Recordando

Barrancabermeja homenajeó al Padre Eduardo Díaz

29 may. CI.- Durante doce años el Padre Eduardo Díaz Ardila fue director de Pastoral Social en Barrancabermeja (Santander), y la transformó en una escuela de formación de líderes y sujetos de su propio desarrollo. Además, buscó la inclusión social, justicia y solidaridad para y entre los habitantes de ese territorio. Este 25 de mayo, esa ciudad del Magdalena Medio le rindió un homenaje póstumo a quien desde la década de 1970 fue un pilar de la comunidad.

Vecinas y vecinos del barrio Versalles rindieron un homenaje al Padre Eduardo, quien falleció en el pasado mes de abril. Será recordado por su entrega y dedicación a las comunidades menos favorecidas, no sólo de la ciudad sino de todo el país.

“El Nororiente [de Barrancabermeja] siempre ha sido un conductor de construcción, se debe rescatar esa pujanza de organización, con Eduardo compartimos desde muy jóvenes y la enseñanza que nos dejó es que la presencia de los jóvenes es fundamental para que exista un cambio real en el país, porque esto va a quedar en sus manos” expresó Gerardo Fajardo, miembro de la comunidad.

El Padre Eduardo Díaz

Luego de haber pasado dos años como formador en el Seminario Provincial de Pamplona (Norte de Santander) llegó a Barrancabermeja en octubre de 1970, nombrado como Vicario de la Parroquia Catedral La Inmaculada.

En 1972, por los retiros del presbiterio durante su estancia en Casabe (Yondó), fundó el colegio de que lleva su nombre. Estando en Casabe se desempeñó como Capellán Militar hasta 1974, debido a dificultades por las diferencias de sus visiones políticas con los militares. El caso más particular ocurrió en diciembre del mismo año donde, por motivo de una entrega de armas, lo llamaron para bendecirlas y este se negó.

“Coronel -dijo-, según la enseñanza de la Iglesia, toda guerra es indeseable y las armas no deberían existir, pero son un mal necesario, por las limitaciones en el funcionamiento de la sociedad y en las relaciones entre las personas; pero esos males necesarios no se bendicen. Sería como poner a un sacerdote a bendecir preservativos para una campaña de control de natalidad, cuando la Iglesia dice de ellos que pueden considerarse como un mal necesario”.

Junto a una decena de sacerdotes, formó parte del grupo Golconda, el cual quiso poner en práctica el documento de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, de 1968 en Medellín. Junto a lo declarado en el Concilio Vaticano II, Golconda dio fue una de las fuerzas originarias de Teología de la Liberación y su opción por los pobres.

En 1975 Barrancabermeja era una de las ciudades más importantes del país, pero con los peores servicios públicos. Sindicatos y organizaciones se dieron a la tarea de concientizar a la gente para que exigieran al Estado garantías para vivir dignamente. Fue uno de las primeras zonas del país en hacer un paro cívico, en esta ocasión por el agua potable. El Padre Eduardo se destacó por ser la persona que más aportaba y guiaba los debates políticos en esta coyuntura.

Cuando se presentó la oportunidad de entablar una mesa de negociaciones con el Gobierno para exponer su pliego de exigencias, el Padre Eduardo fue nombrado vocero bajo la representación de todos los sectores populares junto a Alfredo Gómez por la parte obrera de los sindicatos y Leandro Díaz por parte de los campesinos. Mientras tanto, la ciudad continuaba movilizándose.

El 26 de marzo del mismo año se presentó la invasión al que más adelante se conocería como Barrio 1 de Mayo. En la zona había sólo terrenos baldíos. El Frente de Izquierda Liberal Auténtico, en cabeza del político Horacio Serpa, vendió a 150 personas unos formularios con los cuales les legalizarían unos lotes en la zona. Cuando la comunidad se dio cuenta, unas 1.500 personas llegaron y se establecieron en el sector. El nombre del barrio se dio en homenaje a los miembros de la Unión Sindical Obrera -USO- que siempre estuvieron apoyando la causa.

El Padre Eduardo también desarrolló una labor pastoral enfocada en las comunidades más pobres del Nororiente de la ciudad. Ayudó a conformar los Clubes de Amas de Casa que más tarde se convirtió en la Organización Femenina Popular -OFP.

“Empezamos con pocas mujeres, al mes éramos 20. Luego fuimos subiendo y venían mujeres de todos los barrios. Nos daban mucha formación para que hiciéramos un buen trabajo. El objetivo era trabajar por las mujeres más necesitadas. Ayudarnos unas a otras. Nos formaban para que pudiéramos tener un buen trabajo con las comunidades. Estábamos pendientes la una de otra: que construyeran sus casitas y ver que la policía no llegara a abusar de la gente que había invadido”, comentó Elvia Suárez, fundadora de la OFP.

En los últimos años su salud se fue deteriorando poco a poco, pero su fortaleza le dio para desempeñarse como Vicario General de la Diócesis de Barrancabermeja hasta sus últimos días.

Desde hace más de un año estaba recopilando sus experiencias para que sirvieran de ejemplo a las nuevas generaciones de sacerdotes y seminaristas en el texto titulado Experiencias de una Iglesia Popular y que no alcanzó a terminar.

La población, familiares y amigos mantendrán su memoria viva desde el trabajo por las comunidades más necesitadas por las que tanto abogó.

CI JO/PC/29/05/18/12:00

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