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[Entrevista] El amor a la vida fue protagonista del referéndum catalán

9 oct. Zaragoza.- Alfons Gregori (Caracas, 1974), Doctor en Estudios Literarios, profesor de Lengua Catalana y de Historia y Cultura de la Península Ibérica, en la Universidad Adam Mickiewicz, de Poznań (Polonia).

*Por M.S.A. Ha militado en diversas organizaciones independentistas catalanas, aunque fue como representante estudiantil cuando se formó como militante político. Concretamente, en el Bloc d’Estudiants Independentistes -BEI-  organización que –bajo diversos cambios de siglas– ha sido y continúa siendo el sindicato de estudiantes mayoritario en Cataluña. Posteriormente militó en el Partit dels Socialistes de Catalunya -PSC-, que abandonó en 2012 por no cumplir el partido las expectativas de la sociedad catalana ni saber combatir la crisis económica desde la izquierda.

Se ha dedicado a la promoción de la lengua y la cultura catalanas en Polonia, por lo cual este año ha sido galardonado con el premio catalán Batista i Roca – Memorial Enric Garriga Trullols. Actualmente es simpatizante de la Assemblea Nacional Catalana -ANC.

Colombia Informa: Por una anécdota histórica, a los catalanes en España se les denominaba “polacos” de forma despectiva. Tanto es así que le habéis dado la vuelta y uno de los programas de TV3 más famosos es el programa de humor llamado “Polonia”. Comenzando con ese humor, como “polaco” en Polonia, ¿cómo has vivido desde el exterior la jornada del 1-0?

Alfons Gregori: En efecto, a los catalanes se nos ha llamado durante décadas así. Quizá porque nuestra lengua tiene sonidos que el castellano no posee pero que sí que tiene el polaco. La presencia de revolucionarios polacos en toda España durante las guerras napoleónicas podría ser la causa del uso de esta palabra referida a los catalanes. El título del programa de televisión que mencionas, Polonia, refleja un tipo de humor muy característico de la tradición catalana: la ironía. En este caso, la autoironía, que ha sido muy útil para evitar tomarnos demasiado en serio los infortunios de la Historia.

Este humor, ligado al carácter mediterráneo del amor a las cosas placenteras de la vida, la sensualidad y el pragmatismo, también ha sido protagonista del aire de protesta que ha desembocado en el referéndum del 1 de octubre: las mofas ante las fuerzas de ocupación españolas (cantando tonadillas humorísticas enfrente de columnas de policía militarizada) y ante la cerrazón incomprensible del gobierno español (centenares de trinos de burla circulando).

Estas bromas, en definitiva, han contribuido a abandonar casi completamente el miedo que sentía el sector de gente mayor de la población, que recordaba la terrible Guerra Civil española y durante años no quiso “arriesgarse” a pensar un futuro político de libertad real ante una Constitución, la española, que es la heredera directa de la dictadura franquista.

Desde Polonia todo esto lo viví con una curiosa mezcla de excitación y preocupación, al poder seguir a cada momento por internet el desarrollo de la votación y las brutales cargas de la policía española contra civiles indefensos.

CI: Una de las imágenes de la jornada ha sido el uso de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad del Estado. ¿Te ha sorprendido esta respuesta del Gobierno Español?

AG: Me ha sorprendido en el sentido que no me esperaba ver policías armados hasta los dientes agrediendo a ancianos, mujeres y adolescentes en lo que se supone que es un estado occidental que presume de democracia.

Pero no me ha podido llegar a sorprender realmente porque la demonización del pueblo catalán por los medios de comunicación españoles ha sido tal durante meses (en algunos durante años) que esa policía envalentonada esperaba poder actuar en defensa de su Nación con todos los medios posibles, como hemos visto en la violencia empleada.

Tengo la impresión de que, en España, contra los catalanes vale todo. Como si existiera un odio irracional a lo catalán en una buena parte de la población que llevara a este tipo de actos y que no tuvieran consecuencia ninguna. En estos términos, podría hablarse de una especie de sentimiento colonialista de esos españoles hacia una Cataluña que saben que no se siente a gusto en la España actual.

