América del Norte

A un mes de Charlottesville: el racismo y fascismo siguen matando

12 sep. CI.- El 12 de agosto, durante una manifestación contra la ultra-derecha en Estados Unidos, un vehículo manejado por James Alex Fields Jr. (miembro de un grupo de neo-fascista) mató a Hellen Heyer, una activista anti-racismo de 32 años e hirió a 20 personas más.

Este día había sido organizada una movilización por la derecha para denunciar la decisión de retirar la estatua de Robert E. Lee, General de las Fuerzas de Estado durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Se esperaban miembros de la organización ultraderechista estadounidense Ku Klux Klan -KKK-, del movimiento ultraconservador y también abiertamente racista Alt-right, y nacionalistas blancos y populistas.

Estas acciones venían despertando alarmas por sus comentarios de odio y violencia, con abierto carácter racista y por su incrementación a partir de la Campaña Presidencial de Donald Trump.

El asesinato de Hellen Heyer desencadenó protestas de rabia y solidaridad a través de varias ciudades en Estados Unidos, Canadá y Europa. La última publicación en la página de Facebook de la activista decía: “Si no están indignados es que no están poniéndole atención”.

Racismo contagioso

Este evento no es aislado. Viene de un contexto en el que las políticas del Presidente Donald Trump han alimentado un clima de xenofobia, racismo, intolerancia y sexismo.

Tampoco se extiende solamente por Estados Unidos, sino que desde hace algunos años se presenta una dinámica similar en Canadá. En enero de este año ocurrió un atentado contra un centro cultural islámico en la ciudad de Québec. El resultado fue de seis personas muertas. A inicios de este año, en la Colombia Británica (también Canadá) se distribuyeron panfletos racistas del KKK rechazando las palabras del reverendo y luchador por los derechos civiles de afronorteamericanos, Martin Luther King, y nombrando a ese líder como “pervertido socialista”.

El clima de xenofobia y racismo en Estados Unidos se traslada a las poblaciones de migrantes y refugiados a través del miedo a perder sus derechos o ser deportados. En 2010, miles de refugiados haitianos recibieron un estatuto protegido temporal en Estados Unidos. Pero, en mayo de 2017 la Administración de Trump amenazó con poner fin a estos estatutos temporales.

Para salvaguardarse, estos migrantes han vuelto a trasladarse más hacia el Norte. Ha llegado una ola de nuevos refugiados a Canadá. Como respuesta, han resurgido los grupos de ultraderecha en todo en todo ese territorio. La Guardia Aria, La Malada, Atalante, Federación de Quebequenses Originarios y otros son algunos de sus nombres. Aunque algunos de estos ya existían, solo actuaban en bares, hacían “militancia” a través de internet, y no convocaban grandes movilizaciones. Sus principales móviles consistían en rechazar las comunidades musulmanes, judías, personas Lgbti, migrantes africanos y asiáticos.

Puede mirarse una correlación entre estos actos violentos y el incremento del racismo y fascismo con la llegada al poder de Donald Trump. Sin embargo, la respuesta y organización de los pueblos frente a esto tampoco se ha hecho esperar: otra ola de reivindicaciones en contra de estos grupos se levanta para, como dicen sus mensajes, “darle miedo a los racistas de nuevo”.

CI FT/PC/12/09/17/07:00

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