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[España] Vistalegre II o la toma de datos

21 feb. Zaragoza – Hace un par de semanas se celebró en España el segundo Congreso Nacional de Podemos o, como lo llamaron, el Congreso Vistalegre II. Si hay que hacer caso a las empresas de comunicación, el resultado sería la victoria de Pablo Iglesias sobre Iñigo Errejón en una contienda que se habría desarrollado en los últimos meses.

Por M.S.A*. Desde el verano pasado, y con más ahínco desde noviembre, las empresas de comunicación han desgranado en noticias y columnas las posiciones encontradas de Iglesias y Errejón dentro de Podemos. Dichas discrepancias se corresponderían con la vieja discusión entre Kautsky y Bernstein, revolución o institución, salpicadas por las actualizaciones de Laclau y la famosa transversalidad. No merece la pena ahondar en estas diferencias teóricas que llevan casi un siglo discutiéndose y cuya validez depende del contexto donde se realiza el análisis. Lo que tal vez resulte un poco más interesante es ver cómo esa discusión clásica ha dañado tanto a Podemos.

La principal consecuencia del conflicto entre Iglesias y Errejón ha sido la humanización de ambos y, por consiguiente, del propio partido. Hay que entender que una de las principales ideas fuerza del Podemos inicial defendía que eran una herramienta generada por personas intelectualmente capaces y preparadas. Para desarrollar este concepto se generó todo un imaginario, tanto de Iglesias como de Errejón, en el que se exacerbaban sus logros académicos e intelectuales. Se hicieron públicas sus publicaciones, sus doctorados, sus currículos; salieron hablando inglés y se intentaron rodear de los principales teóricos académicos del momento. De los fichajes más mediáticos a las incorporaciones locales, todas llevaron esa bandera del conocimiento, la preparación y la eficacia.

Esto atrajo no solo a las personas intelectuales afines sino que los pensadores oficiales y oficiosos de otras organizaciones de izquierdas también se sintieron cómodos y terminaron integrándose. Tal concentración de personas provenientes de la academia y la intelectualidad dio lustre y esplendor a un partido cuyas bases también adoptaron ese mensaje. Sin embargo, con esta discusión, en Podemos se produce lo que se podría llamar la “paradoja Rajoy”. Tras los espectaculares casos de corrupción que han afectado al Gobierno y al Partido Popular (PP), básicamente, la paradoja se resume en que si Rajoy como presidente del gobierno y del PP conocía la corrupción es un corrupto y no debe gobernar, y si no los conocía, es incapaz de controlar a su propio partido y tampoco lo merece.

En Podemos tras el encumbramiento de sus líderes como grandes pensadores y pensadoras, aparece en el sentimiento de sus simpatizantes algo parecido: si de verdad la discusión es la dialéctica entre calle e institución y se atrevieron a montar un partido sin resolverla antes, es que no son demasiado brillantes; mientras que si esa discusión es una tapadera de otros problemas, entonces la famosa nueva política tal vez se parezca a la vieja política de las envidias y los sillones, algo más de lo que gustaría reconocer.

Podemos ¿Nueva política o ropajes recién comprados?

Realmente, en esta verbalización de un sentimiento es donde aparece el daño a Podemos. De repente, se cae el mito de la capacidad estratega más allá de las conversaciones sobre Juego de Tronos, y también se abren dudas de si la nueva política (otra de las ideas fuerzas iniciales es que Podemos instauraría una forma nueva de hacer política) es realmente nueva o solo lleva ropajes recién comprados.

Por supuesto, cualquier análisis de Podemos proveniente de las empresas de comunicación debe tomarse con alfileres. Su exposición hace que la tergiversación de sus actitudes y acciones sea fácil y, en ocasiones, roza el mero absurdo, como el caso del diario ABC. Mas este hecho no es responsabilidad exclusiva de las propias empresas de comunicación y parece ir unido a la organización política. En añadido, me atrevería a decir que incluso cualquier análisis de Podemos hecho por una persona integrante también debe tomarse con precaución. Esto se debe a que una de las estrategias que más beneficios ha generado a Podemos a nivel electoral ha sido su metodología comunicativa. Su presencia casi constante en televisión, radio, prensa y la gestión de las redes sociales han permitido la generación de militantes, simpatizantes y votos en escaso tiempo.

No podemos obviar que Podemos no sería el Podemos actual sin el apoyo mediático de varias empresas de comunicación. En sus momentos iniciales no había programa político o de actualidad que no contase con sus miembros en los horarios de máxima audiencia. Su impulso coincidió con una profundización del olvido histórico que sufría su rival electoral, Izquierda Unida. Ello contribuyó, y no poco, a la distancia que se generó entre ambas organizaciones.

Cuando se alzaba alguna crítica a lo que se denominó “política de plató”, incidiendo en los peligros de colaborar con las empresas de comunicación, la respuesta invariablemente apuntaba a que la capacidad de Iglesias y Errejón subía la audiencia a esas cadenas y colocaban esa herramienta entre los aciertos de una estrategia bien definida y pensada.