CI: Para alguien ajeno a veces resulta difícil y sorprendente acercarse a la diversidad de partidos y organizaciones que conforman el movimiento independentista catalán. ¿Podrías situarnos a los diferentes colectivos dentro del movimiento independentista actual?

AG: Si por alguna cosa se caracteriza el movimiento soberanista actual en Cataluña es por ser interclasista. Lo cual ha permitido que tuviera el éxito que ha tenido, inimaginable hace 20 años.

Por primera vez en la Historia Contemporánea una parte destacada de la derecha catalana ha apostado por la independencia como la única salida razonable del yugo que supone un Estado y unos medios de comunicación como los españoles que agreden la cultura propia y su dignidad.

Ahora bien, todo esto no hubiera sido posible sin unos partidos y sindicatos de izquierda que durante décadas han incidido en un discurso catalanista social. Es decir, ha quedado muy claro a la mayoría de catalanes que la independencia no debe ser un fin en sí mismo, ni una patraña para alimentar la avaricia de los ricos y esconder la corrupción de los políticos. Tampoco una manera de poder colgar ciertas banderas o bailar bailes folclóricos. No, de ningún modo.

El discurso de la izquierda independentista ha triunfado porque ha abierto los ojos a muchos catalanes sobre el efecto en las clases populares del maltrato económico y político al cual somete España a la comunidad autónoma de Cataluña.

En este sentido, ERC -las siglas del partido izquierdista y republicano históricamente más soberanista- desde hace décadas ha hecho una labor ingente. También las CUP -la izquierda alternativa, anticapitalista e independentista- han conseguido concienciar sobre aspectos que la derecha catalana tradicional había obviado.

Ha sido una lucha tenaz en que lo cultural y lo económico se han dado la mano en una sociedad bastante más madura, igualitaria y avanzada socialmente que la del centro de la Península, las extensas regiones de Castilla, Andalucía o Extremadura, entre otras.

El Tribunal Constitucional español ha tumbado muchas leyes en los últimos años que intentaban proteger a los desfavorecidos ante las grandes empresas energéticas o avanzar en la igualdad entre hombres y mujeres.

CI: Sin duda, el contexto histórico de la legitimidad independentista ha sido también muy debatido durante todo el proceso. ¿Te importaría hacer una breve descripción de los hitos fundamentales del independentismo catalán a lo largo de la historia?

AG: Hitos en sí han habido pocos, lo que más ha habido han sido derrotas. Por esos estamos como estamos.

En 1640 una revolución popular con el apoyo de la burguesía media catalana intentó acabar con la dominación de la monarquía española, asesinando al Gobernador y estando durante unos años bajo el amparo francés en forma de República.

En 1714 las tropas del nuevo Rey de España, el primero de la dinastía borbónica que todavía encabeza el Estado, ocuparon Cataluña, sitiando y arrasando Barcelona, que cayó con el lema “Libres o muertos” colgando de las murallas de la ciudad. Tras ello, el ejército de ocupación confiscó todas las armas que había en el país y se construyó una fortaleza para controlar la capital (la Ciudadela), además de acabar con los usos y costumbres catalanes, las instituciones propias de autogobierno y, gradualmente, el catalán de las esferas oficiales.

En 1909 Barcelona fue la única ciudad de España en que se produjo una verdadera revolución social para acabar con la explotación del pueblo llano con fines colonialistas en el norte de África, la llamada Semana Trágica, reprimida brutalmente por las fuerzas del orden del Estado.

Por último, los catalanes lucharon como muchos otros españoles para defender la II República española frente al bando de los militares sublevados, ferozmente anticatalanistas y antidemócratas.

CI: Eres profesor de Cultura Catalana en una universidad europea, ¿cuáles son los hechos diferenciales respecto a España que se deben considerar?

AG: La lengua catalana ha sido el valor identitario más querido y defendido de los catalanes a lo largo de la Historia, incluso en los momentos más duros. El catalán es una lengua románica tan diferenciada del español como lo puede ser el italiano, por ejemplo.

Otro ámbito importante es el derecho civil, muy desarrollado y con diferencias más que notables con el castellano.

