Opinión

El salario mínimo no lo sufren quienes lo proponen, lo sienten quienes lo reciben

11 ene. CI.- Todo vale más y rinde menos, pero ¿esto aplica para todos?, hagamos cuentas.

Por Jorge Zalapata* El salario mínimo del año pasado era de $781.200, eso equivale a ganarse en un mes unos $26.000 pesos a diarios. El salario mínimo del 2019 ahora es $828.100, equivale a recibir $27.600 pesos por día. Esto quiere decir, que el aumento del 6% que abanderó el gobierno de Duque, actualmente  equivale a ganarse $1.600 pesos extra ¡Ni dos mil pesos!, ¿realmente es un aumento “significativo”?

En Bucaramanga, el servicio de Metrolínea (Sistema Integrado de Transporte de Bucaramanga) opera al borde del colapso. Este año el pasaje de Metrolínea quedó $2.450 frente a $2.300 del 2018, es decir, un 6,3%, liderando así, la tarifa más alta por encima de los distintos medios de transporte masivos del país. Sin embargo, su servicio es pésimo y no dan abasto con la población de la ciudad. Ningún otro sistema de transporte masivo lo equipara en su precio a pesar de operar en una ciudad con mayor población: Transmilenio $2.300 (Bogotá); MIO $2.000 (Cali); Transmetro $2.200(Barranquilla) y Metroplús $2.255 (Medellín).

Teniendo en cuenta el aumento del salario mínimo diario, dicho aumento, no alcanza a cubrir ni un pasaje extra.

Es inusual ver a un Senador o Congresista protestar por la injusta “subida” del salario mínimo. Se les ve en temporada de elecciones en función de proselitismo político, el empeño de ganar gente o en favor de su propaganda mediática cuando necesitan popularidad, pero una vez allí olvidan del país, nos desechan.

Cualquier congresista el año pasado recibía mensualmente $31’331.000, hoy recibe $33’210.000. Esto significa el aumento de 1’800.000 pesos. A las 108 personas que conforman el congreso, solamente por mencionar un ejemplo, hay que pagarles casi dos millones extra. Esto significa un total de 194 millones mensuales más para esa institución.

En época de elecciones son los voceros del pueblo, pero una vez elegidos, son quienes negocian con la plata del pueblo. Nunca falta el que dice que hasta pone de su bolsillo pero esa plata viene del paramilitarismo o de patrocinadores que luego quieren el pago con favores políticos. El puesto, el contrato o defender sus intereses. Bien dice el adagio “El que paga para ganar, sube para robar”.

Y mientras tanto los intereses de la clase media de Colombia se ven machacados por decisiones de ministros como el de Hacienda. Alberto Carrasquilla también propone la ley de financiamiento a la cual sugiere que los subsidios merecen recortes y que estos se irán realizando paulatinamente, durante los próximos años. Cuando este personaje es criticado sale a decir “No voy a renunciar, estoy muy entusiasmado con diseñar un programa de reducción de gastos racional y razonable”.

Por otra parte, quienes pueden solventar en materia tributaria los gastos del desarrollo económico son las empresas a las cuales el gobierno ni aprieta, ni ahorca. En Colombia, las empresas pagan menos impuestos que en otros países, un proceso que ha tomado bastante fuerza desde el 2017.  La Ley de Financiamiento propuesta por Carrasquilla les da beneficios reduciendo la tarifa de renta y eliminando paulatinamente de la renta presuntiva. El gobierno debería cobrarles más, pero solo les da más beneficios, a los colombianos que trabajan para las empresas les hace aprieta el bolsillo.

* Jorge Zalapata es estudiante de Derecho en la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga, y de Trabajo Social en la Universidad Industrial de Santander.

CI JZ/AO/11/01/2019/08:00

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