Cultura

[Especial] Encuentro con Miguel Littin: el vínculo entre el cine y la política en Latinoamérica

29 jul. CI.-  Llegamos  a un local de libros usados con la esperanza de encontrar alguno bueno y barato, después de tanto buscar, ojear y recatear, mi hermano vio un libro que nos llamó la atención: La Aventura de Miguel Littin clandestino en Chile, de Gabriel García Márquez. Él, mi hermano, decidió comprarlo inmediatamente por 5 mil pesos; unos meses después, cuando yo ni me acordaba de Miguel Littin, Felipe me empezó hablar del libro y de lo mucho que le había gustado, desde su estructura narrativa hasta la espectacular historia del rodaje de una película de forma clandestina. Fue así como despertó mi interés por este director  y días después busqué la película que Gabo describió en el libro,  Acta General de Chile. Vi la primera parte, las otras no las encontré y empezó mi búsqueda de Miguel Littin.

Acta General de Chile, grabada en la clandestinidad

“Volví a sentir al cabo de doce años el aire glacial de las crestas andinas”
Miguel Littin

García Márquez escribió un reportaje sobre la forma en la que Miguel Littin volvió a Chile, después de estar 12 años en el exilio, para hacer una película. Más allá de las aventuras que vivió Littin en esta peligrosa misión, el libro refleja lo difícil que son los destierros  y lo complicado que son los regresos, no solo en materia objetiva sino por los encuentros subjetivos que despiertan. El texto es, además, una bonita muestra de cómo gozarse a una de las dictaduras más recordadas en América Latina.

Acercarse al Chile que dejó Littin y al que encontró Gabriel fue sorprendente, “para un hombre de cine no hay un modo más certero de recuperar la patria perdida que volver a filmarla por dentro”. Para Littin uno de los mayores inconvenientes en esta cruzada cinematográfica fue, “dejar de ser un director de cine, pobre e inconforme como lo había sido siempre, para convertirme en lo que menos quisiera ser en este mundo: un burgués satisfecho”. “Este no es el acto más heroico de mi vida, sino el más digno”, sus palabras  fueron, entonces, el aliciente para conocer el cine político o militante del que tanto habla la historia, en especial, la historia Latinoamericana.

Littin, un grande del cine latinoamericano

“Yo pisaré las calles nuevamente/de lo que fue Santiago ensangrentada”
Pablo Milanés

Miguel nació en Palmilla, Chile, en 1942, tiene raíces griegas y palestinas, pues su madre y padre son de estos países respectivamente; tiene formación en teatro, lo que lo llevó a la televisión y al cine. Su primera producción fue Por la tierra ajena. Luego realizó una de sus mayores obras, El chacal de Nahueltoro, en la que se empieza a observar la postura política y los cuestionamientos a la estructura económica. La película participó en el Festival de Cine de Viña del Mar en 1969 y la crítica comenzó, entonces, a  hablar del “Nuevo cine chileno”, muy en la onda con el nuevo cine cubano y brasileño. El cine latinoamericano comenzaba a mostrar otras miradas.

En esta época, Chile vivía uno de los momentos más importantes de su historia, el ascenso de Salvador Allende y la UP (Unidad Popular). Ante esto, los cineastas del momento, con Miguel Littin a la cabeza, redactaron el Manifiesto de cineastas de la UP, en el que reflejaron las posturas ideológicas de la UP en el desarrollo cinematográfico. Por esta razón, Allende lo nombró director de Chile Films, empresa que recogía toda la creación cinematográfica del país.

Luego de su nombramiento, realizó una serie de trabajos cinematográficos, entre los que se encuentran Compañero Presidente y La tierra prometida. No obstante, a partir de septiembre de 1973 su vida se vio marcada por el exilio en medio de un golpe de estado propiciado por Augusto Pinochet.

Su siguiente película, Actas de Marusia, fue nominada al Óscar por mejor película de habla no inglesa, igual que Alsino y el cóndor, desarrollada años después. Gran parte de su trabajo fue desarrollo en el exilio y hoy cuenta con aproximadamente 18 producciones que lo hacen uno de los grandes cineastas del continente, no solo por el número de películas sino por reflejar en ellas la identidad de los pueblos y los más profundos problemas que aquejan a Latinoamérica.

El encuentro en Jardín

Miguel  estuvo en Colombia en el Festival de Cine de Jardín, evento realizado del 1 al 4 julio en el municipio de Jardín, Antioquia, con una temática muy precisa “El posconflicto: solo se perdona lo imperdonable”.

La gente mencionaba que Littin andaba por ahí desprevenido, conociendo Jardín, recorriendo el Festival, que lo abordara por ahí en un café y hablara con él, pero yo no lo conocía y así me la pasé la primera tarde esperando toparme con él. La oportunidad se dio, entonces, en una charla que realizó Littin con William Ospina. Ubiqué la cámara lo más cerca que pude a Littin, preparé las cosas para un buen registro y esperé su llegada. La gente, amontonada, lo  abordó una y otra vez antes de subirse al escenario. Miguel estaba ahí, cerquita de donde yo estaba. Las palabras con las que lo recibió Augusto Bernal, crítico de cine colombiano, citando al mismo Littin fueron:

“Al comienzo fue para mí la fascinación de la infancia, como niño que era soñaba y tenía la oportunidad de contar historias; los movimientos, las imágenes y la posibilidad de transformar y cambiar la realidad en que vivíamos. En esa época el cine fue para mí un espacio seductor, un gran lienzo para expresar mi imaginación, más tarde fue un espacio de protesta de la injusticia, una manera de denunciar un mundo injusto y corrupto, vi un instrumento para transformar conciencias, como vivía  en un mundo de miseria social donde no se puede dar concesiones, vi en el cine la oportunidad de lograr ambos sueños, a manera de un medio que hacía una conciencia colectiva. De hecho, el sueño me ha permitido conjugar lo real con lo maravilloso, es lo que continuamente trato de hacer”.

