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Frida Kahlo: la mujer de los mil rostros

22 jul. Por Brasil de Fato*. La figura de Frida Kahlo se transformó con éxito en un producto altamente rentable. Su expresión, sus frases y hasta su estilo ya hacen parte de una moda que no pasa. Sin embargo, algo permaneció en el camino además de la imagen popular de Frida fumando un cigarro con una camiseta Daft Punk: el hecho humano, altamente conflictivo y sensible, de una vida que solo puede ser descrita como un complejo encadenamiento de desventuras.

Esta humanidad de Frida aparece intensamente representada en sus pinturas: el amor obcecado e insano que sentía por Diego, la fijación con su infertilidad, el sufrimiento por sus dolores físicos, y una adhesión ciega al socialismo y a la URSS como únicos posibles sanadores de sus padecimientos, y que en algún momento la hicieron ingresar en un acrítico estalinismo.

La propuesta de este escrito es simple: seleccionar algunas obras, a criterio de gusto personal, y abordarlas a partir de este componente humano que se perdió en el momento que la imagen de Frida se tornó mercancía, para renovar una figura aparentemente consumida, pero en la que, a través de arte, podemos encontrar una sensibilidad impresionante con el entorno y su propia subjetividad atormentada.

La figura del feminicidio: “Unos cuantos piquetitos”

Este puede ser considerado, tal vez, uno de los cuadros más brutales de Frida Kahlo, al lado del cuadro Mi nacimiento. En México, un hombre asesinó a su esposa en un ataque de celos y sus justificación frente al juez fue: “Pero señor, solo fueron algunos piquetitos de nada”. El dolor propio de una pintora que se siente “asesinada por la vida”, una profunda indignación  y un sádico sentido de la ironía la llevaron a la realización de este cuadro. Un a mujer cubierta de sangre, al punto que sale de la pintura y mancha la moldura del cuadro. Un feminicida muy tranquilo, aun con el arma asesina en la mano, y algunas palomitas que sujetan la sentencia.

Frida se acostumbró a reírse del dolor, pero el el contenido de denuncia tiene un peso considerable. ¿Qué distancia hay entre “algunos piquetitos” y pensar que la violencia doméstica es el resultado de “discusiones que conducen a agresiones, hoy en día?

La renuncia al género: “Autorretrato con el cabello cortado”

Frida pinta este cuadro inmediatamente después de su divorcio. Después del desengaño amoroso más crítico de su relación con Diego Rivera, decidió cortarse el cabello, en una declarada renuncia a su feminidad. En este cuadro nos muestra su inmenso dolor al cortarse uno de los rasgos de su cuerpo que más le agradaban a Diego; al tirar los pelos por el suelo da la sensación de cambio, algo en ella se transformó. También renunció a sus vestidos típicos mexicanos y a sus colores, y se distancia del papel de la mujer, del papel de aquella que sufre. Además, el traje masculino que usa es de Diego, lo que explicaría el porqué le queda tan grande. Con ironía reza sobre ella una canción: “Mira, se te quise, fue por el pelo; ahora que estás pelona, ya no te quiero”.

Este cuadro es una especie de performance de género, pero no es exactamente una reivindicación feminista, porque la cabeza de Frida podía ir mucho más allá pero su corazón latía por Diego, todo su mundo giraba alrededor de Diego, y el dolor producido por esta obsesión que tuvo por él nació gran parte de su obra.

El amor enfermo: “Diego y yo”

Uno de los cuadros más sensibles y dolorosos de Frida es, sin duda, Diego y yo. La obsesión que gobernaba sus sentimientos no puede ser representada de forma más clara. Pinta a Diego, siempre en su mente, en su propia cabeza y le coloca un tercer ojo, el de la sabiduría, indicando su superioridad y mostrando esa inteligencia y talento que ella tanto admiraba.

El cabello que corta tan violentamente, en el Autorretrato con el cabello cortado, aquí aparece suelto, cosa poco frecuente en sus pinturas, en una clara tentativa de agradar a Diego. Y es justamente su cabello suelto, en representación de ese intenso amor, lo que envuelve su propio cuello y la ahorca. Su visión es cálida y triste, y algunas lágrimas caen, mientras ese amor enfermo la asfixia por completo.

Afirmando las raíces: “Mi vestido colgado allí”

Este cuadro, mucho anterior a los demás, pertenece a una etapa previa a la época dorada de Frida, en la cual su estilo todavía se estaba puliendo. Era el año 1933, hacía tres años que Frida estaba viviendo en Estados Unidos y tenía una necesidad imperiosa de retornar a su tierra natal. Sin embargo, Diego Rivera estaba encantado con “la gran mierda” norteamericana.

Frida pintó este cuadro para expresar su profundo descontento, el cual representa a la sociedad estadounidense a los ojos de una mexicana socialista: un sanitario, chimeneas de fábrica, residuos, fuego y una democracia fuertemente unida a una iglesia lúgubre. En ese lugar cuelga su vestido. Pero ella no está presente: allí habita su cuerpo, jo su alma, su mente y su corazón están en su México natal.

Devolviendo la humanidad: una máscara de locura y un final

El enorme dolor experimentado marcó profundamente la personalidad de Frida. En ciertos momentos, muy sarcástica, se rió de sí misma. En otros, sus cuadros nos transportaron a los lugares más oscuros de su mente. La obsesión por su incapacidad de tener hijos, debido a un brutal accidente que le dejó marcas en su cuerpo, un amor obsesivo que la consumía y un sufrimiento físico que la desgastaba son algunos ejemplos de los engranajes que encontramos en su producción artística. Un aura de locura la recorre: nunca la ocultó, por el contrario, detrás de ella escondió su vulnerabilidad.

Frida pintó hasta el final, declaró que cuando su talento terminara también acontecería lo mismo con su vida. En sus últimos días, postrada en una cama, pintó Los hornos de ladrillo, un cuadro que no tiene la calidad de los otros y que es difícil de apreciar. Esta obra fue el final de su historia.

Frida hoy: una sensibilidad vigente

Queda claro que Frida dejó un muy variado repertorio temático en sus pinturas. Este abanico de sentimientos y conflictos (tanto internos como externos) que nos presentó en sus obras, tiene vigencia hasta el día de hoy: la violencia patriarcal continúa llevándose a las mujeres, y la justicia machista continúa inclinándose para condenar y encarcelar, injustamente, a las víctimas de los tipos de violencia más crueles de los que precisan defenderse para sobrevivir, como aconteció con Higui (Eva Analía de Jesús) y como hoy acontece con María Cristina Santillán y Victoria Aguirre.

El imperialismo estadounidense que retrató de forma tan acertada, hoy, con Trump, muestra su rostro más descarnado: el del capitalismo en crisis, enfrentado constantemente por los trabajadores, hombres y mujeres, y por los militantes del socialismo.

Redescubrir a Frida es, por un lado, conocer a una mujer que nunca escondió quién era, desde su obsesión hasta su ideología política y su sexualidad, y, por otro, observar su obra atentamente, ya que fue la producción de una artista que fue lo suficientemente sensible para comprender todo lo que acontecía a su alrededor, abriéndonos la puerta de un mundo que, aunque ha cambiado en más de medio siglo, todavía sigue presentándose de forma brutal en muchos aspectos del presente.

Traducción: Colombia Informa.

BdF DM/22/7/17/14:00

*Brasil de Fato -BdF- es un portal de noticias orientado a cubrir procesos políticos, sociales, económicos y culturales a partir de una visión popular de Brasil y del mundo. Nota original: https://www.brasildefato.com.br/2017/07/14/frida-kahlo-a-mulher-das-mil-faces/

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