Derechos Humanos

[Entrevista] La inteligencia militar en Colombia: ¿el árbol de las manzanas podridas?

24 abr. CI.- Cuando ocurren escándalos que ponen en tela de juicio públicamente a instituciones de inteligencia por violaciones graves, el Estado colombiano repite una práctica sistemática: acaban la institución y crean una nueva con las mismas funciones, con la misma doctrina y lógica pero con otro nombre.

Recientemente estalló un nuevo escándalo en las Fuerzas Militares, esta vez por cuenta de un caso de corrupción en el Comando Conjunto de Inteligencia.

El Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas. siguiendo la vieja receta de cuando ocurren casos similares, ordenó su disolución. Este escándalo se suma a los múltiples que han habido en la historia por violaciones graves a los Derechos Humanos por parte del Estado y los aparatos de inteligencia. El antiguo Departamento Administrativo de Seguridad -DAS- y la sala de interceptaciones Andrómeda son quizás los más recordados en el tiempo reciente.

Estos fenómenos llaman la atención sobre el problema de las instituciones de inteligencia en el país, más que manzanas podridas parecen reflejar un problema estructural que reclama la atención e intervención inmediata del Estado y la sociedad.

Colombia Informa tuvo la oportunidad de dialogar con Cristian Barrera, autor del libro La Inteligencia en Colombia, el lado oscuro de la Fuerza, el cual es el segundo capítulo del informe STOP WARS, paren la guerra contra defensores/as, investigación del programa Somos Defensores que en tres entregas aborda las problemáticas que enfrentan los y las activistas por los Derechos Humanos.

¿Para qué ha sido usada la inteligencia militar en Colombia?

Se pueden ubicar dos usos o formas de entender la inteligencia en Colombia ligados a la persecución o vigilancia del enemigo.

Una primera forma es simbólica, como esta inteligencia y esta dinámica de persecución buscó hacer ilegítimo y contrarrestar la dinámica de denuncia de actuaciones de Terrorismo de Estado, hechos que se podían reclamar a nivel internacional como violaciones graves del Estado. La inteligencia tuvo un papel de disputa de legitimidad, intentado ensuciar la credibilidad de estos defensores.

La segunda, en el caso colombiano se dio una dinámica física más coercitiva. En el ejercicio investigativo se puedo encontrar que en varios contextos y momentos -no solo del 2008 sino también en los Noventas y Ochentas- hubo una articulación clara entre la guerra sucia paramilitar con los servicios de inteligencia para poder hacer ejercicios de violencia física y material contra los defensores, una dinámica de persecución física que ha costado varias vidas.
Dentro de las formas de represión y de Terrorismo de Estado ha habido mutaciones con el tiempo. Durante el Estatuto de Seguridad de Turbay, a finales de los Setentas, la forma de agresión que el Estado utilizaba contra la oposición y los defensores de Derechos Humanos era la tortura. Como resultado esta, la izquierda, la oposición y los movimientos sociales empiezan a hablar de DDHH por ser un grave atentado contra sus vidas.

La emergencia del movimiento de Derechos Humanos generó una presión al Estado, obligándolo a cambiar o mutar sus formas de agresión: de la tortura se pasa a la desaparición.

Desde finales de los Setenta hasta mediados de los Ochenta es la tortura, de mediados de los Ochenta a mediados de los Noventas la desaparición; con la llegada del paramilitarismo emerge la masacre, el asesinato masivo; luego se empieza a refinar hacia el asesinato selectivo, hasta el modo de hoy que se puede denominar como la amenaza de forma más discreta.

Ninguna de estas formas ha desaparecido pero si han existido mutaciones y predominancia de unas sobre otras en determinado contexto histórico.

En este momento estamos migrando de la amenaza al chantaje mediante información sensible obtenida mediante la interceptación y hackeo de las comunicaciones mediante los avances tecnológicos del espionaje y la inteligencia. Todos estos dispositivos y mecanismos de aplicación de la inteligencia, han sido tristemente utilizados contra personas y movimientos sociales que promueven transformaciones para el país y el respeto de los Derechos Humanos.

¿Cuál ha sido el papel que ha jugado Estados Unidos sobre la formación y la aplicación de la inteligencia en Colombia?

Desde el nacimiento mismo de la inteligencia en Colombia hasta hoy siempre ha existido un apadrinamiento internacional en términos doctrinales, institucionales y tecnológicos por Gobiernos extranjeros.

La primera institución en materia de inteligencia es resultado de la experiencia colombiana en la Guerra de Corea, luego de ver el funcionamiento y dependencia de la inteligencia del Ejército de Estados Unidos.

El DAS, la Dirección de Inteligencia Policial -DIPOL-, etc. son resultados de recomendaciones y visitas extranjeras que sugieren crear estas instituciones.

Los manuales utilizados en Colombia son traducciones textuales de los textos producidos por Estados Unidos. Estos organismos surgen en el marco de la emergencia de movimientos emancipatorios y rebeldes en el continente, como la Revolución Cubana.

A partir de estos movimientos, Estados Unidos define como una de sus políticas del continente empezar con Gobiernos aliados a construir instituciones policiales y militares que lograran contrarrestar y neutralizar la emergencia de nuevas formas de Gobierno y de construcción de sistemas políticos alternos.

