Sin categoría

Cronica del paro en el Huila, campesinos esperan pronunciamientos

Los campesinos del Huila han regresado al asfalto y tienen muchos reclamos. Sin embargo, el gobierno poco o nada les ha dicho. Las vías presentan bloqueos. Los labriegos esperan. Mientras tanto, sus cocinas improvisadas despiden humo. El género masculino es mayoría en cada punto de concentración.

El 18 de agosto, un día antes del anunciado Paro Nacional Agrario, los medios de comunicación informaban que en el Huila no habría paro por acuerdo con el sector cafetero. No obstante, otras delegaciones del agro salieron a las vías del departamento aun con los inconvenientes en materia de movilidad provocados por la fuerza pública. Vehículos fueron inmovilizados y campesinos de La Argentina, por ejemplo, tuvieron que caminar largos tramos para poder llegar a los puntos de concentración. “El paro lo inició el gobierno primero al no dejarnos movilizar” manifestó un campesino del municipio Campoalegre. De su cuello colgaba un poncho y su piel tenía el rastro de los inclementes rayos del sol.

Dos semanas después, miles de personas entre cafeteros, pescadores, arroceros y de otros gremios se encuentran en diferentes sitios de las rutas del departamento intentando lograr la atención del aparato ejecutivo del gobierno.

–    Estamos esperando que papá Santos diga algo.
–    Papá está tranquilo.

“Hay vía hasta Campoalegre” anunció la mujer que atendía el primer peaje de la vía Neiva-Pitalito. El automóvil avanza. La carretera tiene poco tránsito. Primera parada: Sardinata. En el lugar hay extendida una bandera de Colombia acompañada de un pedazo de tela blanca que dice “Cafeteros Presente”. Unos trozos de madera se consumen sin fuego. Al ver las cámaras, los agricultores se alejan. Más allá del camino se ven algunos plásticos negros colgados. Dos mujeres preparan el desayuno, será huevos pericos y plátano maduro frito. En el sartén ya el aceite está caliente y la cebolla picada.

Desde el 25 de agosto se concentraron en ese terreno cerca de quinientas personas. “Estamos aquí organizados pacíficamente” dice un vocero.

–    Aquí con la causa.
–    Aquí viendo amanecer.

Un señor de barba blanca y baja estatura saluda. A la pregunta de cómo va todo responde “aquí dándole comida a los zancudos”. Cuenta que no ha podido dormir bien pero que no han tenido problemas con los alimentos. En su rostro se expresa la preocupación. Cultiva café y fríjol. El hombre relata que el valor de la carga de la leguminosa ha disminuido un cincuenta por ciento en el último año. “Yo estoy preocupado, se me venció una cuota en el banco, pa’ uno de campesino es un caos”.

Los bajos costos pagados a los productores en comparación con el de los insumos es el reclamo constante de todos los sectores del agro en Colombia y en el Huila la situación es igual. Según el diario El Espectador, “los precios mayoristas de insumos como urea, fosfato diamónico (DAP) y el cloruro de potasio (KCl) oscilan, aproximadamente, entre 25% y 35% por encima del precio internacional, y los minoristas, en el mejor de los casos, se ubican en un 15% más del mayorista, cerca de 45% sobre el precio internacional”. 

Más hombres que mujeres reclaman y esperan. Están inconformes con el cubrimiento de los medios informativos y aún más con el silencio del gobierno. “Si el gobierno no se pronuncia, esto se va calentando más” sentencian.

                                                        ***

El recorrido continúa, es día de mercado en el municipio de Campoalegre. Más allá del casco urbano, en sentido norte-sur, se encuentra el primer bloqueo. Hay un gran árbol derribado y un par de hombres con el rostro cubierto vigilan el paso. Adelante más árboles cubren totalmente la vía.

–    ¿Cuánto le pagan por la inteligencia? ¿Es regalado?- cuestiona un campesino a un joven que llevaba en su bolso prendas militares.

La gente está prevenida, molesta y el muchacho no habla. No tenía documentos y al parecer no recordaba ningún número de celular al cual llamar para avisar que su viaje no transcurría con normalidad. El sol de la mañana era fuerte y cerca del grupo de campesinos pendientes del presunto infiltrado hay una camioneta y una volqueta con las llantas pinchadas. ¿Por qué cubrirse la cara? es una pregunta suelta. “Es decisión de cada uno” comenta un hombre que no lleva capucha. Un periódico, al referirse a la situación de bloqueos se refiere a los manifestantes sólo como encapuchados. Una emisora los cataloga como agitadores. En el interior de la protesta nadie esconde sus caras, están viendo televisión, conversando, esperando. Sus cuerpos se visten de sombreros y ponchos.

