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El humor, un arma infalible contra el poder

11 mar. CI.- Más que los profundos análisis de coyuntura o los sesudos ensayos académicos, más que los panfletos antiimperialistas o los discursos veintejulieros; han sido los caricaturistas los que han contribuido a formar un público crítico en medio de esa masa amorfa de consumidores de información.


El humor siempre ha sido nuestra catarsis, nuestra forma de enfrentar la cruda realidad. Los chistes, las parodias, el doble sentido, la mamadera de gallo, son maneras de subvertir ese discurso de lo real, que nos cae encima con toda su seriedad.

Cuando nos burlamos de los políticos, de los curas, de los pastusos, de los costeños, de los cachacos; muchas veces estamos arrojando una mirada irónica sobre nuestras maneras de vivir, sobre nuestra propia cultura.

Tal vez por eso los caricaturistas han sido tan importantes en nuestra vida política. Desde el siglo XIX, cuando la prensa empieza a convertirse en un medio masivo de información, la caricatura política ha ilustrado los vaivenes de nuestra realidad.

En los años 1930, el gran Ricardo Rendón documentaba la política nacional con caricaturas inolvidables sobre López Pumarejo, Laureano Gómez o la matanza de las bananeras. Su pluma era -al mismo tiempo- amada y odiada, porque dejaba en evidencia las triquiñuelas de los poderosos. Una caricatura de Rendón podía revocar una ley, tumbar a un Alcalde o generar un movimiento de indignación popular.

Más recientemente, en la década de 1990, caricaturistas como Osuna inmortalizaron símbolos como el del elefante, ligado para siempre al escándalo del proceso 8.000. Y, por supuesto, Jaime Garzón con sus inolvidables personajes como Godofredo Cínico Caspa y Jhon Lenin, caricaturas vivas de nuestro mundillo político.

Hoy, la caricatura sigue siendo un arma infalible de lucha contra el poder. Así lo demuestra Julio Cesar González “Matador”, quien con sus caricaturas viene denunciando la corrupción y la doble moral de nuestra clase política.
Sus viñetas, publicadas en los diarios más importantes del país, expresan lo que muchos colombianos y colombianas pensamos pero no tenemos como decirlo. Y es que Matador ha cazado una pelea contra un enemigo poderoso: el uribismo; pelea que lo ha llevado a enfrentarse a personajes como Oscar Iván Zuluaga, quien tergiversó el mensaje de una de sus caricaturas y la publicó en sus redes.

El último round de esta pelea es una tutela presentada por el abogado José Luis Reyes Villamizar (simpatizante uribista), quien le exige al caricaturista una disculpa pública por la publicación de una caricatura en donde el candidato presidencial uribista, Iván Duque, es representado como el cerdito Porky de la Warner Bross y dice “ay no, soy el único uribista que no está cochino”.

Esta acción judicial ha provocado el rechazo de la Fundación para la Libertad de Prensa -FLIP- quien la ha calificado como un intento de censura. Pero la mejor respuesta ha sido la del propio Matador, quien ha publicado una caricatura en donde un par de cerditos le aseguran al caricaturista que ellos también van a ponerle una tutela, por compararlos con los políticos.

El hecho, cómico de por sí, muestra la sensibilidad del poder frente a la crítica hecha con humor e ilustra esa frase del gran cómico italiano Darío Fó: “La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos”.

CI JP/PC/11/03/18/7:00

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