Internacional

Trump y el neoliberalismo

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¿Comunistas neoliberales y Republicanos proteccionistas?

En un mundo donde los comunistas chinos se proclaman partidarios de la globalización, como mostró Xi Jinping en sus intervenciones en Davos[1], y el presidente de Estados Unidos emite un decreto para retirar a su país del Acuerdo Transpacífico, parecen tambalear las viejas certezas en política económica. Incluso Álvaro García Linera, reconocido teórico marxista y actual vicepresidente boliviano, afirmó que “el presidente Trump ha firmado el acta de defunción de la globalización neoliberal”[2]. Cabe preguntarse si realmente estamos ante el fin de un largo ciclo de política económica y cuáles son los alcances de las propuestas de Trump.

Neoliberalismo teórico y capitalismo real

Es bien sabido que los defensores del neoliberalismo desarrollaron sus propuestas en una época abiertamente hostil a sus planteamientos. Aunque estaba vivo el recuerdo traumático de la gran depresión del ’29, Hayek y sus acólitos insistieron en tesis que parecían más propias de la filosofía moral y política que de la economía: 1. La libertad económica define la libertad individual, de ahí que la regulación de los mercados sea una forma de coacción. 2. La propiedad privada es una condición esencial para impedir esa coacción. 3. Las funciones del Estado deberían restringirse a impedir esa coacción que limita la libertad individual[3].

Ese programa moral fue el fundamento de una ideología utópica que soñaba con un Estado pequeño que no interviniera en el mercado, sin sindicatos que exigieran alzas de salarios, con una plena garantía del derecho a la propiedad y con impuestos bajos para los millonarios (un sistema tributario progresivo “supone adoptar medidas discriminatorias contra los ricos”, dice Hayek)[4].

El capitalismo real impulsado por el neoliberalismo dista de ser utópico. Cuando en 1975 Pinochet debilitó al General Gustavo Leigh, oficial de ultraderecha que mostraba cierto recelo contra las doctrinas de los Chicago boys, el primer laboratorio neoliberal se puso en marcha. Si el credo neoliberal se basó en el rechazo de la coacción, las medidas ejecutadas por sus apóstoles no habrían podido aplicarse sin la coacción de las dictaduras del cono sur y sin las intervenciones militares promovidas por Thatcher y Reagan. La utopía apoyada en la libertad individual fue promovida con la herramienta del terror masivo.

La distancia entre el neoliberalismo teórico y la aplicación del capitalismo real también puede constatarse teniendo en cuenta algunos de los propósitos de los economistas neoliberales, quienes buscaron: 1. Desmontar las herramientas de protección de las economías nacionales, reduciendo aranceles en los acuerdos de libre comercio. 2. Privatizar las instituciones de seguridad social y atarlas al capital financiero. 3. Privatizar y promover la competencia en la provisión de algunos bienes y servicios que en su momento fueron prestados por el Estado (el campo de las telecomunicaciones, por ejemplo). 4. Debilitar las garantías laborales conquistadas por el movimiento obrero. 5. Defender un modelo tributario que priorice los impuestos regresivos por encima de los progresivos. En suma, un modelo que priorice impuestos como el IVA y reduzca el impuesto de renta.  6. Convertir en mercancía los bienes comunes de las comunidades. 7. Reducir costos de transacción y mejorar las condiciones para la inversión extranjera. 8. Propiciar condiciones para la innovación financiera, trasladando el centro de la economía de la producción al capital bancario y bursátil.

El eje de tal programa era desmontar ciertos límites a la extracción de plusvalía y a las oportunidades de inversión global. Atacar tales regulaciones implicó desmontar instituciones que fueron conquistas del movimiento obrero, o que fueron adoptadas o bien para estabilizar la economía, o como parte de un proyecto desarrollista. El neoliberalismo realmente existente no se define por un canon teórico consolidado, ni por una receta económica uniforme, más bien es un conjunto de operaciones cuyo propósito es desmontar algunos límites a la acumulación privada de capital. Detrás de la ideología y la retórica, permanece la dinámica del capitalismo real. Por lo anterior, David Harvey plantea que el neoliberalismo es un proyecto de “recomposición del poder de clase”[5].

Comprender el neoliberalismo como una recomposición del poder de los grandes empresarios permite explicar el perfil de los TLC con Estados Unidos, acuerdos que en algunos casos promovieron la monopolización y el intercambio abiertamente asimétrico, en lugar de alentar la libre competencia. Las regulaciones en materia de propiedad intelectual, por ejemplo, no han procurado abrir mercados, su tarea ha sido facilitar un control monopólico de activos derivados de las semillas y los productos farmacéuticos. En los capítulos sobre agricultura las negociaciones han tratado sobre generosas reducciones arancelarias para productos subsidiados por la Secretaría de Agricultura estadounidense, generando una competencia desleal que ha quebrado a millares de productores de alimentos en países del sur.

¿El fin de la globalización neoliberal?

Pues bien, cabe preguntarse si tras la impresionante retirada estadounidense del TPP y la virtual reconfiguración del TLCAN, estamos ante el fin de la hegemonía neoliberal global. El presunto proteccionismo de Trump tiene asidero en el plan para generar empleos para la clase trabajadora blanca, redefiniendo la regulación del comercio internacional que ha deslocalizado la mano de obra y ha generado desempleo en los Estados del “cinturón oxidado”[6]. Sus anuncios también apuntan al fortalecimiento de un mercado interno automotriz basado en el estímulo de la producción de autos apoyado en la demanda local.

