Bogotá

El trabajo, la solidaridad y Peñalosa

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Andrés Fuerte Posada

Las medidas impopulares del alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, son frecuentes y han despertado por tanto la indignación, el rechazo y la movilización de diferentes sectores de la ciudad. Ha demostrado un carácter arrogante para gobernar, un modelo de ciudad al servicio de los intereses particulares de los más poderosos, manipulaciones groseras de la opinión pública y las peores prácticas clientelistas. Entre la multiplicidad de actores que han hecho oposición a su gobierno, podemos resaltar al movimiento sindical. Su papel en la confrontación con la administración Peñalosa da para analizar su vigencia y capacidad política y organizativa, en un momento de aparente crisis del mundo del trabajo.

El alcalde Vs. los trabajadores

Quizás dos hechos generales han marcado las tensiones entre el alcalde Peñalosa y los trabajadores organizados. De un lado, la salida masiva de trabajadores de diferentes entidades del Distrito, y de otro lado, los atentados al patrimonio público de la ciudad.

Como muestra la siguiente gráfica, entre julio de 2015 y julio de 2016 (año en que Peñalosa asumió la alcaldía), salieron 10.579 trabajadores de las diferentes entidades del Distrito. Una verdadera masacre laboral, teniendo en cuenta que en 2015 las instituciones públicas de la ciudad contaban con 35 mil empleados. Es decir, fue despedida casi la tercera parte.1

Empleos del Distrito por tipo de contratación

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Fuente: Información entregada por el Departamento Administrativo del Servicio Civil Distrital al Congreso de la República.

Esta situación fue facilitada por las modalidades de contratación utilizadas por el Distrito. Figuras que debieron ser excepcionales, como los contratos de prestación de servicios y las plantas temporales, se convirtieron en la regla. Bajo estas dos figuras sumadas, se encontraba el 72% de los trabajadores. Los gobiernos alternativos de la ciudad no lograron modificar esta tendencia y ofrecer puestos estables para los trabajadores públicos de la ciudad. Con la excusa del vencimiento del Plan de Desarrollo de Gustavo Petro, y el fin de varios de sus programas, Peñalosa ejecutó esta salida masiva de trabajadores.

De otra parte, Peñalosa incluyó en su Plan de Desarrollo la autorización al Concejo para vender la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), privatización que resultó aprobándose por el cabildo distrital. También ha manifestado la intención de vender la Empresa de Energía de Bogotá y se continúa profundizando el enfoque privatizador de la educación, a través de los colegios por concesión. Estas medidas han motivado la movilización de los sindicatos de la ciudad, que han actuado en defensa de lo público.

Trabajo ampliado, sindicalismo articulado

En la sociología del trabajo desarrollada en los países del norte, se ha enfatizado en el largo tránsito al posfordismo, con los altos índices de desempleo, la desindustrialización, la división y externalización de procesos productivos, la informalidad, la precariedad y la tercerización laboral, todo lo cual se traduce en bajísimas tasas de sindicalización, han llevado a diferentes autores a sentenciar “la muerte del trabajo”, como factor generador de identidades y articulador de la sociedad. Esto se refuerza con la aparición de movimientos sociales diversos, a partir del género o las tribus urbanas, y el mayor peso de la estética y el consumo entre los individuos contemporáneos2. En contraposición, otros autores latinoamericanos han planteado conceptos como el del “trabajo ampliado” o “trabajo atípico”, que permiten incorporar cambios históricos en la categoría, sin abandonarla completamente3.

Esta crisis del mundo del trabajo sin duda toca a Colombia. Desempleo de más de un dígito, informalidad cercana al 50% y una tasa de sindicalización del 4% lo muestran claramente. Sin embargo, en escenarios como la disputa con el alcalde Peñalosa el sindicalismo demuestra que aún tiene un papel determinante.

