Cultura

El arte también vota

17 jun. CI.- Dos modelos de la gestión cultural también se enfrentan este domingo en las urnas. Por un lado, la Economía Naranja de Iván Duque, para quien la cultura debe ser gestionada como una mercancía más. Por el otro, la propuesta de la Colombia Humana, en donde la cultura se asume como un derecho que debe ser garantizado y promovido por el Estado. En medio de esa discusión, las y los artistas también toman partido.

La creatividad y la innovación son los valores fundamentales en las economías del siglo XXI. El entretenimiento, el diseño, los contenidos multimedia, la música, la publicidad, el turismo cultural y demás son industrias en auge.

El candidato presidencial Iván Duque, quien viene hablando del tema desde que trabajaba en el Banco Interamericano de Desarrollo –BID-, ha usado como bandera de su campaña la Economía Naranja. Esta es, fundamentalmente, una propuesta neoliberal para la gestión cultural, en donde se asume la labor creativa como un aspecto más de la economía de los servicios.

La Ley de la Economía Naranja, propuesta por Duque cuando era Senador y aprobada por el Congreso durante el 2017, asume que el arte y la cultura no son un derecho, sino una mercancía más. Los artistas deben convertirse en empresarios y sus creaciones tienen que entrar a competir en el mercado. El Estado se desentiende entonces de los procesos culturales y creativos, y su labor se reduce a atraer inversores privados.

Los peligros de esta propuesta son evidentes. Reducir la creación artística y cultural a la lógica del costo-beneficio implica cercenar la libertad de creación y de expresión: solo sirve lo que genere rentabilidad. Además (como en toda lógica de libre comercio), no tiene en cuenta las asimetrías estructurales: a nivel mundial, el 90 % de la Economía Naranja está dominada hoy por las industrias culturales de Estados Unidos, Europa, Japón y un puñado de países en donde este tipo de empresas generan grandes beneficios porque han sido apoyadas y protegidas desde hace décadas por el Estado.

Por el otro lado, tenemos el modelo cultural de la Colombia Humana que asume la cultura desde una perspectiva de los derechos. La Administración de Gustavo Petro en Bogotá impulsó la creación artística a través de nuevas instituciones como el Instituto Distrital de las Artes -IDARTES- y con programas como los Centros Locales de Arte para la Niñez y la Juventud -CLAN-. Asumió el deber del Estado de garantizar el acceso de las poblaciones más vulnerables a la cultura y el arte. Dignificó la labor del artista viéndolo no como un empresario, sino como un agente social de cambio.

En medio de un ambiente político cargado, cineastas como Víctor Gaviria y Camila Lobo Guerrero; escritores como Mario Mendoza y Juan Manuel Roca; músicos como Totó la Momposina y Andrea Echeverri; han expresado su apoyo a la propuesta de la Colombia Humana. Asimismo, esta propuesta de Gobierno tiene el apoyo de una gran cantidad de artistas populares que se vieron beneficiados por los programas de la Bogotá Humana, artistas que representan el lado alternativo y crítico de la cultura y el arte en el país.

Poncho Zuleta, Silvestre Dangong, Maluma y otros apoyan al candidato uribista. Ellos representan el lado mercantil del arte e impulsan una cultura patriarcal, poco crítica y ligada a los imaginarios paramilitares y de narcotráfico.

Esta es una confrontación política que de alguna manera también confronta imaginarios, creencias, formas de ver y sentir el mundo. El arte en los momentos álgidos también toma partido.

*Fotografía por Fabián Rendón.

CI JP/PC/17/06/18/14:44

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