Sin embargo, Trump no busca renunciar a la liberalización comercial, aclarando que busca evitar tratados multilaterales para enfocarse en tratados bilaterales de libre comercio, donde Estados Unidos tiene un mayor poder de negociación y puede lograr mayores ventajas para su economía[7].  A lo anterior se suma la derogatoria del obamacare y los recortes en programas de salud sexual y reproductiva para las mujeres como receta para luchar contra el déficit fiscal[8], así como una generosa reducción de impuestos que beneficiará a grandes corporaciones.

Por otro lado, su declarada xenofobia puede generar una regulación coactiva del mercado de trabajo. Con la persecución de los trabajadores migrantes se abrirá paso una desvalorización de la mano de obra proveniente de otros países, lo que propiciará salarios más bajos para millones de personas. Valga anotar que se calcula que en Estados Unidos hoy habitan alrededor de 11 millones de indocumentados[9].

Aunque aún es temprano para pronosticar tendencias, me arriesgo a aventurar una hipótesis. La victoria de Trump representa una reconfiguración del neoliberalismo antes que su derrota. Tal vez su propósito es buscar un nuevo complemento entre proteccionismo y libre mercado, tendencia que no es nueva, pues ya ha sido una herramienta habitual de los gobiernos de Estados Unidos para proteger su economía, como bien lo muestra el caso de la agricultura subsidiada en los TLC. Su propuesta de renunciar a los acuerdos multilaterales y promover los bilaterales busca aprovechar su posición privilegiada en los mercados globales y seguir actuando con la actitud imperialista habitual.

No es una casualidad que Clinton, una neoliberal por convicción, también propusiera en campaña la retirada del TPP, al igual que el socialista Sanders. No obstante, la pregunta clave a resolver es si la retirada estadounidense de ese tratado beneficiará a la economía china, como han sugerido varios economistas conservadores (empezando por los editores del Wall Street Journal) y líderes Republicanos como John McCain.

Aunque Trump cuestione el libre comercio, no parece oponerse a la privatización de la seguridad social o de los bienes comunes, no ha hecho anuncios de regulación del mercado financiero, ni pretende establecer nuevos derechos laborales. En suma, no se opone a las políticas que le han dado nuevo poder a la clase dominante, porque él y su gabinete hacen parte de esa clase dominante[10].

El neoliberalismo es un eufemismo para hablar de las prácticas desplegadas por grandes empresarios globales en el capitalismo real. Una modificación de ese régimen solo ocurrirá si se imponen nuevas prácticas que limiten, superen o derroten las dinámicas cotidianas del capital. Los regímenes previos al neoliberalismo, esto es, el keynesianismo, el Estado-Providencia, el modelo de sustitución de importaciones y la economía planificada socialista, fueron resultado de una relación de fuerzas donde las clases populares tenían una mayor capacidad política, o fueron adoptados porque eran modelos contracíclicos que procuraban evitar la recesión. Tales regímenes contaron con una serie de instituciones que el programa neoliberal desmontó, con desarrollos y resultados desiguales.  En suma, para declarar la superación de la globalización neoliberal, no basta con asombrarse con algunas medidas proteccionistas, se requiere otra organización de la civilización en su conjunto y eso también requeriría cierto proceso de transición.

[1] “El entusiasmo globalizador chino”:  http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/17/actualidad/1484657113_662568.html
“García dice que con Trump muere el neoliberalismo y destaca como alternativa el modelo boliviano”: http://www.la-razon.com/nacional/Garcia-Trump-globalizacion-neoliberal-construyen_0_2642135767.html

[3] Ver al respecto el capítulo IX de de F.A. Hayek, “Los caminos de la libertad”, Folio, 1997.

[4] Ibid, p 386.

[5] Ver su libro “Breve historia del neoliberalismo”, Madrid, Akal, 2007.

[6] “Cinturón oxidado” o Rust Belt, es una expresión usada para denominar a una franja de Estados donde se desarrolló la industria pesada y las manufacturas, pero que vienen sufriendo una grave crisis desde los años ochenta. Incluye Estados como Delaware, Winsconsin, Indiana, Maryland, Michigan, Missouri, Nueva Jersey, Nueva York, Ohio, Pensilvania y Virginia Occidental.

[7] Ver al respecto: http://www.elmundo.es/economia/2017/01/24/58868302e5fdeaa01d8b45c7.html

[8] Sobre las tensiones en la agenda presupuestal de Trump puede verse la opinión de los editores del Wall Street Journal, http://www.wsj.com/articles/conservatives-try-to-shape-donald-trumps-budget-priorities-1485288988

[9] http://internacional.elpais.com/internacional/2016/08/31/estados_unidos/1472655993_375569.html

[10] Basta mirar el gabinete de Trump para constatar su pertenencia a una élite privilegiada que ha manifestado actitudes racistas, misóginas, antisemitas y enemigas de la protección ambiental. En un artículo para la revista Esquire, el columnista Charles P. Pierce habló del nuevo gabinete como el más peligroso y retrogrado de los últimos 150 años. http://www.esquire.com/news-politics/politics/news/a52535/trump-administration-dangerously-retrograde/

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