Política

En Medellín se escucha el grito de los pobres

24 nov. CI.- En la Universidad San Buenaventura se reunieron algunas personas con la expectativa de presenciar el lanzamiento de Medellín 50 años: El grito de los pobres, luces y sombras. Este evento se realizará en agosto del próximo año en conmemoración al Documento de Medellín, el cual está basado en las conclusiones del Conferencia Episcopal Latinoamericano -CELAM- y la relectura del Concilio Vaticano II que provocó una nueva etapa en la vida de la Iglesia Latinoamericana. A partir de ahí se estableció como centro de acción “la opción por los pobres” y el surgimiento de las Comunidades Eclesiales de Base.

Este lanzamiento fue ocasión para construir memoria y reflexionar, pero también para sensibilizarse, humanizarse e ir más allá de lo racional y rescatar lo relacional de la vocación de optar por Jesús. El Documento se entiende como uno de los referentes de la teología de la liberación y de la “opción por los pobres”.

Una de las propuestas de la relectura es visibilizar es crear un proceso de memoria histórica que permita la comprensión desde el antes, durante y después del Documento de Medellín para entender también el momento actual de la Iglesia Latinoamericana.

Dicho texto sobrevivió por acciones liberadoras de mujeres como Olga Lucía Álvarez, ex-secretaria de la Asamblea, quien recibió personalmente la contrapropuesta al Documento de Medellín, realizada por el Obispo Luis Enríquez.  Álvarez destruyó el escrito del Obispo argumentado que se había averiado el mimeógrafo.

Ella y otras secretarias, todas religiosas, daban razón de que la fe no fundamentalmente es obediencia, que también es esa necesidad de rebelión contra la injusticia. La ahora Obispa Olga Lucía Álvarez declara que “cuando la injusticia se hace ley, la rebelión es una obligación” y, además, afirma que “para el pueblo de Dios, la opción por los pobres no es tan opcional, el seguimiento a Cristo implica contemplar esto”.

Teología de la Liberación

En palabras del teólogo Gustavo Gutiérrez, la Teología de la Liberación y la opción por los pobres es la afirmación en Latinoamérica (o más bien autoafirmación) y decisión histórica. Todo surge a partir del Concilio Vaticano II, donde se plantea una apertura de la Iglesia a la modernidad; pero una modernidad europea, pensada para y con problemas europeos. Se consideraba, además, que en los años 60 se quería transformar el mundo porque era un momento de utopía, movimiento y dinamismo.

Esa fue una época de convocatoria a construir una nueva historia, una nueva sociedad, una nueva Iglesia, y una nueva fe en un contexto de inconformidad, que se fue tornando contestatario y rebelde. En ese sentido, se entendía que la historia y nuestra realidad no eran lineales.

Para lograr esto, se pensó una metodología propia de la Teología de la Liberación: “ver, juzgar, actuar, celebrar y evaluar”.

Actualidad

En el marco de los Procesos de Diálogo y de Implementación de los Acuerdos de Paz que se están viviendo entre el Gobierno de Colombia, el Ejército de Liberación Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que están llegando a concreciones e invitan a un proceso de reconciliación; para poder compartir plenamente y celebrar las experiencias pastorales, ecuménicas, educativas, populares y liberadoras, la Teología de la Liberación es uno de los espacios espirituales que nos anima mutuamente a mirar al futuro con esperanza y optimismo.

Y, en medio de todo esto: ¿Que ha quedado de la Teología de la liberación y Comunidades Eclesiales de Base, de la iglesia comprometida con la historia y la liberación, y el pobre como sujeto de su propia historia?

Queda la opción de retomar un proceso con etapas progresivas, no meras actividades y programas. Conviene interactuar y articularse con todas las organizaciones participantes y en temáticas específicas que contengan el espíritu del Documento de Medellín pero con apertura a otras personas y a otros procesos incluso eclesiales y de otras espiritualidades, es decir, tener una mirada ecuménica y no perder de vista las interacciones entre lo pastoral y lo académico, la teoría y la praxis, y el intercambio intergeneracional.

Como dijo el Papa Francisco: “las realidades indispensables de la vida humana y de la Iglesia no son nunca un monumento sino un patrimonio vivo. Resulta mucho más cómodo transformarlas en recuerdos de los cuales se celebran los aniversarios: ¡50 años de Medellín! En cambio, es otra cosa: custodiar y hacer fluir la riqueza de tal patrimonio… hacia la Iglesia de nuestro continente”.

CI OQ/PC/24/11/17/12:00

 

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