Esa relación fue cambiando poco a poco, al tiempo que la importancia electoral de Podemos crecía, llevando en determinados momentos a cruce de acusaciones entre ciertos periodistas e Iglesias. Pero es, en la situación de discrepancia actual, cuando se ha demostrado que no había estrategia detrás sino un acomodo a una puerta abierta que se les ofreció. En lugar de establecer un discurso común que permitiera dirimir sus discrepancias de puertas hacia dentro del partido, tal como la propia militancia merece y reivindicaba, Iglesias y Errejón, personificados muchas veces en sus portavoces Irene Montero y Rita Maestre, han pagado tal vez la costumbre de hacer “política de plató”, tal vez el precio por estar en las portadas, haciendo declaraciones gratuitas, mandando cartas abiertas, grabando videos virales, lanzándose acusaciones por las redes.

Una cosa es que las empresas de comunicación del capital cumplan con su función y otra es que se les de carnaza gratuita. Esa irresponsabilidad de ambos, tanto de Iglesias como de Errejón, debería ser remarcada y el hecho de que nada de esto salga en los análisis posteriores puede significar dos cosas: que han aprendido y a partir de ahora las declaraciones serán diferentes, o que la política de plató y portada se encuentra tan incrustada en las formas de Podemos que han decidido pagar su precio a cambio de estar permanentemente en el ojo.

Dos posiciones teóricas convenientes

Con independencia del debate, desde una perspectiva exclusivamente centrada en el movimiento popular, resulta difícil establecer cuál de las dos posiciones teóricas resulta más conveniente. En primer lugar porque se establecen serias dudas sobre la discusión, debido a que precisamente el nacimiento de Podemos se debe, según sus análisis fundacionales y el discurso establecido, a la incapacidad del propio movimiento popular de conseguir victorias que le permitieran avanzar, a pesar de las visibles victorias que habían conseguido las plataformas adscritas a Marchas por la Dignidad. La interpretación del mismo puede variar, pero lo innegable como hecho es que su desarrollo coincidió con la el descenso de actividad de popular. Por lo tanto, resulta paradójico, en tan solo dos años, el deseo de regresar a aquello que se afirmó que no funcionaba. De nuevo, esto se puede interpretar como un error de análisis y, teniendo en cuenta que numerosas voces afirmaban que, si se abandonaba entonces la movilización popular, costaría años levantarla, también como un ejercicio de prepotencia.

En Podemos la primera derrota la sufrió el modelo de partido propuesto en la asamblea anterior por la rama anticapitalista, mucho más descentralizado, por eso también resulta curioso que Errejón, uno de los principales artífices de la homogeneidad, jerarquización y personalización de Podemos en esa asamblea denuncie, cuando le toca probar de esa medicina, una falta de democracia. Siendo que ambas propuestas fueron rehusadas en asamblea general, esperemos que sepa encontrar su lugar en Podemos con la misma elegancia que el grupo anticapitalista, cuyas ideas él mismo contribuyó a arrinconar. Si este cambio de opinión sobrevino de un análisis profundo, de nuevo encontramos un error grave. Hacer internos los debates y externos los reproches no parece la mejor estrategia, sino que la lógica parece indicar que lo interesante, en pos de la transparencia, sería precisamente lo contrario.

Las empresas de comunicación intentan unir la idea de Iglesias a la movilización popular y social y la de Errejón a la política institucional. Si así fuera, el Podemos ganador de Iglesias deberá mantener la alianza con IU y, desde luego, mostrarse mucho más abierto a colaborar con, y no absorber a, los movimientos populares actuales. Sin embargo, el desarrollo de un camino conjunto popular e institucional siempre avanza en la dialéctica de cumplir con los plazos electorales o con los plazos populares, que no suelen coincidir, por lo que la lógica de pérdida de fuerzas en los movimientos populares puede convertirse en un mal endémico de la izquierda, y por lo tanto conseguir el efecto contrario a lo que se pretende. Por este lado, el desarrollo de las tesis institucionalistas de Errejón podría suponer una mayor independencia del movimiento popular a la hora de diseñar y gestionar su propia agenda y temporalidad, teniendo como aliados a profesionales de la política en las instituciones.

Sea como fuere, el peligro de ambas posiciones radica, y así se lo arrojan un bando a otro a través de las redes sociales, por una lado, en que se pierda espectro electoral debido a la presión de las empresas de comunicación asimilándolos a “viejas” ideas (ideas, por otro lado, que el propio Podemos ha terminado de asentar como antiguas en el ideario de las personas votantes), y por el otro, en que desaparezca la conexión con el movimiento popular y se llegue a la institucionalización completa. O sea, que regresen las experiencias anteriores de PSOE e IU.

Las soluciones son múltiples y variadas, como la creación de un consejo superior con participación de las organizaciones electorales y populares de igual a igual, por ejemplo, pero para aplicarlas debe terminar el enfrentamiento, replantearse la lógica de la capacidad intelectual de los representantes y, por supuesto, cambiar la relación con el capital a través de sus empresas de comunicación.

Personalmente soy de los que piensa que Podemos, a pesar de sus diputados, es la mejor noticia que tuvo el capital tras las movilizaciones del 22M, pero ya no se puede volver atrás. Podemos es una realidad concreta y su caída arrastraría no solo a su socia electoral, Izquierda Unida, sino también el trabajo de décadas del movimiento popular. Puede que su recogida prematura de la fruta haga que ésta no se pueda comer, pero tenemos el deber de analizar, aprender y almacenar la experiencia, y para ello cuanta más larga sea, más datos habrá disponibles.

CI MSA/MP/21/02/17/9:00

*M.S.A. es un destacado escritor y corresponsal de Colombia Informa en España.

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