Las formas atípicas de contratación han producido diferentes reacciones en los sindicatos de las entidades públicas de la ciudad. Algunas organizaciones sindicales decidieron afiliar contratistas, se fueron consolidando sindicatos de industria con presencia en diferentes entidades y una Federación que agrupa sindicatos, los cuales a su vez afilian contratistas. Han ofrecido espacios de preparación para que los trabajadores puedan presentarse a concurso e ingresar a la planta de las entidades públicas. Ante la inminencia de los despidos, en algunas entidades se crearon sindicatos exclusivamente de trabajadores temporales o contratistas. Funcionarios, del sector salud por ejemplo, que nunca se habían interesado en el movimiento sindical, se fueron aproximando y participando en las movilizaciones. Los sindicatos más importantes y las Centrales Obreras brindaron su apoyo y asesoría jurídica a las diferentes organizaciones emergentes e incluyeron el problema de los despidos masivos y la ampliación de las plantas de personal en sus pliegos y en los escenarios de movilización.

Estas acciones indican adaptaciones (quizás embrionarias) del movimiento sindical a las nuevas realidades del mundo del trabajo. Van desmitificando la percepción de que los sindicatos se dedican a cuidarse a sí mismos y a preservar sus privilegios. En el fondo, constituyen expresiones de solidaridad entre los trabajadores en las cuales “no importan las formalidades”, como me dijo un obrero temporal, despedido y directivo sindical, refiriéndose a que la unidad de los trabajadores debe estar por encima de las nominaciones y las formas como fueron contratados.

Pero las acciones del movimiento sindical de Bogotá han ido más allá de los intereses inmediatos de los trabajadores. De hecho, la oposición a los despidos masivos no buscaba solo defender sus puestos, sino también las políticas que venían de administraciones anteriores y podían desaparecer, como el programa Territorios Saludables o la atención a las víctimas del conflicto armado. Y más allá de esto, los sindicatos son protagonistas de dos de los debates más importantes para la ciudad: la privatización de la ETB y la revocatoria del alcalde Peñalosa.

En uno y otro escenario, los sindicatos han promovido escenarios de discusión, denuncias, acciones jurídicas, comunicativas y de movilización. Y en ese propósito, han articulado sus esfuerzos y manifestado su solidaridad con otras expresiones del movimiento social: estudiantes, ambientalistas, animalistas, recicladores, vendedores ambulantes, quienes se ven tocados por la amenaza de urbanizar la reserva Van Der Hammen, el retorno de las corridas de toros, la persecución policial, un modelo de aseo privatizado y excluyente. Las organizaciones sindicales han aportado su experiencia, su memoria, sus recursos y capacidad organizativa, en disputas que van más allá de sus intereses particulares.

Pero este tipo de experiencias no son exclusivas de los sindicatos del Distrito. La USO, uno de los sindicatos más importantes del país, afilia contratistas, siendo la industria petrolera cada vez más tercerizada y privatizada; en la Defensoría del Pueblo hay un sindicato nuevo, de trabajadores jóvenes articulados con la defensa de los Derechos Humanos; y el país ha conocido a la ACA, el sindicato de actores y actrices, trabajadores precarizados a pesar de su fama, quienes se han organizado en defensa de sus derechos y ya han obtenido importantes logros.

Allí parece estar la salvación y la perspectiva del movimiento sindical. En llegar a más trabajadores, para que ser sindicalista deje de ser un privilegio; en ampliar sus agendas, incluyendo las reivindicaciones de los trabajadores de todo tipo; y en articular sus acciones con el resto del movimiento social, atendiendo las coyunturas y los conflictos de diferente naturaleza, que el propio capitalismo va generando con sus desarrollos y transformaciones. Un sindicalismo con estos enfoques tendría mucho que aportar en la construcción de una sociedad alternativa.

ADENDA

Las presentes notas las hago basado en el proceso de elaboración de “El trabajo, la identidad y la organización en el nuevo mundo laboral”, documento que fue aprobado esta semana para otorgarme el título de Magíster en Investigación Social Interdisciplinaria de la Universidad Distrital. Agradezco a la universidad pública, a mi Madre y al resto de mi familia por la paciencia y el apoyo en este transe. Agradezco especialmente a cada trabajador y trabajadora que compartió unos minutos conmigo para contarme de su experiencia de resistencia. Que las luchas continúen.

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1 La desolación en algunas entidades fue retratada con ingenio por los trabajadores, por ejemplo, en un video que evidencia oficinas vacías en la Secretaría General de la Alcaldía https://www.youtube.com/watch?v=IdBlvQtYhKY

2 Zygmunt Bauman, Trabajo, consumismo y nuevos pobres. 1999 .

3 Enrique De La Garza, “Hacia un concepto de trabajo ampliado”, 2009

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