Económicas

Economía y desilusión: ¿para dónde van los Gobiernos Progresistas? El caso de Uruguay

7 dic. CI. – En la geometría del espectro del poder, que en los últimos 17 años se trazó en Latinoamérica, emergieron con fuerza los gobiernos denominados progresistas frente a la imposición de los tratados de libre comercio y la profundización del neoliberalismo que lesionó las economías nacionales, desmontó sus aparatos productivos y le asignó a nuestro continente un papel netamente extractivista.

Por Víctor Garavito. Hoy nadie olvida que Hugo Rafael Chávez Frías jugó un papel fundamental en la defensa de los pueblos contra la pretendida Área de Libre Comercio de las Américas -ALCA- que Estados Unidos le reclamaba a los países Latinoamericanos. En efecto, nadie puede olvidar la consigna de «Alca… Al carajo», que Chávez gritó frente a miles de personas que se congregaron con motivo de la IV Cumbre de las Américas que se realizó del 4 al 5 de noviembre de 2005, en la ciudad de Mar del Plata, Argentina. Por primera vez un presidente de los EEUU salía derrotado por parte de sus homólogos Latinoamericanos. «Estoy un poco sorprendido. Acá pasó algo que no tenía previsto», le dijo George W. Bush a Néstor Kirchner, entonces presidente de Argentina.

Actualmente, los indicadores sociales de algunos países suramericanos muestran importantes avances, pero como el debate sobre los gobiernos progresistas apenas comienza, los estudiosos de la economía política reflexionan sobre América Latina, cuáles fueron las transformaciones, resultados y las deficiencias de los modelos económicos impulsados por los gobiernos de izquierda en la región.

Neoliberalismo y América Latina

Para los estudiosos de la economía, el neoliberalismo concreto se inició con el bombardeo del 11 de septiembre de 1973 al Palacio de la Moneda en Santiago de Chile, la muerte del presidente Salvador Allende y la llegada al poder de Augusto Pinochet, fruto de la operación “Golpe Blanco” diseñada por Henry Kissinger y ejecutada por la CIA, con la complicidad de los medios privados de comunicación y la ultraderecha chilena que aún se encuentra en el poder.

Si observamos el contexto histórico, hay que advertir que a comienzos de los años 70 se inició una fase de pérdida de ganancias en los grandes capitales transnacionales. Este hecho trajo consigo un paulatino proceso de recomposición del capitalismo que dio inicio a un cambio en las fuerzas productivas, soportadas en las transformaciones tecnológicas, la irrupción de la informática, la robotización y la nanotecnología. También se avanzó en otros aspectos que contribuyeron a la llamada competitividad del capital: los modelos de transporte pasaron del barco a la lógica del container, y del puerto a puerto por el punto a punto; todo esto agilizó ostensiblemente la logística del comercio internacional y  la movilización de productos y mercancías, dando inicio a las economías a escala.

Frente a estos cambios podemos señalar que en los 70 aparece el capitalismo como sistema; desde esta perspectiva, la evolución del capitalismo traería consigo tesis económicas proclives a las nuevas lógicas del mercado, y los obstáculos a sortear eran las fronteras económicas nacionales, porque le imponían un límite a la capacidad de producción y a la expansión de las multinacionales.

Entonces comenzó la paulatina destrucción de las fronteras económicas nacionales para instaurar la libre circulación de capital, de bienes y la inversión directa en las economías de América Latina. Al tiempo que arrancó la devastación y apropiación de nuestros Estados por parte de las multinacionales, las cuales rápidamente se apoderaron de los mercados y dictaron las políticas económicas de las llamadas “Repúblicas Bananas” o tercermundistas, término que con el tiempo cambiaría a “Países en vía de desarrollo”. De esta forma entramos al glamour de la esperanza.

Al mismo tiempo, en las calles se libraba una feroz batalla, brutalmente reprimida por los organismos de seguridad en todo el continente con las doctrinas de la Seguridad Nacional y el Plan Cóndor. Fue así como de esa lucha entre el capital y el trabajo, el movimiento sindical salió derrotado, porque los trabajadores perdieron derechos conquistados, ingresos y su capacidad de negociación; de hecho, todos los días el salario real disminuye, fruto de las políticas de flexibilización laboral y las reformas tributarias. A todo esto hay que sumarle la caída del muro de Berlín y con ello de la URSS, y luego cambia el modelo de China, que en términos concretos era la aplicación de un sistema económico diferente al capitalismo. Hoy los Estados no tienen fronteras económicas nacionales, además compiten entre sí por captar la inversión extranjera; eso implica la seguridad jurídica y el control sobre la sociedad civil.

Actualmente estamos ahí, con todo lo que significa la especulación financiera que ha producido las diferentes crisis económicas, pero también el empobrecimiento de los sectores sociales, la desaparición de la clase media y el incremento exponencial de los cinturones de miseria; la desaparición de las industrias nacionales, el exterminio de las identidades nacionales y la destrucción de los recursos naturales. Es decir, hoy tenemos unas economías montadas exclusivamente sobre la producción de materias primas o extractivismo.

