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Experiencias de acoso

A los cinco años de edad, un vecino del barrio me pidió que le diera un beso. Estábamos en presencia de mi abuela y otros vecinos del sector. Yo no entendía lo que estaba sucediendo, no tenía noción de lo bueno y lo malo, solo recuerdo la cara de mi abuela diciéndome con gestos faciales que no, así que no lo hice, creo. Y no estoy segura porque cuando llegamos a la casa mi abuela me empezó a regañar como si fuera mi culpa.

A los 11 años iba en bicicleta por la calle de mi barrio cuando un vecino en estado de ebriedad y a pleno medio día, me paró y se me acercó de tal forma que me tenía dominada totalmente. No recuerdo lo que me dijo, sólo lo que sucedió. Luego de 10 minutos me dejó ir.

En otra ocasión, iba caminando a las 7:00 p.m hacia mi casa cuando un taxista sacó la mano y me tocó el trasero. Sólo reaccioné gritando e insultando. Luego analicé que eso estuvo muy mal, más que una agresión verbal, así que decidí alcanzar al taxista para confrontarlo pero no lo logré y entonces pensé que ahora debía sumar a mi prontuario mental de autodefensa en la ciudad, un punto más. Saber defenderme frente a una agresión física.

Eran las 12:00 de la noche y caminaba por un parque hacia mi casa, cuando un hombre en una moto sacó el pene y se empezó a masturbar delante de mí. Me dio rabia, así que aliste el gas pimienta mientras me iba acercando. El hombre, al ver mi posición corporal, se puso en defensa también e hizo el ademán de sacar un arma del bolso, no me quedó más opción que gritar. El hombre se empezó a reír y se fue.

Es triste lo común que son los casos de violencia sexual en las relaciones de pareja. La mayoría de las veces no somos conscientes de ello. Llevaba una relación de tres años, y el paso del tiempo hizo que se disminuyera el nivel de intensidad emocional. Muchas veces me ví obligada a tener relaciones sexuales con él, bajo amenazas de abandono, de infidelidad, de saber que íbamos a pelear si no sucedía, de quedar como una mala mujer que no piensa en las necesidades de su pareja, de estar siendo egoísta.

Recuerdo otra experiencia compartida por una mujer que lleva un cargo alto e importante en el medio comunicativo dentro del movimiento social. Ella era la única mujer dentro de un grupo de hombres, los cuales la rebajaban, e invisibilizaban. Por cuestiones personales esos mismos hombres le hicieron lo que entre la esfera laboral llamamos “una cochinada”. La dejaron sola de golpe y se llevaron la mitad del personal de trabajo. Ella pudo salir de esa situación, pero en el momento que me lo contó me pareció increíble que entre el movimiento social, donde practicamos la defensa de los derechos humanos y nos reivindicamos entre las luchas feministas, existan compañeros con este tipo de comportamientos sin ningún problema. Hasta que un día me sucedió a mí. En un grupo de 6 hombres soy la única mujer. Soy la menor y, en cuestiones de experiencia, nueva también. Somos un equipo donde todos llevamos labores importantes, a pesar de esto, empezaron a tener comentarios sexistas contra mí, entrometiéndose en mi vida sexual y reduciéndome a un objeto, me sentí tan ofendida que decidí que debíamos reunirnos y hablar del tema, pero antes de citarlos estaba insegura, pensaba si  no estaba exagerando, si podían ponerse en mi contra, si estaba equivocada, si podía costarme mi puesto.

Luego de la reunión todo salió supuestamente muy bien. Reconocieron su error y se propuso como objetivo el cambio de comportamiento, pero todo bajo la premisa de que como movimiento social no debíamos “dar papaya” lo cuál es válido pero no era el objetivo, ya que el verdadero cambio se hace con un proceso de interiorización y de debate individual. Horas después de la reunión, escuché a dos de los compañeros implicados decir que “yo era una loca, que quién sabe en qué vídeos me monto.” Sólo un compañero al día siguiente se disculpó.

Es necesario hacer el llamado sobre la importancia que se den las discusiones, de manera interna y externa sobre los hechos de acoso presentados dentro del movimiento social, y ésto no tiene por qué dividirnos, no se pretende hacer un juicio, sino reivindicar la consigna de “lo personal es político y lo político público”, así como hacemos las críticas de manera pública sobre el movimiento feminista.

 

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