Europa

[Francia] ¿Y ahora qué?

26 arb. CI.- En la noche del 23 de abril, Francia vivió un colapso político. Los electores rechazaron a los partidos tradicionales y acabaron con decenas de alternancias por parte de las mismas formaciones políticas. Todo esto, sumado a la victoria de la extrema derecha y la llegada de un candidato joven que ahora disputa la segunda vuelta, hace pensar en la posibilidad de una reorganización de la escena política del país.

Un momento histórico de la V República

El 23 de abril Francia concurrió a unas elecciones distintas, por primera vez, desde 1958, fecha de fundación de la quinta República. Los dos partidos políticos que se compartían alternativamente el poder fracasaron. Ni el Partido Socialista -PS, del cual hace parte el actual Presidente- ni tampoco el partido de derecha Los Republicanos -LR- llegaron a la segunda vuelta. Registraron un 6,36 % y un 20,01 % de los votos, respectivamente; uno de los peores resultados desde 1969.

Este cambio memorable se debe también a la ausencia de la izquierda en la segunda vuelta y a la importancia de la extrema derecha en los resultados. El Frente Nacional -FN- llegó a la segunda posición con un 21,3 %, de los votos, el resultado más importante de su historia. Aunque el FN ya había disputado la segunda vuelta en 2002 con Jean-Marie Le Pen, padre de la actual candidata del partido, ver a la extrema derecha en segunda posición 15 años después no es sorprendente, teniendo en cuenta las escaladas de los discursos nacionalistas, cerrados y xenófobos en toda Europa.

Una reorganización de la vida política del país

El comicio fue un rechazo completo del bipartidismo y de los partidos tradicionales que comparten una posición hegemónica. Estos han sido incapaces de resolver los problemas que Francia arrastra desde los años ochenta, entre ellos el desempleo. El voto expresó el disgusto que muchos franceses sienten hacia lo que ven como una misma clase política que dirige al país.

El fracaso de LR y del PS, evidencia también las problemáticas internas de cada colectividad. El bajo resultado electoral del PS se debe entender como un castigo al partido y al programa político de François Hollande. En cambio, la derrota de LR es más la de su candidato que la del partido en sí, puesto que François Fillon carga con varios escándalos políticos y financieros graves, además nunca renunció a su candidatura a pesar del llamado de militantes y dirigentes. Incluso, desde la noche del fracaso, varios miembros del LR han criticado públicamente la propuesta de Fillon y la han señalado de radical y conservadora.

Estos resultados auguran una muy probable recomposición del escenario político francés. De hecho, los dos partidos hegemónicos están divididos​ en diferentes corrientes. Esto se nota en el PS desde el principio del mandato de François Hollande, que durante cinco años se ha enfrentado con  una parte de su propio partido, Parlamentarios y Ministros. Las presidenciales revelaron aún más esta fractura cuando el ex Primer Ministro de F. Hollande decidió apoyar a Emmanuel Macron en vez de al candidato del PS.

También J.L Mélenchon, que registró el 19,2 % de los sufragios, parece ser uno de los pilares para la reconstrucción, o al menos la renovación, de la izquierda francesa, en un escenario en el que el PS ya tiene un quiebre ideológico y un fracaso electoral enorme.

En cuanto al LR, el partido también está analizando su fracaso y su dirección ya se vio afectada por el resultado. François Fillon decidió abandonar sus cargos en la formación para volver a ser un simple militante. Sin embargo, hay que matizar este temblor político, con las pocas posibilidades que tiene M. Le Pen de ser elegida en dos semanas, el candidato Emmanuel Macron queda como el favorito.

La preparación tensa de la segunda vuelta

Quedan dos semanas para convencer a los electores. Los dos postulantes a la Presidencia empezaron la batalla en sus discursos posvictoria electoral, marcando sus diferencias ideológicas. Por un lado M. Le Pen se autodefinió como “la Presidenta de los patriotas”, a lo que E. Macron respondió: “Soy el Presidente de los patriotas frente a la amenaza de los nacionalistas”.

Mientras que el candidato de ¡En Marche! hizo varias alusiones a la Unión Europea, la candidata de extrema derecha se refirió a sus temas tradicionales de inmigración, de fronteras y de seguridad. Macron expresó querer “reunir más ampliamente, reconciliar nuestra Francia”. En efecto, con el mecanismo de aplazamiento de los votos estas dos semanas son cruciales para ambos. Además, hay que tener en cuenta la posición de los candidatos derrotados, quienes convocan a sus seguidores a votar por tal o cual partido. Con la presencia del FN en la segunda ronda, muchos llamaron a votar por Macron para impedir que la extrema derecha llegue al poder.

Así pues, el desafío para el candidato de ¡En Marche! es ganar gracias a un voto “por” su programa y no gracias a un voto “en contra” de Marine Le Pen. De hecho, ser elegido por su programa no significa lo mismo que ser elegido por descarte, en ambas situaciones la legitimidad para gobernar es el centro de la decisión.

De su lado, M. Le Pen cuenta con menos intenciones de votos aun si intenta seducir a otros electorados. Al respecto, Mélenchon – de Francia Insumisa- hizo un gran ruido por no haber dado consignas de voto a sus electores para la segunda ronda, pues, contrariamente a su posición de 2002, no llamó a votar en contra de la extrema derecha. En su discurso del 23 de abril señaló “cada uno y cada una de ustedes sabe, a conciencia, cual es su deber”. Despúes de su declaración, una parte de los militantes del partido llamaron a abstenerse el 7 de mayo.

La «tercera y cuarta vuelta»

En Francia, después de les presidenciales vienen las legislativas en el mes de junio. Estas elecciones son cruciales porque a pesar de que el Presidente francés tiene muchos poderes, necesita una mayoría sólida en el Parlamento que apoye su política. Sin embargo, cualquiera de los dos partidos en contienda tendrá dificultades en formar esta mayoría.

Además, los dos partidos hegemónicos que fracasaron en la primera vuelta ya se están preparando para la batalla electoral. En caso de una victoria por parte de uno de estos partidos, Francia tendría un gobierno de coabitación. Esto significa que la mayoría presidencial es diferente de la parlamentaria dirigida por el Primer Ministro. En estas condiciones el mandato tiende a llenarse de conflictos, tentativas de avenencias e imposiblidad de llevar a cabo grandes reformas. Finalmente, las legislativas también son fundamentales porque permitirán confirmar o no el colapso histórico que sufrieron el PS y LR; con otra derrota, la recomposición de la vida política francesa será más visible.

Fotografía: Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia de la República francesa, tomada por Lionel Bonaventure – AFP.

CI DM/26/4/17/19:45

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