En ese sentido, Estados Unidos e Israel (este último después de la década de los Ochenta) han jugado un papel clave en la formación y el ejercicio de la inteligencia militar en Colombia. Primero con los ejércitos privados paramilitares en el Magdalena Medio y luego con el Estado y la contratación con diferentes instituciones.

Estas formas de cooperación y de ayuda técnica, tecnológica y doctrinal no responde a un ayuda per se de un Gobierno con otro, sino a intereses ideológicos, políticos y económicos de estos países en Colombia y la región. No es una cooperación neutral, está atravesada por la geopolítica y la importancia estratégica de Colombia.

En su libro sugiere que hay posibilidades de que en la Embajada de Estados Unidos hayan existido salas de inteligencia.

El tratamiento militar y político de Estados Unidos hacia Colombia ha sido el de dominación y hegemonía. El tratamiento de Colombia hacia el Norte ha sido de sumisión y subordinación.

Estados Unidos hace cosas en Colombia sin pedir ni consultar al Estado Colombiano. De manera histórica, Estados Unidos ha jugado un papel clave en el país: el Plan Colombia, las extradiciones, la política antidrogas, su papel dando aval a un candidato para poder llegar a la Presidencia; son algunos ejemplos.

Haciendo la revisión documental y recogiendo dos fuentes periodísticas encuentro que se había filtrado la información de que Estados Unidos podía tener salas de interceptación dentro Embajada.

Tres factores permiten plantear ese interrogante. Primero, la Embajada de Estados Unidos en Bogotá es la más grande en términos de metros cuadrados y cuerpo diplomático de Suramérica. Segundo, varias fuentes e informaciones que pudimos consultar nos hablaron que en varias bases militares y operaciones de inteligencia había un papel activo de miembros de cuerpos de seguridad estadounidenses en operaciones de inteligencia colombiana, sobre todo cuando eran operaciones sensibles, estratégicas o de gran envergadura. Estos agentes permanecían en las bases militares tomando registro de estas operaciones. Y tercero, una fuente periodística señaló que se había filtrado una información sobre que en la Embajada había equipos para interceptar comunicaciones.

Este tipo de acompañamiento, supervisión y coordinación continúa hasta la actualidad. Estados Unidos tiene información que es personal de alguna parte de la población colombiana, que no debía tener porque la obtuvo de manera ilegal, ya sea porque las instituciones colombianas se la dieron o la obtuvieron vulnerando la soberanía y el espacio electromagnético de la nación.

Con los casos de la sala de interceptación Andrómeda del Comando Conjunto de Inteligencia del DAS -que da cuenta de la magnitud del aparato de inteligencia y de los recursos que maneja-, ¿cómo funciona y que tan público es su funcionamiento?

En el libro intentamos hacer un ejercicio de tipo estadístico y financiero para analizar la evolución del gasto en inteligencia. En los últimos 25 años la tecnificación y especialización de los servicios de inteligencia ha generado que los gastos se vayan incrementado año a año.

Cuando ocurren escándalos como los del DAS, Andrómeda, El Charry Solano, F2, etc, que ponen en tela de juicio públicamente a instituciones de inteligencia por violaciones graves, el Estado colombiano repite una práctica sistemática: acaban la institución y crean una nueva con las mismas funciones, con la misma doctrina y lógica pero con otro nombre.

Proyectando así públicamente que las practicas perversas se acaban con la institución, cuando en realidad crean una nueva con la misa estructura y las mismas finalidades doctrinales. Tal como está ocurriendo hoy con el escándalo del Comando Conjunto de Inteligencia y la Regional de Inteligencia, los cuáles el Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, ordenó acabar.

Nos preocupa bastante que esta nueva institución que se llama Dirección Nacional de Inteligencia -DNI-, a pesar de tener un altísimo nivel de discrecionalidad y que muy poca gente hable o sepa de ella, tiene el 12% del personal que tenía el DAS (en el DAS eran aproximadamente 8.600 personas, mientras que en el DNI son aproximadamente 900) pero el presupuesto es el doble. Esto genera muchas dudas sobre lo que se hace con esa plata y cuáles son las funciones que desarrolla esta institución.

¿Cuáles son los retos que tiene Colombia hoy frente al manejo de la inteligencia militar?

Hace poco tuve la oportunidad de visitar el Departamento del Chocó, algunas comunidades de la región comentan que la Armada en algunas zonas usa a jóvenes y niños como campaneros e informantes, esto sumado a otras denuncias parecidas en otras regiones, preocupan por la permanencia de prácticas que tienden a ser violatorias de la Constitución y del Derecho Internacional Humanitario como parte de las labores de inteligencia.

Es alarmante en un contexto de Construcción de Paz y de nuevos papeles de la fuerza pública en los territorios. Los retos que habría para la inteligencia y la sociedad colombiana son en dos niveles.

Para la sociedad colombiana, intentar conocer y ampliar el debate con muchos sectores de la sociedad -más allá del movimiento de Derechos Humanos- sobre cuál debería ser el uso y el manejo adecuado de las labores de inteligencia, con énfasis en el Derecho a la Privacidad y el Derecho a la Información.

CI DO/PC/24/04/18/12:00

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