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Día Internacional de la Lengua Materna: el poder de la palabra

21 feb. CI.- Eudocio Becerra es un indígena del pueblo Uitoto, en la Amazonia colombiana, que lleva más de 20 años enseñando su lengua a estudiantes de la Universidad Nacional en Bogotá. En una oficina del edificio de lingüística nos regaló su palabra, dulce como el mambe de coca, aprovechando que el 21 de febrero se festeja el Día Internacional de la Lengua Materna.

“Eso de aprender una lengua -cualquier lengua- con todo su vocabulario no es de un día o un semestre, porque eso es escuchando. Lo que habla papá y mamá se queda. Mi mamá hablaba bue (Uitoto) y yo hablo bue, pero también hablo la lengua de mi papá que es mika -una variedad de los Uitoto. Hay como cuatro variedades de diferentes tribus.  

“La enseñanza nuestra es aplicada: es aprender a ser colaborador, ayudar a la gente. Salimos a hacer chagra, cacería y distribuimos a la comunidad. Pero ya no existe eso porque la gente caza para vender y yo eso lo veo difícil. La caza es para alimentarse y dar gracias con las fiestas y los rituales que se hacen, con las tradiciones y las narraciones antiguas.

Eudocio Becerra en su oficina de la Universidad Nacional, Bogotá.

“Hay cosas que no podemos escuchar cuando somos jóvenes. Por ejemplo, los relatos de la antropofagia. Esas son cosas que hay que escuchar cuando uno ya tiene edad y sabe cómo es la cosa, Mientras tanto, a los niños se les cuentan mitos del incesto: cuidado con el hermano, con la hermana.

“Hoy en día los muchachos ya no quieren escuchar porque los papás o los abuelos han estado en los internados. Han estudiado y la mayoría ha perdido eso. En un momento nos desanimados y nos metimos a las cuestiones de misión con todo lo que los curas traían. Aprendimos a leer y escribir en español y pasamos de nuestra propia parte cultural. Vamos de misa en misa a ver si ganamos el cielo.

“Entonces un taita dice: ‘Pero cómo padre, ¿usted solo va a ver a Dios cuando ya está muerto? Eso está mal, el Dios hay que verlo antes. Eso es lo que yo hago. Tomo mi yagecito y hablo con el Dios y él me dice cómo debo hacer, que plantas debo usar. Eso viene de la ensoñación. En nosotros es así, hacer uso de la naturaleza. Las plantas tienen fuerza, las plantas atraen viento y al agua.’

“Las palabras también tienen fuerza, tienen poder. Una ofensa o una maldición, usted no la va a sentir pero le va a causar daño, pesadillas, trastornos. Ese es el poder de la palabra y la creencia dice que todas las cosas fueron hechas con la palabra. Cuando cae el rayo rojo, llega el tabaco; cuando cae rayo verde, cae coca; cuando cae rayo blanco, cae yuca. Y todo eso ya está sembrado en la chagra pero se tienen que pedir con la palabra. Uno dice: ‘Padre creador  quiero mañana un venadito’. Y sueña con eso.

“También hay que enseñarles los cantos a los jóvenes. Pero esa parte del ritual está muerto porque nadie hace el rito por el mismo hecho de que no hay lenguaje. El lenguaje es el rito y las cosas están como desordenadas. Hay que ordenar las cosas, limpiarlas. Esa es la parte educativa.  

“Por eso quiero llevar talleres a mi comunidad. Me están diciendo ‘venga porque se nos acabó el idioma’. La gente ya no habla fluido porque llegan nuevas expresiones. Por ejemplo, decir ‘el dinero no me alcanza’ o ‘pedir fiado en la tienda’. La gente no sabe qué significa eso, no sabe cómo expresarlo.

“Quiero hacer talleres de lectura y escritura. Aquí en la Universidad hemos analizado con los equipos sonoros las posiciones de la lengua, la clasificación. Todos esos estudios se han hecho. En el Uitoto tenemos 14 consonantes y 6 vocales. Pero hay que volver a enseñarlo.

“En los cursos aprendemos cosas como esas. Lo confrontamos con las comunidades. El último viaje que hice con los estudiantes fue a Tierradentro (Inzá-Paez), donde los Nasas. Nos enseñaron cómo escribir, cómo pronunciar su lengua. Uno aprende palabritas. Cómo se dice comer, dormir, los verbos, algunas frases sin puntos ni comas (porque nosotros no tenemos signos de puntuación).

“He hecho viajes a Casanare, trabajando con la lengua de los Sikuanis principalmente. Hay otros que no dejan entrar a la comunidad, como los Yaruros (manes bravos). Los Sikuanis tienen gente en Villavicencio y ya conocían más. Los abuelos siguen hablando su idioma pero entre los más jóvenes no.

“Los muchachos y muchachas indígenas llegan a la universidad y estudian otra vez su idioma. Porque lo nuestro también son idiomas. No dialectos ni nada de eso. Ellos vuelven a su comunidad y dicen: ‘qué pasó, si nosotros hablábamos nuestro idioma. Dónde está escrito’. Y se animan a aprender.

“Hay lenguas que se perdieron como las de los Pastos, al Sur. En la Universidad Nacional de Bogotá, aparte del Uitoto, están enseñando el Wayuunaiki. Es la lengua indígena más hablada en Colombia. También enseñan Inga y Nasa. Son cosas para ir aprendiendo”.

CI JP/PC/21/02/18/12:00

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