Territorios

[Crónica] Buenaventura: “Parar la economía del mundo”

10 jun. CI.- Las canchas de fútbol están llenas en La Delfina. En algunas se hacen carreras de costales o de carretillas que hacen reír a la muchedumbre. “Haz de cuenta que detrás viene el Esmad” grita un joven desde la línea de partida, a un lado de la cancha, en referencia al Escuadrón Móvil Anti Disturbios. Sus dos pies están en un mismo costal. Las risas se suman a los cuentos.

“Dicen que matamos al policía. Pero él nos conocía, no había pelea. Es que no quiso parar. Era parar como siempre y nada más”, lamenta un testigo. El viernes 19 de mayo de 2017 un policía que venía en su moto no paró ante la soga que sirve de punto de información del paro que había empezado una semana antes. Cayó de la moto a alta velocidad y chocó contra una pared. La muerte fue instantánea. “Es que quiso arrastrar al muchacho que tenía la soga, pero no sabía que estaba amarrada a un palo”, dice otra vecina, “por eso fue que se mató”.

“Dejamos pasar a las ambulancias, a los uniformados. Lo que bloqueamos son las mulas del puerto para bloquear esa economía que no nos deja nada. Queremos parar la economía del mundo”, explican.

Vía Buenaventura, camino al Puerto, hay que pasar siete bloqueos antes de llegar al barrio Isla de Paz. Allí la comunidad se moviliza por primera vez desde 1998. No hay agua, no hay salud, lo poco que hay lo organizó la misma gente. Después de este punto son decenas de bloqueos los que impiden a diario el paso de los centenares de mulas que llevan y traen los productos al puerto. Más de 2 millones de dólares se pierden cada día, según las autoridades.

El recuerdo del policía intentando llevarse la soga, el muchacho, el bloqueo… está fresco. Ese incidente marcó el inicio del incremento de la represión al tercer día del paro. Los muertos en los paros no son cosa nueva, pero la costumbre es que el muerto esté del lado de quienes toman la carretera para protestar y caen bajo las balas de la policía. O, incluso, por accidentes como el de Wellington Quibarecama Nequirucama quien murió tirándose de un puente para evitar una de las mulas que iba acompañada por la fuerza pública en las primeras horas de la pasada Minga Étnica, Campesina y Popular de junio de 2016.

Durante este último paro de Buenaventura hubo más de 300 heridos, 17 de ellos de gravedad. El Ministerio de Defensa anunció el envío de 3300 efectivos armados para garantizar el paso de las mulas.

Buscando una solución

A las 5 de la tarde de ese domingo las canchas se vacían y las calles se inundan de personas que bajan a la sede del Consejo Comunitario afro. Llegan los delegados de la Mesa de Negociación que sesiona en Buenaventura y truenan: “No se ha podido avanzar”.

Esta reunión se hace en español, ya que son cinco pueblos indígenas distintos y un Consejo Comunitario afro quienes mantienen el bloqueo esporádico de la carretera y el permanente de la vía del ferrocarril. Las comunidades, cansadas de acuerdos incumplidos por el Gobierno, piden cambios estructurales, pues afirman que el 60% de la economía de Colombia entra y sale por Buenaventura. Y a ellas no les queda nada, ni un hospital decente.

Exigen que se declare la Emergencia Social, Económica y Ambiental: una figura jurídica que permitiría cambiar normas y ser flexibles en la contratación, así como liberar presupuesto nacional para resolver cuestiones urgentes como la falta de agua o la contaminación. Con este objetivo están instalando ocho mesas temáticas: Vivienda, Ambiental, Salud, Educación, Género, Territorio, Saneamiento Básico y Servicios Públicos, y Víctimas. Tienen sus necesidades bien claras, así como las soluciones para resolverlas.

De todas formas, no hay mucha esperanza. La gente sabe que el Gobierno no cumple, que la plata se pierde, pero ve en la unidad de afros, indígenas, profesores y distintos sectores sociales otra esperanza. El Gobierno seguía sin aceptar las reivindicaciones básicas de los habitantes; seguía insistiendo en que los fondos de infraestructura sean los que gestionen la inversión social.

Llegaron también 300 personas, además de los habitantes del lugar. Allí comen en todas las casas y se reparten los víveres que llegan como apoyo al Paro Cívico. En el borde de la doble calzada que permite a las mulas pasar hacia el puerto, arde una olla al calor del fuego de leña. A su alrededor se pelan papas, cebollas y zanahorias para la sopa comunitaria. Mientras, a la orilla del río, se llenan costales de piedra. Hoy, bajo la mirada incrédula de la policía antimotines, sacaron las mesas del Bingo para pasar la tarde mientras se calienta el café sobre el fuego. Hoy no habrá pelea.

A esta hora los niños deberían estar en la cama y las calles deberían estar vacías. Pero hay paro y hoy es día de descanso. Se juega y se hace intercambio cultural para recobrar fuerzas antes de salir de nuevo a la pelea.

Quien no se mueve no siente las cadenas

En La Delfina pelear por los derechos es costumbre, pero para muchas comunidades afro es una costumbre que parecía olvidada. Antes convivían con la fuerza pública: “Les ofrecíamos agua, le dejábamos el baño”. Ahora dicen que la vida ya nunca será la misma, porque “los negros y las negras de Buenaventura estamos desafiando al Estado y nos va a salir caro, va a seguir habiendo muertos”.

Quieren ampliar la carretera. La vía que lleva al puerto atraviesa la comunidad cortándola en dos, sin respetar la consulta previa a las comunidades negras del territorio: “Estamos peleando con Invías -Instituto Nacional de Vías- porque quieren ampliar 10 metros más la carretera”, cuentan en Isla de Paz.

Desde el 16 de mayo no hay paso para nadie. Nadie, excepto las 20 mulas que metieron “a las malas” el 26 de mayo por la madrugada con el Esmad. Esa noche la policía antimotines gaseó dentro de las casas mientras la mayoría de la gente estaba durmiendo. Mujeres embarazadas y niños ahogados tuvieron que salir corriendo. “Nos quitaron tanto que nos quitaron el miedo”, repiten.

El 7 de junio en la madrugada se anunció la firma de un acuerdo: el Gobierno se comprometió a presentar una ley el 20 de julio para dar contundencia a lo acordado en salud, educación, vivienda y medio ambiente; habrá un fondo especial separado de las inversiones de infraestructura.

En los papeles ganó el pueblo, pero el pueblo es sabio y sabe que tendrá que volver a la calle para que le cumplan, o para exigir y construir más, siempre más, hasta vivir en un país para la vida digna.

CI PC/10/6/17/10:00

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimas Noticias

To Top