunzio y el francés Frederick Mistral.

La chilena Gabriela Mistral nació en Vicuña, el 7 de abril de 1889, en la provincia de Elqui de la región Coquimbo. Era hija de Jerónimo Godoy y de Petronila Alcayaga.

En 1904 inició en la Escuela de la Compañía Baja en la Serena como profesora y empezó a publicar artículos en los diarios locales como colaboradora. Después de 10 años logró su primer premio con los “Sonetos de la muerte” haciéndose conocer por primera vez bajo el seudónimo de Gabriela Mistral. Pasados tres años, Julio Molina y Juan Araya publicaron” Selva lirica”, una de las más importantes antologías de poesía en Chile, donde Mistral logró encasillarse como una de las grandes poetisas por sus aportes en la publicación.

Mistral demostró ser diplomática, feminista con su modo de pensar y pedagoga de un modelo educativo que transformó a partir de 1923 cuando fue contratada por el gobierno Mexicano para la planeación de una reforma universitaria en el país.

Viajó por Europa y Estados Unidos donde se interesó por la enseñanza de los sistemas educativos. En su regreso a Chile se vio obligada a salir de nuevo por la tensa situación política que se vivía en aquella época. Después se ubicó como secretaria de la Liga de las Naciones en Europa, y pasado un año ocupó la labor de secretaria en la Sociedad de las Naciones en Ginebra.

Falleció en Nueva York el 10 de enero de 1957 a los 67 años de edad, a causa de un cáncer de páncreas. Destinó en su testamento que el dinero recaudado de las ventas en Latinoamérica fuese donado a los niños de escasos recursos de Monte Grande y las ventas del resto del mundo en beneficio a los niños pobres de Chile.

Desolación

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde

me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.

La tierra a la que vine no tiene primavera:

tiene su noche larga que cual madre me esconde.

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos

y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.

Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,

miro morir intensos ocasos dolorosos.

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido

si más lejos que ella sólo fueron los muertos?

¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto

crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto

vienen de tierras donde no están los que no son míos;

sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos

y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos.

Y la interrogación que sube a mi garganta

al mirarlos pasar, me desciende, vencida:

hablan extrañas lenguas y no la conmovida

lengua que en tierras de oro mi pobre madre canta.

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;

miro crecer la niebla como el agonizante,

y por no enloquecer no encuentro los instantes,

porque la noche larga ahora tan solo empieza.

Miro el llano extasiado y recojo su duelo,

que viene para ver los paisajes mortales.

La nieve es el semblante que asoma a mis cristales:

¡siempre será su albura bajando de los cielos!

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada

de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;

siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,

descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.

CI CI/CI/10/01/2019

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