Alguien se acerca y se sienta. “Todos están en contra de nosotros, sólo falta que nos pongan bombas venenosas. Nadie defiende los derechos de los campesinos. Vamos a ser desplazados por el gobierno, no por fuerzas guerrilleras. A mí nadie me ha obligado a venir acá”- el descontento del labriego de Algeciras no sólo está en sus palabras sino en su fuerte tono de voz, en la forma en que mira y en su dedo señalando al interlocutor. Él es moreno, de contextura gruesa y después de expresar su enojo por las condiciones del campo se aleja.

Es el cruce para el municipio de Algeciras. Hay desconfianza con quienes llegan. No quieren fotos. En las conversaciones van perdiendo el recelo. Un viejo, al inicio, se deja ver solamente los ojos, luego su gran risa. Recuerda el enfrentamiento con el ESMAD (Escuadrón Móvil Anti Disturbios) cuando el paro comenzó y dice haber llegado al sitio desde el 19 de agosto y está confundido con los días. “Ayer creí que era jueves y no, era sábado”. En su finca se quedaron su esposa y sus dos hijos pequeños. “Esperar a que se solucione algo para volver a las parcelas”. Mientras pasan los días, en las noches duerme en una hamaca y hace guardia cuando le corresponde. Comenta que se cubren el rostro para no salir en prensa.

Después de los disturbios en Bogotá luego de la movilización por el Paro Agrario el pasado 29 de agosto y de la publicación de rostros por los cuales el gobierno pide recompensa el temor es mayor. “No de lora con esas fotos por ahí” pide un campesino.

                                                          ***

La localidad de Hobo está solitaria. Los puestos que venden las populares almojábanas y cucas están sin vendedores. En el parque se reúnen los pescadores artesanales que también se han unido a la protesta por mejores condiciones. Sus canoas se encuentran estacionadas frente al Edificio Municipal y las personas almuerzan: pescado por supuesto. La mayoría son miembros de Asoquimbo (organización de afectados por la represa El Quimbo). Un señor concede entrevista y luego otro pide la palabra. “¿Nos desplazan a cambio de qué? El mejor tratado de paz es no vender más los ríos de Colombia” alega. Sus compañeros lo aplauden. “¡Eso sí!” gritan desde algún lugar.

Siguiendo la vía hacia el sur existe un nuevo taponamiento en la zona del Puente El Pescador. Piedras y árboles obstaculizan el paso pero están estratégicamente ubicadas para dejar pasar misiones médicas y de derechos humanos. Hay pasajeros con maletas a la orilla de la vía o caminando. Además de campesinos, hacen presencia indígenas. “El gobierno no está prestando atención, nos envuelven y no solucionan nada” expresó un agricultor proveniente del centro poblado de Belén de La Plata. Al lugar también han llegado de La Argentina y del resguardo Juan Tama. “De aquí no nos movemos” afirma. Más allá del puente, para pasar el tiempo, se bañan en una piscina natural construida por ellos mismos. El clima lo amerita y las cigarras amenizan.

El viaje sigue y llega hasta Gigante. Manifiestan ser cerca de dos mil personas, sobre todo cafeteros. Han llegado desde las veredas y también entorpecen el tráfico en los dos puntos de acceso al pueblo. Hay pancartas en rechazo al Quimbo y de delegaciones que dicen ¡Presente! Varios fogones se han levantado y desde una caseta se le pone ritmo al paro. Música popular suena y los bomberos reparten agua. La policía ha estado pendiente de la situación y los participantes de las protestas dicen que han colaborado. El sacerdote ha ido a ofrecer misas y les ha dicho que no paren el tránsito. Sin embargo, “el culpable de volver a salir a las carreteras es el gobierno” declara un cafetero.

Luego del incumplimiento de los acuerdos realizados a partir del Paro cafetero de febrero de 2013 denunciados por este sector de la economía nacional, para ellos fue preciso volver a las vías. “El subsidio no se cumplió a totalidad y los otros aspectos (precio de los insumos, créditos) tampoco. La misión no es venir a pelear sino a mostrar las inconformidades al gobierno que ha sido muy reacio” expone.

                                                        ***

La situación del agro en Colombia es compleja. “Con la firma de los tratados de libre comercio varios sectores agropecuarios han sacado bandera roja, porque ya se ven amenazados por la importación masiva de productos; es el caso de la leche. Otros están golpeados por la revaluación del peso, como los bananeros y floricultores, y algunos más sufren por la caída en los precios internacionales, como los cacaoteros” informaba la revista Semana a inicios del año. El departamento del Huila no escapa a esa realidad y es por eso que sus labriegos reclaman atención y soluciones exigiendo algo: “No nos tilden como guerrilleros, somos campesinos”.

{gallery}stories/paro/parohuila{/gallery}

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimas Noticias

To Top