Las fiestas y tradiciones también han sido históricamente bastante diferentes, incluso en la actualidad: torres humanas de nueve pisos frente a las corridas de toros (prohibidas hoy en día en Cataluña); una celebración de Navidad muy distinta de la tradicional en el resto de España; del día de Sant Jordi (San Jorge), muy exitoso como fiesta del amor y la cultura (se compran y regalan rosas y libros); y un largo etcétera. Incluso un talante político distinto, más igualitario y democrático que el derivado del hidalguismo y del rancio abolengo castellano.

CI: Llevas casi 20 años viviendo en Europa, ¿cómo valoras la visión de Cataluña en el exterior?

AG: Hasta hace poco ha habido un gran desconocimiento de la realidad catalana, que obviamente no se resume en lo que pasa actualmente en Cataluña, sino que constituye un fenómeno sociopolítico desde la época medieval en torno de la evolución de otras tierras de habla catalana, siendo las principales la región Valenciana, las Islas Baleares, Andorra (que es un Estado cuya lengua oficial es el catalán) o la Cataluña Norte, que forma parte de Francia.

Gracias a las noticias sobre el referéndum, las protestas y la represión, muchas personas han sufrido un sorpresón: “¿De dónde sale esto?”, se preguntan.

Bien, hasta el día de hoy uno de los grandes éxitos del Estado Español había sido la invisibilidad de la realidad catalana. Entre otras, han impuesto conceptos para sus fines –no solo en Cataluña–, como la idea engañosa y magnificada de “la lengua común” (el español) y la “Nación más antigua de Europa”. A su parecer, se trata de España, aunque no hay base ninguna para tal afirmación, porque en la Edad Moderna ni la lengua, ni las costumbres, ni el derecho, ni las tradiciones eran “comunes”.

¿De qué tipo de nación están hablando, pues? Hablan de la Gran Castilla, su mito fundacional y, si no se apuran, el lastre que va a sepultar el proyecto de una España auténticamente democrática.

Sea como sea, aparte de la repercusión de la revuelta catalana que se está viviendo, actualmente hay bastante más conocimiento de esta realidad diferenciada gracias a los profesores de lengua y literatura catalanas que hay en todos los continentes, al Barça (más que un club de fútbol), y a las voces del mundo cultural que reivindican con más fuerza sus orígenes.

CI: ¿Cuáles conclusiones sacas de la jornada del 1-0?

AG: Que las fuerzas políticas españolas que quieren mantener la unidad territorial del Estado o bien están embobadas por el mito de la Gran Castilla que deforma su visión de las cosas (la derecha y los socialistas), o bien son demasiado débiles para cambiar nada (la izquierda alternativa de Podemos).

Desgraciadamente, no hay aliados válidos para una coalición democrática en España. Si los partidos y las organizaciones que se dicen de izquierdas son incapaces de rebelarse ante el discurso beligerante y humillante del partido en el Gobierno, si son incapaces (aunque quieran) de plantar cara al discurso insensible e intransigente del Jefe del Estado (el Rey Felipe VI), entonces no hay nada que hacer en España.

Curiosamente, el Rey que invadió Cataluña en 1714 se llamaba Felipe V. Lo mejor es irse antes que Felipe VI vuelva a arrasar Barcelona.

CI: A partir de ahora, ¿qué?

AG: Hay que repetirse lo que nos legó el Presidente de Estados Unidos que rompió el tópico racial norteamericano, con ese simplismo tan yanqui, pero tan efectivo a veces: “Yes, we can” / Sí, podemos.

Podemos ser un nuevo Estado de Europa, una nueva república social que acoja a inmigrantes, como durante siglos ha hecho Cataluña, a personas de otras latitudes con voluntad de colaborar en el proyecto.

Podemos construir una sociedad más justa y menos represora, más noble, que dignifique las personas y las comunidades que la constituyen. Un muy buen amigo mío me dijo una vez, de buena fe, que solo aceptaría que Cataluña fuera independiente si los territorios de España tuvieran su nivel económico.

Hoy, tras lo visto y lo vivido, creo que ha cambiado de opinión y sabe que una república catalana podría ser un motor de cambio en España, un revulsivo para hacer ver a los ciudadanos españoles que comparten su buena fe que otro modelo de Estado es posible, carente de los lastres del pasado.

CI MS/PC/09/10/17/14:00

*M.S.A. es un destacado escritor y corresponsal de Colombia Informa en España.

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