“Durmiendo con un ojo abierto”, fue el nombre que le dio Littin a su charla, en la que habló del eje central del Festival: el posconflicto desde su experiencia personal y cinematográfica. Compartió unas reflexiones para tener en cuenta en los tiempos venideros en Colombia “con un ojo abierto porque si cerramos los ojos nos golpean de nuevo”.

La voz de Miguel Littin

“Hablar del olvido, el perdón y la memoria, nos lleva a discutir temas tan trascendentales como el amor y el odio. Hoy día somos herederos de los retazos de una sociedad destruida por la barbarie y lo que se llamó el progreso; olvidar y perdonar son quizás sentimientos superficiales frente a la verdad histórica, quizás no se pueda perdonar y olvidar, pero la sociedad tiene que buscar formas de equilibrio que le permitan avanzar”.

“Las artes para abrir las alamedas de las que habló Allende, en el arte soñamos y en la vida aceptamos”.

“Los exilados fuimos favorecidos. Tenemos que agradecerle a Pinochet por la beca recibida. Lo difícil que son los destierros y lo complicado que son los regresos”.

Su filmografía, basada en la rabia que le produce la injusticia y su relación con el Compañero Presidente, a quien le ha hecho dos películas, ha sido su vida. “He saldado mis cuentas con la memoria”.

Cuando acabó la charla lo esperé, dejé que la gente le tomara fotos, lo abrazara, le pidiera consejos profesionales y hasta le leyera una especie de carta. Al quedarse solo lo abordé y le solicité una entrevista y me dijo “vamos caminando que debo salir y en el camino vamos conversando”. Empezamos a caminar y solté mis preguntas.

Colombia Informa: ¿Gabriel García Márquez, qué significa para usted?

Miguel Littin: Mi cariño y mi amor por mi hermano mayor, a quien quiero y respeto, lo recuerdo mucho, él fue mi gran amigo.

C.I: ¿En qué anda ahora, qué es lo próximo de Miguel Littin?

M.L: Estoy tratando de trabajar en una película mapuche, ahora voy para Chile a rodar.

C.I: ¿Cuál es la vigencia del Manifiesto de cineastas de la UP?

M.L: Si tú lees el Manifiesto y ves mi filmografía te das cuenta que sigue pegada a ese manifiesto. Hablemos de la historia, de la memoria, no olvidemos a los que fueron perseguidos, levantemos la bandera de los cambios, abiertos, permanentes, democráticos, de las transformaciones. Si ves mis películas te das cuenta que son ese Manifiesto.

C.I: ¿Cómo define lo que hace en el cine?

M.L: Yo lo hago como yo puedo, es un instrumento de las necesidades, los sentimientos de los demás. Mis películas siempre se las dedico a mis personajes, son campesinos pobres, son gente humillada, son gente que se levanta y lucha son, en definitiva, ciudadanos con dignidad, desde siervos de la tierra hasta presidentes de la república.

C.I: Dunav Kuzmanich, ¿cómo lo recuerda?

M.L: Mucho, lo recuerdo mucho, él trabajó conmigo en Chile Films, cuando yo era presidente de esa institución

C.I: Acta general de Chile, ¿cómo la recuerda?

M.L: Umm… se me escapó hablar de eso. Recuerdo que fueron días de mucha agitación y mucha emoción…

De repente alguien que venía entre los tantos que estábamos ahí lanzó una pregunta: ¿Maestro, cuál es la importancia del documental en el posconflicto?

M.L: Es fundamental porque es el testimonio, y es el testimonio que nos permite reflexionar, y de la reflexión salen respuestas y salen posturas y posibilidades para resolver nuestra vida en sociedad. El documental es imprescindible en la vida de los pueblos.

Nuevamente alguien expresó otra pregunta: ¿Un mensaje a los jóvenes realizadores?

M.L: Mucha fuerza, mucha modestia, pero mucho orgullo de no aceptar jamás la imposición de los poderosos. Modestos con la gente humilde, con la gente que alimenta nuestras historias; perseverante y riguroso y levantarse todos los días por lo menos con una idea a desarrollar.

Ese mismo preguntón que no dejó que yo continuara con  todas mis preguntas lanzó una más: Maestro, el documental como herramienta de subversión, ¿qué piensa de eso?

M.L: Los documentales son obras de arte, la subversión es del pensamiento, del alma, porque te entrega elementos, antecedentes, te entrega testimonios de vida y eso alimenta el espíritu, y el espíritu transmitido en uno y en otro se convierte en colectivo y ahí sí puede existir la posibilidad de la subversión, que es un deber de todos los hombres de esta tierra contra el orden establecido y contra los poderes que se utilizan en contra del pueblo. La gente debe rebelarse.

Miguel le preguntó a un joven que grabó todo el tiempo, ¿qué está haciendo?, -el joven respondió- un diario de viaje. Ante esto Littin contestó, “yo todo el tiempo tomo apuntes con la cámara”.

Después de escucharlo por una hora y veinte minutos, compartir con él unos veinte minutos más, me quedó la sensación de devolverme en el tiempo y revivir el cine que se hacía en los años 60 y 70 del siglo pasado, un cine que irradiaba espereza. Igualmente me traje la reflexión general de su conferencia, en momentos de posconflicto hay que dormir con un ojo cerrado y otro abierto.

CI SP/DM/29/07/2016/06:58

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