#ContarParaSanar

¿Cómo enfrentar las agresiones dentro del movimiento social?

28 jun. CI. – El tema del machismo y de las agresiones dentro de las organizaciones sociales ha ido ganado en visibilidad estos últimos años. El Patriarcado y las prácticas machistas no se detienen a la puerta de los procesos sociales y progresistas. No basta con enunciar una postura a favor de las mujeres o antipatriarcal para evitar estas situaciones. Al contrario, muchas mujeres hemos visto cómo en caso de denuncia hombres y mujeres defienden los derechos del perpetrador, llevando en la mayoría de los casos a la exclusión de las compañeras agredidas.

Organizaciones sociales en Colombia están en proceso de reflexión sobre este tipo de violencia. Construyendo y probando rutas para actuar ante dichas situaciones con o sin la justicia formal.

Hay experiencias exitosas en el mundo y muchos procesos en el mismo camino. Hoy entrevistamos a la compañeras del Frente Popular Darío Santillán -FPDS-, una organización argentina que publicó el 3 de junio pasado un documento titulado Cuadernos de acuerdos ante la violencia machista, y el cual es fruto de un largo proceso de reflexión y debate en su organización.

El FPDS publicó este 3 de junio el Protocolo de acción frente a la violencia machista en nuestra organización, ¿pueden contarnos el origen de ese proceso?

La necesidad concreta del protocolo la entendemos como parte del proceso de construcción de sujetos nuevos. En un primer momento, en el 2009, el FPDS se proclama como una organización ANTIPATRIARCAL (además de Anticapitalista y Antiimperialista).

Por otro lado, las compañeras que comenzábamos a transitar por el feminismo y lo trabajábamos en los barrios, comenzamos a notar que si como organización salíamos a las calles a exigir justicia cuando un varón violento (que no era de la organización) violentaba (en cualquiera de los eslabones de la violencia de género) a alguna mujer, ante la (in)justicia y Gobiernos patriarcales que no garantizan el derecho a la vida digna de las mujeres, lesbianas y trans; también debíamos tomar cartas en el asunto cuando el violento era un varón de la organización. Más aún si además era un varón con tareas de referencia, responsabilidad, etc.

Un hecho que nos hizo comenzar a debatir fuertemente esta necesidad fue que a fines de 2015 una compañera denunció a su pareja (quien era referente en su territorio) por violencia. Algunos y algunas compañeras automáticamente tomaron la postura de defenderlo, otros no. Este fue un primer indicio de la necesidad de pensar cómo intervenir en estos casos.

Con esa situación se comenzó también un proceso de acompañamiento hacia la compañera que nos permitió pensar con más profundidad como queríamos abordar particularmente el tema con las denunciantes. El lugar que ocupaba el violento hizo que destináramos mucho tiempo en pensar qué haríamos con él dentro de la organización y preguntarnos que haríamos en casos a futuro con los varones en estas situaciones.

Por otro lado, en un barrio de Capital, habíamos comenzado a llevar adelante un Espacio de acompañamiento para mujeres en situación de violencia. En ese camino fuimos (y seguimos) aprendiendo cómo se acompaña a mujeres en situación de violencia. Qué actitudes o formas entorpecen ese proceso tan difícil, doloroso y personal que implica salir del círculo de la violencia, cómo funciona la (in)justicia. Dado que muchas veces nos era complicadísimo contener para ayudar en el proceso de empoderamiento a la compañera es que definimos que nuestra prioridad sería acompañar y contener a la compañera. NO al violento.            

Tuvieron lugar diversos casos de varones que militaban más activamente en los barrios y habían ejercido violencia machista con su pareja. Esos casos nos hicieron ver la necesidad de comenzar a sistematizar cómo intervenimos para “aceitar” la intervención en cada caso y accionar de manera más rápida.

Estamos convencidas de que nuestra tarea es empoderar a las compañeras, formarnos y sumar a más compañeras. Creemos que hay que encarar los casos de violencia machista, porque entendemos que es una problemática que nos interpela  a todos y todas las militantes. Pero esto debe ir de la mano de otras tareas de organización feminista dentro y fuera de la organización.

Finalmente, este proceso en que las mujeres, lesbianas y trans alzamos nuestras voces para hacer público algo que pasaba en “nuestra privacidad”, no es aislado a la realidad que estamos viviendo en nuestra sociedad. En los últimos tres años la Marea Feminista ha ido creciendo y eso ha hecho que muchas fueran encontrándose contenidas e interpeladas positivamente por el movimiento feminista.

¿Pueden compartirnos algunas experiencias de procesos de justicia transformadora o comunitaria que consideren inspiradoras?

