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El largo trasegar de las luchas campesinas

Mujer campesina

17 de abril, conmemorando el día de las luchas campesinas

El 17 de abril de 1996, en Eldorado dos Carajás al norte de Brasil, fueron asesinados 19 campesinos integrantes del Movimiento Sin Tierra. En septiembre de 1995 los “Sin Tierra” iniciaron un campamento cerca de la Hacienda Macaxeira exigiendo su expropiación con base en la Constitución brasilera; días antes de la masacre, los campesinos ocuparon la hacienda e iniciaron negociaciones con el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA). Tras los incumplimientos del gobierno estadual y el anuncio de la cancelación de las negociaciones, el 17 de abril de 1996 los campesinos emprendieron una marcha hacia la capital del Estado. Una vez en la carretera, los campesinos fueron cercados por la Policía y 19 de ellos fueron asesinados mientras otros 56 resultaron heridos.

La lucha de los campesinos masacrados en Eldorado dos Carajás es conmemorada cada 17 de abril. La Vía Campesina, movimiento internacional que agrupa a 164 organizaciones campesinas en 73 países, adoptó esta fecha para recordar a campesinas y campesinos de todo el mundo que han sido amenazados, judicializados, perseguidos o asesinados por lucha por acceder a la tierra y al territorio.

La historia de ese movimiento en Colombia es tan larga como rica en acontecimientos y propuestas. Tal vez su inicio se remonte a las luchas contra el sistema feudal de la “matrícula” en 1905 en el caribe colombiano, aunque el movimiento cobró mayor ímpetu en los años 20 del siglo pasado con las huelgas bananeras, los conflictos agrarios del Sumapaz y el Tequendama en Cundinamarca, el Baluarte Rojo cordobés, las ligas campesinas y el Partido Agrario Nacional de Erasmo Valencia. Solo hasta los años 40 se forja una organización campesina nacional, llamada en primera instancia Federación Campesina e Indígena (que luego pasó a llamarse “Confederación”) afiliada a la CTC, mientras en 1946 se funda la Federación Agraria Nacional FANAL, afiliada a la UTC y promovida por la iglesia católica. Durante la época de La Violencia el ataque contra las organizaciones campesinas debilitó sus luchas, salvo en las regiones donde conformaron grupos de autodefensa, como los encabezados por Juan de la Cruz Varela en Sumapaz o Rafael Rangel en el Magdalena Medio. En la época del Frente Nacional, en medio de los debates sobre la reforma agraria impulsada por la Alianza para el progreso, el gobierno promovió la creacion de la ANUC tras el registro de los campesinos beneficiarios de servicios estatales para el campo. El incumplimiento del gobierno, los sucesivos “chicoralazos” y la influencia de las izquierdas, motivaron una radicalización de la ANUC en el período 1971-1974 que se reflejó en las célebres consignas “Tierra para el que la trabaja” y “Tierra sin patronos”, como expresión de un programa orientado a una reforma agraria integral en un país marcado por el latifundio.

La ANUC de inicios de los 70 representa el punto más alto de las luchas campesinas en Colombia. De acuerdo con Zamosc, en 1971 los afiliados a la ANUC llegaron a 989.306, dato revelador si tenemos en cuenta que la población colombiana de entonces apenas pasaba de los 20 millones de personas. Con la subsiguiente división entre la radical “línea Sincelejo” y la moderada “línea Armenia”, y con la inclemente represión contra sus dirigentes, la fuerza de la ANUC fue declinando. En los 80 se reactivó la movilización campesina en regiones como el Sarare araucano, El Pato, Putumayo, los montes de María, el sur del Cesar, el sur de Bolivar y el nordeste antioqueño. En este periodo también se gestan nuevos procesos unitarios que dan lugar a organizaciones como Fensuagro y ANUC-UR (unidad y reconstrucción). En los 90 las marchas cocaleras del sur del país y los paros cafeteros del Tolima, coincidieron con la fundación de nuevos procesos como el Coordinador Nacional Agrario (CNA). En el año 2003 el conjunto de las organizaciones campesinas nacionales, en articulación con el movimiento indígena y afro, celebraron un Congreso Nacional que emitió un Mandato Agrario que condensó las principales exigencias del momento. Por esa época gana fuerza Salvación Agropecuaria, articulación de productores y medianos propietarios agrupados para resistir los embates del libre comercio. Con los paros agrarios de 2013, 2014 y 2016, se evidencia un ascenso de las luchas campesinas y agrarias, teniendo a la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular y a Dignidad Agropecuaria como los dos principales referentes organizativos.

Con el paso del tiempo, las demandas de las luchas campesinas se han venido transformando. La profundización de un modelo económico excluyente e intensivo en la explotación de recursos naturales ha llevado a que las organizaciones campesinas planteen demandas adicionales a la clásica redistribución de la tierra, que continúa insatisfecha. A la vieja disputa contra la ganadería extensiva hoy se suman disputas territoriales contra la gran minería, la extracción de petróleo (con fracking incluido), la agroindustria a gran escala, la construcción de hidroeléctricas y otras obras de infraestructura. Se trata del desarrollo en versión de locomotoras, que entra en conflicto con los territorios de las comunidades campesinas y afectan sus modos de vida. La lucha contra el libre comercio, la importación masiva de alimentos y la desprotección del agro nacional también ocupan las agendas de las organizaciones. Colombia está importando cerca de 7 millones de toneladas de alimentos anuales, casi un 50% más de lo que se importaba hace una década. Como respuesta a ambas problemáticas surgen del movimiento campesino diversas propuestas de territorialidad como las Zonas de Reserva Campesina, los Territorios Campesinos Agroalimentarios, los Territorios libres de transgénicos, entre muchas otras, que se convierten en una de las banderas principales del movimiento agrario. Son espacios en los que se permite la reproducción de la vida campesina y se busca contener el modelo extractivo y de agronegocio representado en las Zidres.

El movimiento campesino colombiano hoy tiene propuestas para su reconocimiento y para avanzar en las demandas por la tierra, el territorio y la soberanía alimentaria. Dentro de ellas se encuentran los pliegos emanados por la Cumbre Agraria, las reivindicaciones de los paros cafeteros regionales, la propuesta de reforma constitucional para reconocer al campesinado como grupo social y darle titularidad de derechos específicos, impulsada por el Senador Alberto Castilla, y la implementación democrática del punto 1 de los Acuerdos de La Habana (aunque el proyecto de ley presentado por el gobierno para su desarrollo luzca bastante regresivo en muchos aspectos). Estas propuestas deberán ser discutidas en el Congreso de la República y en otros espacios, pues aunque por distintas vías, buscan que las posiciones del movimiento campesino y agrario se discutan en escenarios institucionales pero también, y sobre todo, en las calles y en los campos.

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