Sobre Cine

Clímax: Un éxtasis continuo

10 mar. CI.- El argentino Gaspar Noé, director de Irreversible (2002), de Enter the Void (2009) y Love (2015) nos presenta de nuevo su claro interés de convertir lo normal o cotidiano en una carga de extrema trasgresión, que se sumerge en un ámbito psicológico y social, mostrándonos que la violencia es una condición innata en todo ser humano, siendo el caos el principio básico para que se mantenga un orden establecido.

Clímax es sin lugar a dudas un juego visual y auditivo bien estructurado el cual, aunque es repetitivo, no deja de sorprender al espectador con las escenas de sexo y violencia, que finaliza directamente con un controvertido consejo o una moraleja final (quizá falso) “drogarse esta mal”.

El film protagonizado por Sofia Boutella (Selva) muestra a un grupo de bailarines (Noé afirma al principio que esta basada en hechos reales lo cual es una clara “excusa” para llamar la atención del espectador), que son contratados y forman una compañía para una gira por Francia y Estados Unidos. La compañía se aísla en un lugar lo bastante alejado de las distracciones donde ensayan hasta el ultimo día del viaje, día en que deciden celebrar por la maravillosa puesta en escena que han estructurado durante todo el tiempo que han estado recluidos en el lugar. Durante la celebración las cosas se empiezan a tornar algo alejadas de la realidad, cuando alguien mezcla LSD con el ponche. La catarsis que cada personaje experimenta se trastorna y se desencadena en una paranoia colectiva por encontrar al causante de aquella broma.

Cuando vemos el principio del film se nos exponen personajes de diferentes características recogidos en pequeñas grabaciones (presentaciones de cada participante) cada uno como una minúscula parte o un ladrillo que encaja perfectamente en lo que a continuación se nos presenta. La escena del baile es soberbia y la armonía que se observa, forma una esencia única con la mezcla de todos los personajes que se escudan aún como individuos independientes que forman parte de un colectivo. Las luces, la música y los planos secuencias estremecen cada etapa de la película, retuercen los límites de lo convencional como un limbo metódico donde los virtuosos y los pecadores son juzgados como iguales.

Después de beber el ponche con la droga, la vertiente de hechos se agudiza uno tras otro, mientras la paranoia ejerce su control sobre el colectivo y los personajes muestran una naturaleza arbitraria y excesiva en la que la furia determina quien tiene el control y el poder sobre otros. El baile final es una mirada, no a lo humano ni a la razón, sino al instinto que pertenece a lo animal. Se podría decir que el film es una alegoría a una obra de arte que se subdivide en tres secciones (tríptico). El jardín de las delicias del Bosco en el cual se expone la creación del mundo como las etapas de la película. Cuando el film está por concluir, se puede percibir cada escena como vestigios de un entramado psicológico en el cual el espectador es un integrante más, un cómplice de aquel Clímax.

CI SC/FC/10/03/2019/19:00

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