Uruguay y sus demonios

El pasado 2 y 3 de noviembre se realizó en Bogotá el Seminario Internacional. “América Latina en disputa. ¿Cierre del giro a la Izquierda en la región?”, al cual asistieron importantes investigadores, entre ellos el destacado economista Antonio Elías, con quien conversamos sobre el caso uruguayo.

Colombia Informa: ¿Cuál es el panorama económico de Uruguay. Qué ha pasado en estos años de gobiernos progresistas?

Antonio Elías: Lo primero que tengo que decir es que pertenezco al Frente Amplio y soy crítico porque el Frente es una coalición de fuerzas políticas, movimientos sociales y comités de base. Esto hace que existan muchas posiciones y que haya una disputa dentro del propio gobierno. Un ejemplo de eso lo constituye el Tratado de Libre Comercio que se intentó firmar con los Estados Unidos en 2007, impulsado por el presidente Tabaré Vásquez. En esa ocasión un conjunto de organizaciones del Frente, el movimiento sindical, estudiantil, la Universidad de la República y los cooperativistas evitaron la firmar de ese TLC.

En ese momento el Ministro de Economía propuso una inserción plena en el sistema capitalista, apuntando esencialmente a la inversión directa con medidas como las zonas francas, en las que las empresa no pagan impuestos porque las salvaguarda la Ley de Promoción de Inversiones. Este sector tiene un proyecto económico que en esencia es del Banco Mundial, de corte neoinstitucionalista, en el que hay cambio institucional favorable al capital.

Antes de la elección de José Mujica, este hizo un acuerdo electoral en el cual se definió que él sería candidato a la presidencia con Danilo Astori como vicepresidente, y bajo este último quedó toda la economía del país; entonces Astori designó todos los cargos de los organismos económicos, y la línea predominante durante el gobierno de Mujica fue la misma de Tabaré Vásquez. Ahora, es bueno precisar que el Frente Amplio es la expresión de la izquierda uruguaya y tiene origen en la unidad del movimiento sindical. Este, a su vez, tiene una organización compuesta por dos movimientos que son el Plenario Intersindical de Trabajadores –PIT–, y la Convención Nacional de Trabajadores –CNT–.

De ahí que el Frente es mucho mejor para los trabajadores, porque ningún gobierno de derecha va a reconocer las reivindicaciones en aspectos como el fuero sindical, activación del Consejo de Salarios, que obliga a empresarios y a trabajadores a negociar. Así mismo, se aplicó una Ley de Tercerización que evita la creación de empresas fantasmas que pongan en riesgo a los trabajadores y otras prestaciones. También se aprobó la Ley de ocho horas para el sector rural y la de Negociación Colectiva del Sector Público y Privado, es decir, hubo muchos avances para los trabajadores uruguayos durante los primeros tres años de Tabaré Vásquez.

No obstante, durante el gobierno de José Mujica no hubo cambios importantes para los trabajadores, mientras que con el primer gobierno de Vásquez hubo mejoras salariales, después de la crisis del 2002 es cuando se deslegitiman los gobiernos de derecha y el Frente gana las elecciones.

Estas son las dos caras del Frente, que también expresan las dos fuerzas en su interior. El problema de este proyecto es que es una conciliación de clases asimétrica que atiende al tiempo los intereses del capital y de los trabajadores; el problema es que para atender estos dos intereses hay que tener con qué, hay que tener recursos para ello, de tal manera que en el momento de auge a los empresarios se les dejó de cobrar el 3% del de tributos y se presentaron mejoras salariales a los trabajadores. Sin embargo, cuando llega la crisis llegan los ajustes; pero los acuerdos hechos con los empresarios de zonas francas están salvaguardados por los tratados de protección recíproca de inversión, así que todos los ajustes fueron para trabajadores. De ahí que, entre el 2015 y 2016, el gobierno aplicó una política de ajuste y una pauta salarial nominal que no estaba indexada con la inflación, aumentó el impuesto al trabajo y  recortó el presupuesto sobre los servicios públicos.

Pero eso no queda ahí, porque durante el gobierno de José Mujica se hizo un acuerdo secreto para solicitar el ingreso al TISA –TIPP– promovido por EEUU; luego ingresó sin que nadie conociera públicamente este hecho. Cuando todo se supo, los trabajadores realizaron paros generales contra el Tratado y hubo una gran movilización social al finalizar el periodo de Mujica.

Cuando comienza el segundo gobierno de Tabaré Vásquez existe una gran tensión social porque el movimiento sindical y la izquierda expresan sus reparos y su negativa contra el TISA, por los costos que le toca asumir a la sociedad. Entonces el Presidente decide que la resolución de mantenerse o retirarse debe tomarla el Frente Amplio durante un plenario, y 117 votos a 22 ganó la opción de retirarlo.