Hay varios casos en los que la organización ha logrado una pequeña victoria, la búsqueda de mujeres secuestradas es un ejemplo. Hemos logrado encontrar a dos mujeres desaparecidas por redes de trata. La presión con manifestaciones, con difusión, con las intervenciones a los y las fiscales ha logrado superar el miedo y la parálisis.

Las mujeres que comenzaron a participar como víctimas en espacios de contención a quienes hemos acompañado a denunciar, a quienes hemos acompañado para resolver lo que la violencia implica no solo en nuestros cuerpos sino también en los de nuestros hijos e hijas, nuestra vida cotidiana y nuestras emociones; hoy son quienes acompañan a otras. Esa es una victoria también.

Siempre (cuando interviene la justicia) la participación de la organización modifica la resolución de ese caso: es determinante para fiscales, abogados y abogadas, policías y jueces la participación de la organización. Lo personal se vuelve político y eso es una marea que no se detiene ante nada.

En las últimas semanas hemos acompañado el juicio de una compañera cuya expareja la apuñaló seis veces y ella sobrevivió. Cuando comenzó el juicio, la Fiscalía (quien debía protegerla a ella) le ofrecía la Patria Potestad de las y los niños a cambio de la libertad del feminicida. Esto a pesar de que la causa estaba caratulada como Intento de homicidio agravado por el vínculo. Mediante la intervención de la organización logramos revertir la situación: condenaron al violento a 10 años y 4 meses (la máxima en estos casos en 15 años) y, además, la Fiscalía tuvo que alegar que había sido intento de feminicidio.

En el protocolo contemplan la expulsión del agresor en varios casos, ¿cómo ha sido el proceso para llegar a esa conclusión? ¿La expulsión no les ha impedido dar seguimiento al proceso?

Si, contempla y además también contemplamos su seguimiento en algunos casos por la necesidad de seguir de cerca la situación y, sobre todo, para no alejar a la mujer violentada. Algunos de estos casos han sido resueltos de manera satisfactoria y otros de manera muy conflictiva para la mujer.

Entendemos que nuestra prioridad es contener, acompañar los procesos de las mujeres que toman la decisión de emprender la separación con el violento. Creemos que no es nuestra tarea “educar” a los violentos. Además, sabemos que si la mujer sigue cruzándose con el violento, el proceso de empoderamiento se dificulta más aún ya que en general quienes han ejercido violencia física o sexual en reiteradas oportunidades ejercen una fuerte manipulación sobre la persona violentada.

Hoy nuestra organización tiene una limitación que es no poder trabajar en procesos con violentos y, a la vez, no hemos podido lograr una contención propia e integral para las mujeres. En eso estamos y es nuestro desafío a corto plazo.

Contemplan medidas económicas y de quitar de responsabilidades a los compañeros involucrados en algún tipo de violencia, ¿cómo ha sido o es el proceso para que estas medidas sean aceptadas por el conjunto de la organización?

Para poder garantizar esto, insistimos en que el tratamiento de situaciones de violencia machista no puede ser algo que solamente tomemos las feministas sino el conjunto de la organización.

El proceso de correr al violento de las responsabilidades/referencias es algo que intentamos charlar y trabajar en conjunto con las y los responsables del barrio donde vaya a trabar el violento.

Estamos en la elaboración de insumos y talleres para abordar de conjunto con mujeres referentes de los espacios de mujeres de cada territorio y las y los responsables políticos. Sabemos que es un proceso lento, pero los cambios deben ser profundos y formativos.

Recomiendan seguimiento terapéutico con enfoque feminista, ¿son recursos que ya existen o ustedes los están desarrollando?

Estamos en proceso de construir nuestro propio espacio de atención para mujeres e identidades disidentes. En la actualidad trabajamos en conjunto con centros de salud y organizaciones hermanas. Para los varones existe en Argentina una red de psicólogxs feministas y en la capital algunos Centros Integrales de la Mujeres -CIM- que dependen del Gobierno porteño.

¿Qué aconsejan a compañeras y compañeros que quieren organizarse frente a ese tema en su organización?

Es necesario primero un debate entre mujeres, lesbianas, trans y travestis que sea profundo; donde nosotras también podamos analizar nuestras prácticas, repensar nuestro cotidiano y nuestras relaciones y vínculos.

Creemos fundamental la creación de espacios de lectura, de formación y debate feminista. Buscar en estos espacios el lugar de nuestra lucha y el enfoque que queremos dar.

Luego hay que llevarlo a lugares mixtos. Pensar qué lugar ocupa la lucha feminista en varones y mujeres. Desandar caminos, repensar prácticas conjuntas, comprender que lo personal es político y que mientras mantengamos que las soluciones a los problemas sociales (como la violencia machista y el Patriarcado) son individuales, tenemos mucho por recorrer aún.  

CI BJ/CC/28/06/18/18:01

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Últimas noticias.

To Top