No obstante, la película no termina ahí porque en estos momento Uruguay firmó un Tratado de Libre Comercio con Chile que incorpora una cantidad de elementos del TISA y el nuevo canciller Rodolfo Nin Novoa manifiesta que quiere realizar un acuerdo similar con la Alianza del Pacifico, es decir, con Perú, Colombia y México. A su vez está buscando hacer un Tratado de Libre Comercio con China, y Gran Bretaña, y hace parte de la coalición de Brasil, Argentina y Paraguay para no dejar que Venezuela asuma Mercosur. Por todas estas razones podemos decir que la política exterior de Uruguay está completamente volcada a la inserción internacional subordinada y a un ajuste fiscal.

CI.: ¿Y cuál es la participación de los movimientos sociales frente a esta realidad de Uruguay?

AE.: El movimiento sindical mantiene su unidad, organización y fuerza. En estos momentos está enfrentando el ajuste y los tratados que impulsa el gobierno. De tal manera que el movimiento sindical mantiene su independencia de clase, pero existe una particularidad que hay que señalar: en el momento electoral, cuando el riesgo es que venga la derecha, el movimiento sindical impulsa al Frente Amplio, porque en un gobierno de derecha no tendrían las ventajas ni las posibilidades de trabajar como lo hace en estos momentos.

Realmente el movimiento social en Uruguay está conformado por los sindicatos, dado que en nuestro país no hay campesinos, es decir, el movimiento de los trabajadores del campo y la ciudad se agrupa en los sindicatos. Por otro lado, tenemos el movimiento universitario y cooperativista.

CI.: El expresidente José Mujica es muy popular en Latinoamérica y se ha convertido en toda una celebridad mundial, sobretodo entre la juventud. ¿Qué pasó realmente durante su gobierno?

AE.: Una de las cosas más graves que ocurrió durante su gobierno fue haber promovido el acuerdo del TISA impulsado por los EEUU, a espaldas de la sociedad. Él aduce que no sabía, pero cómo un Presidente de la República no sabe lo que hace su Canciller y su Ministro de Economía cuando se elaboran documentos y se firman.

Entonces, en el gobierno de Mujica, más allá de lo que dice, que no sabía, se tomó una medida totalmente contraria a los intereses populares y nacionales, como fue la de ingresar al TISA y este es uno de sus lunares. Por otro lado, no hubo continuidad de medidas que favorecieran a los trabajadores, solo se hizo durante el primer periodo de gobierno de Tabaré Vásquez, fruto del programa diseñado por el Frente Amplio. Sin embargo, durante el gobierno de Mujica existió una actitud muy confrontativa hacia los trabajadores y más con los del sector público. Esta postura agresiva del Presidente estaba acompañada, muchas veces, por sus posiciones abiertamente fuera de lugar. Así mismo, dentro de su gobierno se promovieron la instalación de nuevas megaplantas de celulosa; la minería a cielo abierto para la extracción de hierro, el Proyecto Aratirí, que abarcará 6.210 hectáreas de los departamentos de Durazno y Florida, promovida por la multinacional Zamin Ferrous Limited.

Todo esto demuestra que la postura de Mujica es diferente a la que mantiene en el ámbito internacional, en la que muchas veces aparece promoviendo la sensibilidad ambiental y la lucha contra el consumo, pero su práctica dista mucho de su discurso. En fin, a mi modo de ver, no fue un buen presidente ni hizo avanzar al Frente Amplio en la dirección por la cual fue electo, porque él representaba el giro a la izquierda, pero luego de ganar las elecciones internas, como ya lo había mencionado, hizo un acuerdo con Astori y el giro a la izquierda que prometía se transformó. De tal manera que Astori continuó su proyecto económico.

Por todo esto Mujica no va a pasar a la historia por ser un buen presidente, aunque tenga una imagen pública internacional que está apadrinada por todo lo que le tocó vivir en su pasado como guerrillero y por haberse convertido en un rehén del Estado uruguayo, junto con 9 insurgentes más de la dirección de la organización subversiva; luego, salió y comenzó una carrera política y visto desde afuera se puede concluir  que es un buen político, un guerrillero que logra ser Presidente de la República y, además, es un presidente que vive en una chacra, que tiene un Volkswagen, una perrita de tres patas y siempre habla diciendo malas palabras, como si fuera un campesino; supongo que en el exterior esa imagen que le da consejos al mundo funciona, pero una cosa es dar consejos y otra es ser Presidente de Uruguay.

Finalmente, tengo una posición crítica porque en su momento y como parte del Frente Amplio apoyé a Mujica, pero no hizo lo que nosotros esperábamos que hiciera, sino que dejó hacer a Astori su proyecto, que se caracterizó por la transnacionalización de la economía, el extractivismo, la desindutrialización, la extranjerización del país. Desde esta perspectiva, José Mujica no impulsó un proyecto de país como se esperaba que lo hiciera.

CI VG/DM/6/12/16/16:30

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